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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 696

A Roxana le sorprendió un poco; sus padres no le habían mencionado nada al respecto.

Probablemente temían que la gente empezara a murmurar que ella había logrado entrar gracias a sus influencias.

—Está bien, si tu agenda te lo permite, ven. Pero si no, no te fuerces. Aunque tu cuerpo ya está limpio del veneno, no debes someterte a demasiado estrés.

—De acuerdo, descansaré lo suficiente.

Mientras hablaba, Valeriano la miró fijamente.

Su mirada ardía en silencio.

Aunque Roxana no tenía mucha experiencia en esos temas, tampoco era ingenua.

Esos ojos eran demasiado profundos y estaban cargados de una pasión devoradora.

En medio de ese cruce de miradas, la temperatura dentro del auto empezó a subir.

Sintió que las mejillas le ardían.

—Tú...

—Roxana.

Su nombre, pronunciado por él, parecía impregnado de una ternura infinita.

—Quiero besarte.

Sus facciones perfectas se suavizaron, y su voz adquirió una ligera aspereza que le daba un encanto maduro e irresistible.

Al ver que ella no lo rechazaba, se acercó lentamente.

Con una devoción absoluta, depositó un beso en su frente.

Un escalofrío eléctrico recorrió el cuerpo de Roxana, desde su frente hasta la punta de los dedos.

Sintió que las fuerzas la abandonaban.

Ese simple beso también encendió a Valeriano, despertando una marea de deseo en su interior.

—Roxana.

Volvió a murmurar su nombre.

Aunque el corazón de Roxana latía a mil por hora, su lado racional se impuso.

—De verdad, se me hace tarde.

Valeriano dejó escapar una leve risa, volvió a besarle la frente y finalmente la soltó.

—No hay prisa. Tengo toda la paciencia del mundo.

El rostro de Roxana se encendió aún más. Abrió la puerta del auto y salió a toda prisa.

Al verla alejarse con las mejillas sonrojadas, la sonrisa de Valeriano no desapareció.

***

En el centro de conferencias.

Roxana sentía que la cara le quemaba, así que, para evitar que alguien lo notara, se desvió hacia los baños y se refrescó con agua fría.

Solo recibía los golpes en silencio.

Camilo levantó el ladrillo con fuerza, dispuesto a estrellarlo contra la cabeza del muchacho.

Los demás observaban emocionados.

Alguien incluso silbó.

—¡Eres grande, Camilo!

Roxana enrolló casualmente la cadena de su bolsito en la mano para darle firmeza y lo lanzó con fuerza.

Nunca había tenido la costumbre de usar bolsos, pero sus padres y Valeriano insistían en ponerle bocadillos para que llevara consigo, así que terminó acostumbrándose.

—¡Maldito bastardo, a ver si te atreves a seguir abriendo la boca! —gritó Camilo.

Justo cuando el ladrillo estaba por impactar en la cabeza del chico, ¡un bolso cayó del cielo!

Y golpeó con precisión milimétrica la cabeza de Camilo.

—¡Maldita sea! ¡¿Quién me tiró esto?!

Camilo retrocedió sujetando el ladrillo y agarró el bolso. Lo volteó para examinarlo.

El cuero del bolso tenía incrustadas tres fresas formadas por joyas de la más alta calidad.

Brillaban bajo el sol con un resplandor deslumbrante.

¡Era evidente que se trataba de un accesorio de mujer!

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