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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 606

Aterrorizado ante la posibilidad de que Dulce sufriera otro ataque repentino que él no pudiera controlar, Darío le suplicó a Roxana hasta el cansancio que se quedara una noche más en el hospital.

Si Roxana se quedaba, era más que evidente que Valeriano no pondría un pie fuera del edificio.

Valeriano la acompañó hasta la habitación destinada para su descanso.

—Ha sido un día agotador para ti. Acuéstate a dormir, me iré en cuanto cierres los ojos.

Él permaneció sentado al borde de la cama, esperando a que ella se acomodara bajo las sábanas.

Roxana no se opuso. Estaba genuinamente cansada tras tanta tensión, así que cerró los ojos, dispuesta a rendirse al sueño de inmediato.

Valeriano sintió el impulso incontrolable de acariciar su mejilla, pero por miedo a robarle el descanso, se conformó con tomar su mano suavemente entre las suyas.

Roxana abrió los ojos de inmediato y lo observó en la penumbra.

—¿Pasa algo?

Él negó con la cabeza, esbozando una sonrisa cargada de ternura.

—No es nada. Solo que sentirte así me da un poco de paz.

Sin darse cuenta, apoyó su mejilla contra el dorso de la mano de ella y murmuró con voz rasposa:

—Roxana... ¿a veces no sientes que soy inútil? Ni siquiera puedo cargarte como Darío hizo con Dulce, no puedo salir a pasear contigo, y hasta ir a cenar juntos a un lugar bonito resulta complicado.

Al escucharlo, Roxana negó despacio.

—Claro que no. Tu situación es temporal. ¿No te pusiste de pie hoy mismo? Estoy segura de que muy pronto podrás ir a donde quieras. Además, las cosas que mencionas no me quitan el sueño. Mi tiempo libre es escaso y la mayor parte lo dedico a resolver mis propios asuntos; no tendríamos mucho tiempo para esas salidas de todos modos.

Roxana hizo una breve pausa antes de confesar:

—A veces creo que la aburrida aquí soy yo.

—Para nada. Eres todo menos aburrida —la interrumpió él, con devoción—. A mis ojos no solo eres fascinante, eres extraordinaria. Amo cada pequeño detalle que te hace ser tú.

Roxana ya estaba acostumbrada a sus constantes declaraciones de amor. Aunque su corazón seguía acelerándose cada vez que él abría su alma, había dejado de sonrojarse como al principio.

—Espero que nunca te arrepientas de decir eso.

El rostro de Roxana se congeló de ira e inmediatamente cortó la llamada.

Pero Ricardo Maldonado no era alguien que aceptara un no por respuesta y marcó de nuevo casi al instante.

Ya sin paciencia, Roxana contestó y siseó una advertencia glacial:

—Ricardo, vuelve a llamarme una vez más y te juro que hoy mismo te dejo en la calle. ¡A ver si así entiendes!

Ricardo tragó saliva, aterrorizado. Su voz tembló, pero se apresuró a decir:

—¡Alcira y Cristián se casan mañana! Ustedes se criaron juntas, no puedes simplemente ignorar la boda. Si no asistes, la gente va a hablar mal de ti y de la familia Soler.

Roxana casi suelta una carcajada. Anteriormente le había advertido a Cristián Mota que el bebé que esperaba Alcira no era de él. Pensó que ese cobarde egoísta correría a hacerle una prueba de paternidad y que botaría a Alcira sin pensarlo dos veces.

¡Y resultaba que esos dos idiotas se iban a casar!

Por más mundo que Roxana hubiera recorrido y los horrores que hubiera visto, la lógica absurda de esa gente la dejaba completamente sin palabras.

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