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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 72

La persona que habla no siempre mide sus palabras, pero la que escucha saca sus propias conclusiones. Un destello de desconfianza cruzó la mirada de Darío.

La familia Soler tenía un alto estatus en Veridia y ciertamente no necesitaban ahorrarse unos cuantos pesos. Si alguien estaba utilizando este absurdo descuento como pretexto para ganarse favores o involucrarse con su familia...

Sin rodeos, mandó a llamar al gerente de la tienda.

—No queremos el descuento. Cóbrennos todo a precio regular.

—¡Primo Darío, es un descuento del cincuenta por ciento! ¡Ellos mismos lo ofrecieron, ¿por qué lo rechazaríamos?! —se quejó Elba, completamente indignada. ¡Ella planeaba usar ese dinero sobrante para comprarse un vestido nuevo!

El gerente tampoco podía creer que alguien se negara a aprovechar una ganga así, pero como no podía desobedecer las órdenes de arriba, intentó persuadirlo:

—Señor, le sugiero que lo piense bien, este tipo de promociones son rarísimas en nuestra tienda.

Darío soltó una risa fría.

—¿Acaso crees que los Soler somos unos muertos de hambre que andamos mendigando rebajas?

Al escuchar aquello, el rostro de Elba ardió de vergüenza. ¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso la estaba llamando interesada y oportunista?

El gerente también se quedó paralizado, sumamente avergonzado.

Marina notó la severidad en el rostro de su hijo. Sabía que Darío no actuaba sin un motivo de peso y, tras pensarlo un momento, también le encontró sentido a sus dudas, por lo que asintió con firmeza.

—Darío tiene toda la razón. Dices que hay una promoción, pero cuando entramos nadie nos avisó y ni siquiera hay letreros anunciándolo. Esta oferta salió de la nada y nuestra familia no necesita aprovecharse de estas casualidades raras. Cóbrennos el precio normal.

El gerente empezó a entrar en pánico. ¡Había arruinado la misión!

Desesperado, intentó justificarse:

—Es que la notificación nos llegó de último minuto y la promoción solo es válida hasta las cinco de la tarde. El anuncio se hizo en nuestro grupo interno de empleados, si no me creen, puedo mostrarles los mensajes.

—¿Quién te dio la orden? —preguntó Darío, directo al grano.

Necesitaba saber quién intentaba acercarse a su familia a través de Maison Milán.

Darío sostuvo la mirada de Paula, unos ojos directos y honestos. Sabía que una directora de su nivel no tenía necesidad de mentir sobre algo tan trivial. Todo indicaba que había sido él quien pensó demasiado las cosas.

Sonrió levemente, disipando la frialdad de su expresión.

—Por supuesto, directora Paula. Confío plenamente en su palabra.

—Me alegra que se haya aclarado el malentendido. Esta promoción en verdad es una oportunidad única, así que siéntanse libres de aprovecharla. Consideren esto como un pequeño agradecimiento por la paciencia que nos tienen, ya que nuestra diseñadora estrella trabaja a un ritmo espantosamente lento.

Paula volvió a lanzar una mirada velada hacia Roxana, aprovechando la oportunidad para mandarle una indirecta.

Roxana la captó a la perfección, pero no se inmutó. No era su culpa, de verdad estaba saturada de cosas; que al menos pudiera seguir creando algo ya era un milagro.

Darío, sin embargo, captó la dirección de la mirada de Paula y volteó ligeramente.

Vio a Roxana completamente serena, con el rostro inexpresivo, como si no conociera a la directora en lo absoluto. No obstante, su instinto le decía que entre esas dos... había gato encerrado.

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