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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 91

Roxana no escuchó la conversación de esos dos.

Pero incluso si la hubiera escuchado, no le habría importado en lo más mínimo.

Siguiendo las indicaciones que le habían dado, encontró la ubicación de la Clase Élite 1. Justo cuando se preparaba para llamar a la puerta y entrar, vio una sombra oscura que se abalanzaba hacia ella.

El ataque fue rápido y limpio, apuntando directo a su rostro.

Roxana entrecerró los ojos y su mirada, habitualmente serena, se llenó de un aura helada.

No lo esquivó; lo enfrentó de frente.

El atacante no esperaba que ella se quedara quieta. Sorprendido, sus ojos brillaron de emoción. Cambió su agarre, preparándose para hacerle una llave y derribarla por encima del hombro.

Sin embargo, apenas su pie tocó el suelo, sintió un golpe de viento barriendo sus piernas, haciéndole perder el centro de gravedad al instante.

Aun así, no la soltó, intentando arrastrarla con él en la caída para continuar el ataque.

Roxana leyó sus movimientos a la perfección. Levantó su otra mano y presionó con precisión un punto bajo la axila de la sombra.

El brazo del atacante perdió toda su fuerza al instante, dejándola libre para estrellarlo contra el suelo usando su propio impulso.

—¡Pum!

El ruido de un cuerpo pesado cayendo rompió el silencio del pasillo.

Fue en ese momento cuando Roxana por fin le vio la cara al sujeto, y se quedó sin palabras.

—¿Otra vez tú?

León Valdés hizo una mueca de dolor, pero al ver a Roxana, su expresión se congeló y, un segundo después, se iluminó de pura alegría.

—¡Jefa, de verdad eres tú!

Al escuchar ese apodo, a Roxana le tembló un poco la comisura de los labios y lo soltó.

—Nunca acepté que fueras mi subordinado. No me llames así.

Roxana se dio la vuelta y vio a una mujer de mediana edad, con el cabello corto hasta las orejas y vestida de negro. Su mirada era agresiva, con las comisuras de los labios caídas; se notaba a leguas que era una persona difícil de tratar.

La sonrisa de León se desvaneció al instante.

—Profesora Lidia, aunque este lugar está cerca de su salón, no es territorio exclusivo de ustedes. Además, esta compañera y yo solo estábamos practicando combate, no «coqueteando» como usted dice. Le pido que mida sus palabras y no invente chismes.

Lidia Ariza soltó una carcajada fría, sin ocultar su desprecio hacia él.

—León, ¿qué derecho tienes a dirigirme la palabra? Eres un bueno para nada que solo sabe pelear y no estudia. No te creas la gran cosa solo porque entraste a la Academia de Élite. Para mí, las personas como tú no son más que basura. ¿Qué importa si tienes una familia con dinero? ¡Al final solo servirás para derrochar la fortuna de tus padres! No entiendo para qué el rector trae a mediocres como tú a la Academia de Élite, ¡es un absoluto desperdicio de recursos!

Ser humillado de esa forma hizo que la cara de León se pusiera roja de ira.

—Profesora Lidia, usted se supone que es una persona educada. ¿No cree que sus palabras son demasiado crueles?

Lidia se acomodó los lentes con indiferencia, manteniendo su expresión de desdén.

—Para una basura como tú, el simple hecho de que te dirija la palabra ya es un privilegio. ¡Lárgate de aquí ahora mismo con esa chica, o llamaré a los de seguridad!

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