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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 221

~MAKSIM~

Las náuseas me despertaron antes de que sonara la alarma. Abrí los ojos con aquella sensación desagradable revolviéndome el estómago y apenas tuve tiempo de apartar las sábanas antes de levantarme y dirigirme al baño.

M****a. Ni siquiera habían pasado veinticuatro horas desde que Alessia me había dado la noticia y mi cuerpo ya había decidido solidarizarse con el embarazo.

Me incliné sobre el inodoro y vomité lo poco que tenía en el estómago, maldiciendo entre dientes aquella extraña conexión que parecía existir entre mi mujer, mis hijos y yo.

Con Valentina había sufrido náuseas, antojos, cansancio, sueño y cambios de humor; con los gemelos había sido incluso peor, y por lo visto el nuevo —o los nuevos— integrantes de la familia Volkov Cardinale habían decidido anunciar su existencia de la misma manera.

Me lavé los dientes y la cara antes de regresar a la habitación. Alessia ya estaba despierta, sentada contra el cabecero de la cama, mirándome con una mezcla de preocupación y diversión.

—¿Qué te pasa? —me preguntó.

—Nada. —Me acerqué a ella y me senté en el borde de la cama—. Solo que mi cuerpo debilucho ya empezó a confirmarme tu embarazo con los primeros síntomas.

La preocupación desapareció de su rostro y negó con la cabeza mientras sonreía.

—No puedo creerlo. Ni siquiera yo tengo náuseas todavía.

—Porque aparentemente yo estoy más embarazado que tú.

—Pobrecito mi Pakhan.

—Un poco de compasión no te vendría mal, Koroleva. Estoy sufriendo por nuestro hijo o hijos.

Rodó los ojos y negó.

—Estás sufriendo porque eres un exagerado.

Me incliné sobre ella, apoyé una mano junto a su cadera y la besé suavemente.

—Buenos días, moya zhizn'.

—Buenos días, mi bestia embarazada.

Le di otro beso, no solo para callarla, sino para empezar bien el día con un buen mañanero.

Sonreí contra sus labios mientras la iba empujando hacia atrás, hasta acostarla en el colchón, conmigo subido sobre ella. Le abrí las piernas con las rodillas y empecé la riquísima faena.

Mientras le hacía el amor, sonreía cada tanto, con él corazón henchido de felicidad. No podía evitarlo. Desde que me había dicho que esperábamos otro bebé sentía una felicidad difícil de contener.

Teníamos a Valentina, a Bruno y a Viktor, tres pequeños monstruos que conseguían poner nuestra casa de cabeza diariamente, y ahora venía otro —u otros— en camino.

Mi propósito de llenar aquella mansión de hijos seguía avanzando maravillosamente bien, aunque Alessia todavía insistiera en que los nueve que faltaban estaban únicamente en mis planes.

[...]

Un rato después estuvimos listos para bajar a desayunar. Alessia acababa de ponerse los zapatos cuando se inclinó para recoger algo que había dejado caer y reaccioné de inmediato, sujetándola por los hombros.

—Yo lo recojo.

Se enderezó despacio y me miró.

—Maksim, ya sé por dónde vas.

—¿Qué?

—Estoy embarazada, no inválida.

—Lo sé.

—Entonces deja de tratarme como si fuera a romperme.

—No estoy haciendo eso. Estoy evitando que hagas esfuerzos innecesarios.

—¡Se me cayó un arete!

—Precisamente. No necesitas agacharte por él. Para eso está tu marido.

—Tengo como cinco semanas de embarazo.

—Razón de más. Es una etapa delicada.

Entrecerró los ojos.

—Como intentes meterme en una burbuja otra vez, te juro que...

—¿Ves? Ya empezaron los cambios de humor.

Me dio un golpe en el brazo y solté una carcajada mientras recogía el arete del suelo. Conocía perfectamente aquella discusión porque ya la habíamos tenido durante sus otros embarazos y sabía que volveríamos a tenerla unas quinientas veces durante los siguientes meses.

También sabía que no pensaba cambiar. Alessia podía protestar, insultarme y amenazarme cuanto quisiera; yo iba a cuidarla hasta volverla loca.

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