Al escuchar la confirmación, el rostro de Hilda se iluminó con pura esperanza.
—¡Dios mío, eso es maravilloso! ¡Mi amor, llama a tu hermano ahora mismo! Que prepare todo para recibirnos. Si llevamos a Mónica con nosotros, en cuanto consigamos la medicina, podrá tomarla y curarse de inmediato.
Sin embargo, las siguientes palabras de Roxana apagaron su entusiasmo al instante.
—Tía Hilda, me temo que mi prima no está en condiciones para un viaje tan largo. El Líquido del Caos es agresivo; sus efectos se potencian cada vez que el paciente duerme. Solo bastó una siesta para que su mente retrocediera a sus años de secundaria. Si vuelve a quedarse dormida de forma natural, es muy probable que despierte con la mentalidad de una niña de primaria, o peor aún, que su cerebro involucione hasta el estado de un bebé, perdiendo por completo sus funciones motoras básicas.
—¡Qué! —El corazón de Hilda dio un vuelco. Se llevó las manos al pecho, sintiendo que le faltaba el aire.
Marcelo también quedó petrificado. Pensó que el daño neurológico se detendría en el punto actual; jamás imaginó que la droga seguiría consumiendo la mente de su hija a esa velocidad.
La sola idea de ver a su brillante hija de veinte años reducida a una bebé indefensa lo llenó de terror.
—Roxana, pero Mónica acaba de quedarse dormida... ¿Qué podemos hacer para frenar el avance de la droga?
—Lo fundamental es evitar que despierte por su cuenta. Tío, supongo que dominas la Técnica del Letargo, ¿verdad?
La Técnica del Letargo era un método milenario de acupuntura diseñado para sellar los cinco sentidos del paciente, induciéndolo en un coma profundo que detenía temporalmente casi todas sus funciones biológicas.
Marcelo la conocía, por supuesto. El problema era que...
—Sí, la conozco. Pero exige un nivel de precisión y concentración absoluta. En el estado emocional en el que me encuentro ahora, si mi pulso tiembla, podría matarla...
—Entonces lo haré yo —sentenció Roxana.
Tras lavarse y desinfectarse las manos, subió directamente a la habitación.
La verdadera dificultad de esta técnica radicaba en que las agujas debían colocarse y sellar los cinco sentidos en un lapso máximo de sesenta segundos. Un desafío monumental para cualquier médico.
Pero para Roxana, era algo rutinario.
Marcelo y los demás subieron tras ella en completo silencio.
Rafael y Marina ya conocían la genialidad de su hija, pero al ver la elegancia, fluidez y extrema precisión con la que colocaba las agujas, se quedaron sin aliento.
Rafael no era experto en medicina, pero Marina, quien había crecido rodeada de médicos, reconoció de inmediato que la técnica de Roxana superaba por mucho la de los especialistas más venerados del país.
Ni siquiera su hermano mayor, el llamado "Santo de la Medicina", podía ejecutar la Técnica del Letargo con tanta soltura.
Hilda también observaba, hipnotizada.


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