—Sé que esta competencia es importante para ti, Otilia. ¡Pero no puedes destruir mi pintura solo porque sabes que no puedes ganarme! ¡Este es el fruto de mi esfuerzo! ¿Sabes cuánto me costó hacer esto? ¿Cómo puedes tratarme así?
La chica que estaba en el suelo puso cara de absoluta tragedia y acarició los restos de su dibujo, luciendo como una víctima indefensa.
Roxana, al escuchar ese típico tono de mosquita muerta, miró a la chica con mayor detenimiento.
No era precisamente una belleza deslumbrante, pero tenía la piel muy cuidada y un aire artístico, potenciado por su cabello oscuro y su vestido claro.
Al oír la acusación, la furia de Otilia estalló con más fuerza.
—¡Deja de inventar calumnias! ¡Ni siquiera toqué tu estúpida pintura! Y encima te atreves a decir que no puedo ganarte. ¡No tienes vergüenza, Vanessa!
Vanessa Lugo fingió sentirse atacada y se puso de pie, temblando con una falsa fragilidad.
—¡Tú fuiste quien arruinó mi trabajo y ahora me insultas! ¡Otilia, soy tu hermana! ¿No te importa destrozar el corazón de nuestros padres si se enteran de cómo me tratas?
—¡Mi madre solo tuvo una hija, yo no tengo hermanas! —gritó Otilia, tajante.
Al oír eso, Vanessa soltó un par de lágrimas, fingiendo estar aterrada.
—Otilia... cómo puedes...
—¿Qué está pasando aquí? ¡¿De qué universidad son ustedes?! ¿Cómo se atreven a destrozar el trabajo de otra participante? ¡Exigiré que las sancionen ahora mismo!
El escándalo fue tan grande que llamó la atención de los jueces.
Uno de ellos, al ver la pintura de Vanessa hecha pedazos, se acercó indignado a reprenderlas.
Al ver que el asunto había escalado hasta los jueces, Otilia intentó explicarse rápidamente por miedo a que la descalificaran.
La Profesora Casandra, siendo maestra de la facultad de Arte en la Universidad de Veridia, lógicamente iba a defender a su propio alumnado.
Al ver el descontento de su gente, se volteó hacia las de la Universidad del Sur con expresión severa, lista para humillarlas.
—Las calumnias no se sostienen con gritos, sino con pruebas. Si aseguran haber visto a nuestra compañera empujarla, ¿dónde están sus pruebas?
Roxana dio un paso al frente y se interpuso entre las estudiantes de Veridia y sus compañeras, con una mirada gélida y desafiante.
Los de la Universidad de Veridia pensaron que los de la Universidad del Sur ya se habían acobardado, y no esperaban que alguien más diera la cara.
Estaban a punto de soltar otra burla cuando notaron el rostro de la recién llegada.
Su belleza era impactante, y el aura de frialdad y seguridad que desprendía los dejó mudos por un instante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA