Tiempo después...
~ALESSIA~
Con una sonrisa en mi boca, observé a Alessandro y a Nikolái, los hijos de Mila, inclinarse sobre sus tortas de cumpleaños para soplar las velitas de cumpleaños. Cada torta tenía una sola velita en color azul, representando el número de años que ambos estaban celebrando.
Dios. No podía creer lo rápido que pasaba el tiempo. En poco tiempo,nuestra Valentina también cumpliría su primer año de vida. Su primer año llenando nuestras vidas de sonrisas y amor.
Instintivamente, giré la cabeza a un lado buscando a mi hija. La pequeña estaba plenamente segura y feliz en los brazos de su papito, quien le estaba señalando a sus primitos para que no se perdiera ningún detalle de cómo ellos apagaban las velitas de sus tortas de cumpleaños.
Mi hija, tan terca y tan decidida a llevarle la contraria a Maksim tal y como su madre lo hacía -o sea yo-, miró en dirección contraria a donde él le señalaba, más interesada en los globos de colores que en sus primitos.
Decidido a conseguir que Valentina le hiciera caso aunque fuera una vez en sus casi diez meses de vida, continuó insistiendo en señalar a los bebés Ravelli, pero, obviamente, Valentina no le hizo caso y estiró sus manitos hacia los globos para atraparlos.
Soltando un resoplido y volteando los ojos, Maksim finalmente se dio por vencido. Sacudió la cabeza en protesta y le alcanzó los globos a Vale para que jugara con ellos.
Valentina soltó un gritito de emoción y sacudió los globos, golpeando con ellos la cabeza de su padre. Maksim se llevó la mano a la cabeza e hizo una divertida mueca, fingiendo que lloraba, pero Valentina no le creyó nada o no le importó, porque, acto seguido, volvió a agitar los globos y una vez más le pegó a Maksim en la cabeza.
No pude contener la risa y me eché a reír. Al escucharme, Maksim volteó a verme con cara de pocos amigos y yo me reí más.
Pobre marido mío. No sabía si se iba a arrepentir de haber deseado que su pequeño retoño saliera igual a mí.
Me incliné hacia él y le di un beso en la mejilla. Una sonrisa afloró en sus labios y me devolvió el beso... una vez, dos y hasta tres, olvidando que no estábamos en una cita romántica, si no en medio de la celebración de cumpleaños de nuestros sobrinos.
En ese momento, Mila volteó a ver en nuestra dirección y, virando los ojos, nos hizo un gesto de reprobación y se rio.
—Busquen un hotel —bromeó y se puso a partir el pastel para repartirlo a los invitados.
Unos momentos después, todos habíamos vuelto a nuestros asientos y esperábamos el trozo de pastel que nos iba a tocar.
Fui la primera a la que le sirvieron, así que Valentina pidió venirse a mis brazos para comer conmigo.
—Traidora —le reprochó Maksim al entregármela en brazos—. Me cambias por un simple pedazo de pastel.
Valentina no le prestó atención, sino que se concentró en meter sus dedos en el ganache de chocolate de mi trozo de pastel para luego llevarlos a su boca y chuparlos con una amplia sonrisa.
—Así son todas las mujeres —dijo Paolo en broma—, te cambian por cualquier cosa.
—¡Eh! ¿Qué estás hablando, tú? —lo reprendió Mila.
Paolo dio un respingo y se apresuró a acercarse a ella para darle varios besos; en la mejilla, el cuello y los hombros.
—Nada, principessa. Que ustedes las mujeres son la cosa más espectacular que Dios nos dio.
Artem se rio de forma burlona.
—Este sí que es un zalamero de quinta —comentó y Nicolo asintió.
—No le creas nada, Mila —dije, dándole una cucharada de pastel a Valentina—. Estaba hablando mal de nosotras las mujeres.
—Sí, si yo no le creo nada —manifestó Mila, poniendo un plato con un trozo de pastel frente a cada uno de sus hijos—. Por eso no recibirá pastel.
Paolo hizo un puchero y le dio otro beso para cobtentarla, pero Mila negó.
—Y esta noche dormirás afuera.
Nicolo soltó una carcajada y Paolo lo fulminó con la mirada.
—Eso es para que dejes de decir tonterías.
—Yo sé que mi principessa bromea, porque ella no puede dormir sin mí —refutó Paolo y, acto seguido, rodeó la cintura de Mila con sus brazos, la alzó del suelo y empezó a dar vueltas con ella.
—Ay, bájame —Mila chilló y rio como una niñita, dándole unas palmaditas en los hombros a Paolo, para fingir que no estaba disfrutando de los mimos de uno de sus maridos.
—Primero dame un beso y dime que no voy a dormir con los perros —rebatió Paolo.
—No. Bájame.
—Hazlo, principessa, o te daré más vueltas.
Hizo un gesto qu indicaba que iba a seguir dando vueltas y Mila puso los ojos en blanco.
—Está bien —murmuró y se inclinó, dejando un beso en los labios de Paolo—. No dormirás con los perros.
Paolo sonrió satisfecho y bajó a Mila, dejándola otra vez en el suelo. Mila escondió la sonrisa de felicidad y continuó partiendo el pastel.
Le dio un trozo a Artem y otro a Maksim.
Maksim extendió su pedazo de pastel hacia Valentina y sonrió.
—¿Estás viendo lo que papá tiene? —le dijo—. Puedes venir conmigo si quieres. Te daré mucho.
Valentina metió ambas manitos en mi pedazo de pastel, embadurnándolas del ganache de chocolate y, como si se estuviera burlando de su padre, se lamió las manitas con una sonrisa.
Todos estallamos en carcajadas al ver la escena. Finalmente, derrotado y avergonzado por ser ignorado por su pequeño retoño, Maksim se giró sobre su asiento y se dedicó a comer su pastel. Los demás lo imitamos.
Durante unos momentos, todo estuvo en calma, hasta que, de pronto, Maksim se llevó la mano a la boca, lanzó el plato con el pastel a la mesa y se levantó de un brinco para salir corriendo hacia la casa.
Todos lo seguimos con la mirada y luego nos miramos unos a otros, desconcertados y preocupados por su actitud.
—Voy con él —dije, poniéndome en pie y me acerqué a Mila.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...