Sintió una oleada de dolor agudo.
¡Incluso antes de que Roxana regresara, nunca la habían tratado con tanto cariño cuando estaba cerca de Valeriano!
Los demás, al escuchar que los tres se iban, se sintieron un poco decepcionados; quién sabía cuándo volverían a tener una oportunidad así.
Braulio, al enterarse de que iban a buscar a alguien, intentó hablar, pero tenía la boca llena, así que solo pudo levantar la mano primero.
Después de tragar, dijo: —Yo puedo ayudar a buscar. Solo necesito que me den su número de teléfono y encontraré la forma de rastrear la señal.
Mateo miró primero a Roxana, y al ver que asentía, accedió: —Braulio, ¿verdad? Ven con nosotros.
León, al ver que Braulio se había aferrado a la influencia del hermano de la jefa, no quiso quedarse atrás y empezó a promocionarse: —Señor Soler, yo soy muy bueno en artes marciales, la jefa lo ha reconocido. ¿Puedo ir también? Si hay algún altercado, puedo proteger a... Braulio.
En realidad quería decir que protegería a Mateo, pero al recordar que él ya contaba con guardaespaldas expertos, se corrigió.
Mateo frunció el ceño, pero considerando el peor escenario posible, aceptó.
Sin perder más tiempo, el grupo salió apresuradamente.
Caleb y Ramiro, que por más que pensaban no se les ocurría en qué podían ser útiles, se quedaron sin palabras.
Los demás miraban con envidia cómo Braulio y León se iban con la jefa.
¡De haber sabido, hubieran elegido esas dos especialidades!
Yara no pasó por alto la envidia de todos y apretó los dientes con furia.
En el pasado, esa misma gente le rendía pleitesía, y ahora idolatraban a Roxana de esa manera.
¡Eran un grupo de interesados!
Sin su hermano mayor allí, no tenía motivos para quedarse.


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