Entrar Via

LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 65

En el despacho.

Rafael Soler y Darío Soler estaban sentados frente a frente, compartiendo una partida de ajedrez mientras conversaban.

Esta era la manera en la que Rafael solía despejar su mente cada vez que sentía frustración.

Darío notó el mal humor de su padre y, de manera muy discreta, le cedió algunas jugadas para permitirle llevar la ventaja. Con cada intercambio entre ataque y defensa, el ánimo de Rafael se fue tranquilizando gradualmente.

Cuando la partida estaba a punto de terminar, el hombre suspiró con profundidad.

—Darío, has madurado bastante estos últimos años. Ya no andas causando desastres por todas partes como antes. Especialmente en este viaje al extranjero, noto que te has vuelto mucho más fuerte. Estoy muy orgulloso de ti.

Darío tomó una pieza negra entre sus dedos y esbozó una suave sonrisa al escucharlo.

—Papá, todos tenemos que crecer algún día. Y, honestamente, es gracias a la paciencia que tú y mamá me tuvieron, por no haberme echado a patadas de la casa por cada problema que provocaba.

Al recordar aquellos tiempos, Rafael le lanzó una mirada de reojo.

—Ganas no me faltaron, debo admitirlo. Pero tu madre siempre decía que ya tenía dos hijos lo suficientemente sobresalientes; con que tú tuvieras salud y una vida tranquila, ella se daba por bien servida.

Darío soltó una carcajada llena de ironía.

¿O sea que nunca tuvieron grandes expectativas sobre él?

—Además, una familia debe permanecer unida y en armonía. Solo con paz en el hogar, todo lo demás prospera —añadió Rafael con voz profunda y solemne tras darle un sorbo a su taza de té.

Entendiendo a la perfección el mensaje oculto de su padre, Darío lo miró a los ojos, franco y directo.

—Comprendo lo que quieres decir, papá. Ahora que mi hermana regresó a nosotros, te aseguro que jamás la menospreciaré ni la trataré de menos por su pasado. ¿Cómo podría no ser bueno con mi propia hermana biológica?

Rafael asintió. Su rostro, usualmente rígido, se suavizó por completo al escuchar el nombre de su hija.

—Me alegra escuchar eso. Aunque Roxana pueda parecer un poco distante, sabe perfectamente distinguir lo bueno de lo malo. A pesar de todo lo que sufrió con la familia Maldonado, nunca se rindió. Toca la cítara con una destreza admirable, superando incluso a Yara. Y ahora, está dispuesta a hacer un preuniversitario en la Universidad del Sur.

La mano de Darío se detuvo en el aire. En sus alargados ojos se asomó un destello de duda y sospecha.

—Por cierto, papá. Esta vez regresé con la intención de buscar a Don Abelardo. Sin embargo, recibí un rumor de que viajó a Puerto Esperanza. Si la información resulta ser cierta, puedo acompañar a mi hermana en su viaje hacia allá y, de paso, escoltarla hasta la Universidad del Sur.

—¡¿Don Abelardo?! —repitió Rafael, atónito.

Ese era un nombre que resonaba en todo el país. Incluso la influyente familia Soler tenía dificultades para acceder a alguien de su talla. Era reconocido como el médico más respetado de la nación.

—Si realmente logras encontrarte con Don Abelardo, consúltale sobre el caso de tu tía Luisa. Averigua si existe alguna alternativa médica para controlar su enfermedad. Sé muy bien que tu tía comete errores constantemente, pero, después de todo, cuando ustedes eran pequeños, ella los consintió con mucho cariño.

Darío, conociendo el corazón blando de su padre, asintió.

—Lo haré. Como dije, es solo un rumor por ahora; mañana le pediré a alguien que confirme si en verdad está allá.

—Si hay algo en lo que tu madre y yo podamos intervenir, no dudes en decirnos —concluyó Rafael con un firme asentimiento.

Con el inicio del periodo escolar a la vuelta de la esquina, Marina le preguntó al mayordomo en múltiples ocasiones si había llegado el aviso oficial de la Universidad del Sur.

—Señora, acabo de revisar de nuevo y todavía no hay nada —respondió el mayordomo, frotándose el sudor de la frente bajo la tremenda presión que sentía.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA