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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 92

León apretó los dientes, aguantando la rabia. Decidió no discutir más con Lidia y trató de jalar a Roxana para irse.

Pero Roxana no se movió.

Se giró y caminó hasta quedar frente a Lidia. Con una expresión fría y una voz gélida, preguntó:

—Profesora, hasta donde tengo entendido, el lema de la Universidad del Sur es «No busques la gloria, busca no tener remordimientos». ¿Cree usted que su comportamiento actual está a la altura de ese lema?

Yara Soler y Caleb Valente acababan de llegar frente al edificio de aulas cuando escucharon la sonora y desafiante pregunta de Roxana. Ambos se quedaron helados un segundo antes de subir las escaleras a toda prisa.

Al principio, Lidia ni siquiera le había prestado atención a Roxana, pero al escuchar que se atrevía a usar el lema de la universidad para desafiarla, clavó sus ojos en ella.

Al verla bien, sus palabras se volvieron aún más ácidas.

—¿Y tú por qué agujero te arrastraste para entrar? ¡Nunca te he visto en la Academia de Élite! ¡Solo por colarte aquí a escondidas, puedo ponerte un reporte grave! ¿Quién es tu profesor? ¡Quiero ver qué clase de maestro tiene el descaro de criar a una estudiante tan insolente y falta de respeto hacia sus superiores!

—¿Superiores? —Roxana la miró con diversión, pero sus ojos helados hicieron que la furia de Lidia ardiera aún más—. ¿Tú te consideras una superior?

En todos sus años en la Universidad del Sur, Lidia jamás había sufrido semejante humillación.

—¡Qué actitud es esa! ¿Quién te dio permiso de hablarme así? ¡¿Acaso sabes quién soy?! —Su voz aguda resonó por todo el pasillo.

Yara estaba regocijándose en su interior, viendo cómo Roxana cavaba su propia tumba, pero entonces notó que Caleb avanzaba con el rostro sombrío.

Se detuvo un instante y, muy a su pesar, lo siguió.

Los estudiantes de la Clase Élite 1 observaban desde las ventanas. Todos querían saber quién era tan valiente como para atreverse a pelear con Lidia Ariza.

Caleb, al ver que Lidia estaba verde del coraje, intervino:

—Profesora Lidia, esta compañera se llama Roxana y es una estudiante nueva que vino a presentarse hoy. También es miembro de la Academia de Élite, y el rector acaba de elogiarla en persona.

Todos los insultos que Lidia estaba a punto de soltar se quedaron atorados en su garganta. Su rostro, ya pálido de ira, se tornó aún más desagradable.

Lidia resopló con desdén.

—¿Y qué tiene de malo que lo diga? ¡Hace un momento estaba muy altanera! Los estudiantes de hoy en día se creen la gran cosa. Solo porque tienen un poco de apoyo, piensan que pueden faltarle el respeto a la universidad y a los maestros. Menos mal que esta clase de alumna problemática no está en mi grupo, porque de ser así, tendría que ir a hablar seriamente con el rector.

Yara también lo celebraba en su interior.

Con un historial académico tan mediocre, Roxana solo era digna de estar en un grupo de bajo nivel; jamás podría entrar a la Clase Élite 1.

Al escuchar cómo Lidia se pasaba de la raya, León apretó los puños, furioso.

Pero recordando las advertencias de sus padres, se obligó a contenerse.

—Roxana, este lugar no es para ti. ¿En qué grupo te tocó? Yo te acompaño.

—No es necesario —respondió Roxana con calma. Luego, miró fijamente a los ojos furiosos de Lidia y le dedicó una sonrisa llena de provocación—: Justamente vine a reportarme a la Clase Élite 1. Así que, señora Lidia, ya puede ir a hablar con el rector.

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