Como el talento de Roxana era genuinamente asombroso y, además, se trataba de la verdadera heredera de la familia Soler, todos los que antes creían que no era digna de Valeriano cambiaron rápidamente de parecer y se acercaron a adularla para ganar su favor.
Roxana no le dio mayor importancia a los desplantes previos y respondió a todos los cumplidos con amabilidad.
Tanto así que, sin darse cuenta, terminó dejando completamente de lado a Valeriano, quien la había estado protegiendo.
Valeriano miró al grupo de chicas que la rodeaban y soltó un suspiro de resignación.
Pensaba que esa noche su mayor preocupación serían los herederos coqueteando con ella, pero resultó que las mujeres eran la amenaza más letal.
Esas jóvenes, con la excusa de pedirle consejos de belleza, no paraban de manosearla; le tocaban el rostro con admiración, le tomaban las manos y se las acariciaban.
Era una táctica contra la que no tenía defensa.
Rita, al ver que las chicas de la élite rodeaban de nuevo a Roxana, también se abrió paso entre ellas a empujones.
Aunque había sufrido una derrota aplastante, su rostro no mostraba ni una pizca de frustración o envidia. En lugar de eso, sacó su teléfono y le preguntó con total sinceridad: —Señorita Soler, tengo una pintura inconclusa y siento que le falta algo. ¿Me haría el inmenso favor de revisarla?
Antes de esa noche, Roxana apenas había convivido con mujeres de su edad y siempre pensó que sería algo tedioso.
Sin embargo, se dio cuenta de que estas chicas eran bastante agradables.
No solo le habían pedido disculpas por su comportamiento anterior, sino que se la pasaban compartiéndole sus secretos para mantener una piel radiante y sus tips de moda.
Y mientras hablaban, no paraban de halagar su tez luminosa, su figura envidiable y la elegancia de su rostro.
A nadie le molesta recibir halagos, y Roxana no era la excepción. Además, rara vez había tenido la oportunidad de relacionarse de forma tan amena con jóvenes de su edad.
Así que toda la experiencia le resultó refrescante y divertida.
La Gala de Presentación terminó en un ambiente de total júbilo.
Valeriano la miró con atención y de inmediato sacó de su billetera una Tarjeta de Oro Negro. —Es culpa mía por no ser más considerado. Olvidé entregarte esta tarjeta. Está a mi nombre y no tiene límite de crédito. Úsala para lo que necesites; y si por alguna razón no fuera suficiente, me avisas y te daré más.
Roxana no la tomó. Sabía que esa clase de tarjeta negra la poseía menos del 5 % de la población mundial; podías gastar miles de millones de pesos sin que te la bloquearan.
No esperaba que Valeriano se la ofreciera con tanta naturalidad, así que se apresuró a rechazarla: —No busco estrategias de negocio porque me falte dinero. Simplemente me parece prudente diversificar mis ingresos.
Pero Valeriano se la guardó directamente en el pequeño bolso de ella. —Ya te he dicho que todo lo mío es tuyo. Es solo una tarjeta, no me la rechaces. Además, hace tiempo que quiero invertir en tus proyectos y no había encontrado la oportunidad; tómalo como un pago por adelantado.
Roxana sabía que se lo decía para que ella no sintiera que era una obligación o un favor pesado.
—Está bien, no me negaré más —accedió—. Descuida, invertir en mí es una ganancia segura; no te vas a arrepentir.
Valeriano, al verla desbordar confianza, suavizó aún más la mirada. —En los próximos días estaré bastante ocupado, así que no podré acompañarte a todas horas. Pero si quieres hablar conmigo, llámame cuando quieras. Siempre voy a contestarte.
—De acuerdo —respondió Roxana, mirándolo con una sonrisa—. Y si empiezas a sentirte mal de salud, no trates de hacerte el fuerte; llámame inmediatamente.

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