—¡Jefa! Ya llegó. La directora Paula la está esperando en el segundo piso. ¿Desea que la acompañe?
La gerente ignoró por completo a Gisela y se dirigió a Roxana con suma reverencia.
«¿Jefa?» Las amigas de Gisela finalmente reaccionaron. ¡Habían olvidado que la verdadera heredera de la familia Soler era la dueña secreta de Maison Milán!
Cuando se enteraron del rumor, les sorprendió, pero no le dieron tanta importancia. Sin embargo, tenerla frente a frente, irradiando esa abrumadora presencia, les hizo entender el inmenso poder que poseía.
Roxana no tenía tiempo para perder con ellas y se dirigió a la gerente:
—Soluciona esto. Si se niegan a irse, publica este incidente en el portal de miembros para que todos se enteren.
El portal de miembros era una plataforma exclusiva de Maison Milán. No solo servía para exhibir joyas, sino que era un círculo de contactos de élite donde interactuaban las personas más ricas e influyentes del país. Cualquier miembro temía ser expulsado y convertirse en el hazmerreír de la alta sociedad.
Las amigas de Gisela, aunque de buenas familias, estaban en edad de casarse y soñaban con unirse a clanes más poderosos. Muchas de las clientas de Maison Milán podrían ser sus futuras suegras.
Aterradas, no se atrevieron a replicar y tomaron a Gisela por los brazos para sacarla de ahí.
Pero Gisela, que jamás había sido humillada de esa forma en toda su vida, se soltó violentamente e intentó agarrar a Roxana.
Antes de siquiera rozarla, escuchó la voz gélida de Roxana:
—No solo soy experta en medicina, también lo soy en venenos. Si no valoras tu vida, atrévete a tocarme.
Gisela retiró la mano por puro instinto.
Roxana le dio la espalda y subió las escaleras. Cuando Gisela recordó que ella también estudiaba medicina y quiso replicar, Roxana ya había desaparecido.
—Lo siento, señorita Rivera. Nuestra jefa ha dado una orden. Le pedimos que se retire y no nos ponga en una situación difícil.
El tono de la gerente era cortés, pero para Gisela fue una humillación total.

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