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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 747

Tras la expulsión de Luisa y su hija, el ambiente en la mansión de los Soler quedó denso y pesado.

Preocupada de que el incidente afectara la reputación de Roxana por haber sometido a una mayor, Marina se dirigió a los sirvientes con tono severo.

—Nadie dirá una sola palabra de lo que pasó hoy. Si me entero de que algún chisme salió de esta casa, la familia Soler no tendrá piedad. ¡Pondremos a quien abra la boca en la lista negra de toda la industria! ¿Fui clara?

Los empleados, que aguardaban en la sala, asintieron apresuradamente.

Hoy en día, conseguir un buen trabajo era casi imposible. Estar al servicio de los Soler era un privilegio que pocos lograban.

La familia siempre había sido respetuosa; jamás los trataban con desdén y les otorgaban beneficios inmejorables. Incluso pagaban seguros médicos para los familiares de los empleados, cubriendo emergencias de salud que ninguna otra empresa se atrevía a pagar.

Nadie estaba dispuesto a perder un trabajo tan valioso por un simple chisme.

Una vez que los empleados se retiraron, Yara notó el semblante agotado de su madre e intentó actuar con dulzura.

—Mamá, por favor, no te alteres. Sé que la tía Luisa se pasó de la raya, pero con la lección de hoy, dudo que vuelva a causar problemas. Te ves un poco pálida, ¿te duele el estómago? ¿Quieres que mande a buscar mi piano para tocarte algo y que te relajes?

Hizo un ademán para llamar a un sirviente.

—Déjame revisarte —intervino Roxana. Al notar el malestar en el rostro de Marina, se acercó de inmediato y le tomó el pulso.

Roxana confirmó que el dolor era producto de la alteración emocional extrema. Sacó una fina aguja de plata y presionó un punto clave cerca de la línea de su pulgar.

En cuestión de segundos, la opresión en el estómago de Marina comenzó a disiparse.

Mateo también se acercó, preocupado.

—Mamá, ¿te sientes mejor?

Marina soltó un largo suspiro y asintió levemente.

—Estoy bien. Pero con toda la interrupción de tu tía, no terminamos de hablar del tema. Yara, continúa. Necesito saber cuántas cosas más me han ocultado desde que Roxana volvió a casa.

Yara sintió un nudo en la garganta. Jamás imaginó que, incluso después del tremendo escándalo de Luisa, su madre seguiría aferrada a ese interrogatorio.

La mirada de Marina cambió drásticamente. Sus ojos, llenos de lágrimas, se volvieron gélidos cuando se clavaron en Yara, que seguía de pie en silencio.

Yara se estremeció bajo esa mirada incisiva y sacudió la cabeza por instinto.

—Mamá, por favor, no me mires así. Sé que cometí errores en el pasado, pero ahora soy sincera con Roxana, se los juro.

Marina no respondió. En lugar de eso, se giró hacia Agustina, quien aún portaba su disfraz de anciana.

—Agustina, ¿todavía no han terminado de limpiar Villa Las Fragancias?

Agustina, que había estado observando el drama con una sonrisa oculta, se sobresaltó ante la pregunta.

—Ya mandé a algunas personas para allá, señora. Pero la villa es inmensa, me imagino que por eso se están demorando.

La realidad era que, para retrasar la partida de Yara, Agustina les había ordenado a los empleados que limpiaran a paso de tortuga. Había confiado en que las lágrimas de Yara conmoverían a los dueños y olvidarían el asunto. Nunca esperó que insistieran tan pronto.

—Entonces envía a más gente —ordenó Marina con voz firme—. Quiero que quede lista hoy mismo. Esta noche, tú y Yara se mudan para allá.

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