Unos magníficos meses después...
~ALESSIA~
—No. Esa ruta queda descartada —dije mientras observaba el mapa que Nicolo había proyectado en la pantalla de la videollamada—. Si movemos el cargamento por ahí, llamaremos demasiado la atención. Cambien el recorrido y utilicen el almacén de Bari como punto de intercambio. Es más lento, pero también mucho más seguro.
Nicolo asintió desde el otro lado de la pantalla mientras Paolo revisaba unos documentos sin apartar la vista de ellos.
—Lo tendremos listo esta misma noche.
—También quiero que aumenten la vigilancia alrededor del puerto. No porque espere un ataque, sino porque prefiero que nadie tenga la oportunidad de sorprendernos.
—Hecho.
Paolo levantó finalmente la cabeza.
—Por cierto, Matteo Belucci quiere reunirse contigo la próxima semana.
—Hablaré con él cuando termine de revisar los informes de Luxemburgo.
Apenas terminé la frase, unas risitas llegaron amortiguadas desde algún punto de la casa.
No necesité detenerme a pensar de quiénes eran, porque conocía demasiado bien la risa grave de Maksim y aquella otra, mucho más pequeña, todavía torpe e incontrolable, que conseguía abrirse paso por toda la mansión cada vez que algo le parecía divertido a nuestra hija.
No pude evitar sonreír.
Intenté seguir concentrada en la conversación, pero las risitas volvieron a escucharse, esta vez acompañadas por un balbuceo emocionado que terminó arrancándole otra carcajada a Maksim.
Paolo entrecerró los ojos.
—¿Qué pasa?
Negué con la cabeza.
—Nada importante.
Mentía.
Para mí era lo más importante, pero en ese momento debía comportarme como la Capo de la mafia Cardinale, no como la madre de Valentina Sofía Volkova Cardinale.
Miré una vez más los documentos abiertos sobre el escritorio.
—Si eso es todo, terminemos aquí. Envíenme los cambios antes de esta noche y quiero el informe definitivo sobre mi escritorio mañana a primera hora.
—A tus órdenes, jefa —respondió Nicolo con una sonrisa.
—Y dile a Matteo que lo llamaré después.
La pantalla se apagó y el despacho quedó en silencio. Al menos, durante dos segundos, porque después volvieron aquellas risas que me contagiaron, provocando que también riera.
Apagué la computadora, recogí el teléfono y salí del despacho sin prisa, dejándome guiar por el sonido que recorría el pasillo como una invitación imposible de rechazar.
Las encontré a unos pasos de mi despacho personal en la mansión Volkov, dentro de la sala de estar.
Maksim estaba completamente acostado sobre la enorme alfombra beige que ocupaba el centro de la habitación. Una imagen así habría resultado impensable unos meses atrás. El temido Pakhan de la Bratva, el hombre capaz de intimidar una sala entera con solo entrar en ella, permanecía inmóvil boca arriba mientras nuestra hija estaba sentada sobre su abdomen como si aquel fuera el lugar más natural del mundo.
Nuestra pequeña Valentina sostenía entre las dos manos una pequeña pistola de juguete de color rosa, de esas que disparaban dardos de plástico con una ventosa en la punta. La sujetaba con absoluta concentración mientras Maksim, con toda la seriedad que utilizaba para enseñar a sus hombres a disparar un arma de verdad, le acomodaba los deditos alrededor del mango.
—No así, zayka (conejito)... así.
Nuestra hija lo miró con atención, aunque era evidente que no estaba entendiendo absolutamente nada.
—Ahora apunta.
Él mismo le levantó la pistolita, pero en el último momento, ella la movió hacia otro lado, no hacia donde él señalaba. El dardo golpeó directamente hacia la nariz de Maksim.
Apreté los labios para contener la risa.
—Muy bien —dijo Maksim con una solemnidad admirable—. El objetivo también puede ser papá.
Valentina volvió a apretar el gatillo y el pequeño dardo salió disparado y terminó pegándose exactamente en la frente de Maksim.
Él abrió mucho los ojos, dramáticamente.
—Eso fue un ataque premeditado.
La niña soltó una carcajada tan escandalosa que ya no pude seguir observándolos desde la entrada.
—¿Interrumpo algo?
Los dos giraron la cabeza al mismo tiempo.
Maksim sonrió apenas y se quitó el dardo. Valentina levantó los brazos hacia mí, aunque solo durante un segundo. En cuanto volvió a ver la pistolita, decidió que era mucho más interesante que su madre.
Me acerqué despacio, hasta pararme frente a ellos, y apoyé las manos sobre la cintura.
—¿Acaso no tenías una reunión importante a la cual acudir?
—La tenía.
—¿Y?
Respondió con la tranquilidad de quien no encontraba absolutamente nada extraño en lo que acababa de hacer.
—Tenía algo más importante que hacer que planificar esa operación con mis hombres, así que hice lo más inteligente que se me ocurrió: envié a mi autoritev para que se ocupara de la reunión.
Lo miré arqueando ambas cejas.
—¿Me estás diciendo que el Pakhan de la Bratva faltó a una reunión importante para quedarse jugando con su hija?
—Hay prioridades en esta vida, esposa.
Lo dijo como si estuviera explicando la cosa más evidente del universo.
Antes de que pudiera responder, levantó a Valentina por debajo de los brazos hasta dejarla frente a su rostro.
—¿Verdad, Valya? (En ruso, diminutivo cariñoso para llamar a alguien llamada Valentina.)
Le dio un beso en una mejilla y ella hizo una mueca. Él le dio otro y nuestra hija empezó a girar la cabeza de un lado a otro, escondiendo las mejillas y empujándole la cara con ambas manitas mientras soltaba unas risas que ya eran imposibles de contener.
—¿No quieres besos, zayka?
Vale negó con energía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...