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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 160

~ALESSIA~

Tuve que toser porque me atoré con mi propia saliva al escuchar la declaración de Maksim.

Cuando me recompuse, lo miré directo a los ojos, estupefacta.

—¿Doce hijos? —exclamé—. ¿Te has vuelto loco?

Su ceño se frunció ligeramente.

—No. Y estoy seguro de que ya te había manifestado mi deseo de tener una docena de hijos contigo. La Bratva Volkov y la mafia Cardinale necesitan unos cuantos herederos.

Rápidamente negué con la cabeza.

—Y yo estoy segura de que te dejé claro de que jamás te daría una docena de hijos.

—¿Por qué no? —preguntó muy serio.

No pude evitar reír un poco.

—Porque no soy un conejo, Maksim.

Estrechó la mirada con suspicacia y, enrollando sus brazos alrededor de mi cintura, me atrajo hacia sí, apretándome contra su duro cuerpo.

—Sí eres una conejita. Una a la que le gusta meterse a la cueva del lobo.

Rodé los ojos.

—Bueno, esa clase de conejita quizá sí, pero la otra, la que pare doce hijos no.

Soltó un suspiro hondo.

—El tiempo te hará cambiar de opinión.

—Jamás. Ya no estamos en esa época en la que las mujeres parían un montón de hijos para satisfacer a sus maridos. Además, ahora que soy la Capo de la Camorra tengo muchas responsabilidades de las cuales ocuparme. Siendo mamá no podría hacerlo.

Su rostro se contrajo con inquietud.

—¿Qué estás queriendo decir? ¿No quieres hijos?

—Por supuesto que los quiero, Maksim. Y no solo porque nuestras organizaciones necesitan herederos. Quiero pequeños Pakhanes y pequeñas mafiosas gorditas conquistando al mundo, pero no doce.

Se llevó la mano a la barbilla y la frotó, pensativo.

Me reí y él ya se estaba inclinando. No para besarme en la boca como antes, sino para atrapar uno de mis pezones entre sus dientes.

Lo mordisqueó, primero con suavidad y luego con rudeza.

Solté un chillido y él se rió como el malvado hombre que era. Intenté alejarlo pero se predió más de mi teta, succionando como si se estuviera alimentando de ellos.

M****a. Ya me estaba calentando otra vez.

Un cosquilleo de placer recorrió cada una de mis terminaciones nerviosas, haciéndolas explotar como fuegos artificiales, y mi espalda se arqueó hacia su angurrienta boca, ofreciéndole mis pechos para que se alimentara todo lo que quisiera de ellos.

Sentí cómo su polla se ponía tan dura como el hierro bajo mi mano y comencé a bombearlo, sintiendo cómo su calor me quemaba.

Dejó mi pezón y atrapó el otro, chupándolo con más intensidad y salvajismo, mientras mi mano bombeaba más su erección, poniéndolo cada vez más y más duro.

De repente se subió encima de mí, se quitó la camisa casi arrancándola de su cuerpo y me abrió las piernas para acomodarse en medio de ellas.

—Entonces es hora de que empecemos a hacer esos herederos —dijo y al segundo siguiente se enterró profundamente en mi coño, provocando que mi cuerpo se pusiera tenso y que de mi boca se escapara un grito ahogado.

Joder sí.

Si así de bueno iba a ser hacer los herederos, que me hiciera todos los que se le diera la gana, que yo estaba más que dispuesta a hacer el sacrificio.

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