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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 103

A la mañana siguiente, Marina se levantó más descansada y lista para preparar a Diana para el colegio.

Su pequeña Diana, de las dos hijas que la vida le había dado, ella era la que le hacía la vida más sencilla y no es que fuese su preferida. De hecho, en ocasiones sentía que la desplazaba por atender los caprichos de su Renata, que apenas en los dos días sin ella se percataba de que todo fluía de manera rápida y espontánea.

Diana le recordaba mucho a ella cuando era niña, pues desafortunadamente, Renata era tan demandante y caprichosa, que no solía comer lo mismo que Diana.

Su pequeña se podía conformar con hacerse un huevo, porque sí, Diana incluso ya sabía hacer un huevo o servirse cereal con leche. En cambio, su Renata, al saber que tenía servicio en casa, ella esperaba bajar a desayunar y encontrar la mesa puesta, esperaba jugo recién hecho, pan francés, tocino y huevos revueltos con jamón, claro, todo cocinado con mantequilla, porque no le gustaba el sabor a aceite.

Mientras Diana podía comer una manzana en el camino, Renata solicitaba fruta picada en pequeños trozos para no atragantarse. Aquello en ocasiones provocaba caos en la cocina y más a la hora de salir al colegio, ya que si no estaba listo el desayuno a la hora que ella bajaba o de la manera en que ella quería, se armaba drama, el cual Esteban solo alimentaba o festejaba en lugar de corregirlo.

Ahora, no era que se sintiera liberada de aquellas situaciones, pero, viendo cómo incluso podían desayunar en la barra de la cocina sin tantas ceremonias, le da tiempo de hacer panqueques con maple y mantequilla.

Incluso hoy, Marina se había podido tomar una taza de café caliente mientras ella misma cocinaba los panqueques para su hija.

—¡Buenos días, mami! —dijo la niña con entusiasmo.

—¡Buenos días, corazón! ¿Qué tal dormiste?

—¡Muy bien, mami! ¡Muy bien! ¡Wow! ¡Panqueques!

—¡Sí, cariño! —¡Yo los hice! —dijo la mujer orgullosa levantando la espátula.

—¡Se ven deliciosos!

—¡Anda, desayuna! ¡No quiero correr! Y ya ves que los del taxi suelen no ser muy diestros con la manejada. —dijo Marina mientras se metía un panqueque a la boca.

—¿Mamá?

—¿Sí, cariño?

—¿Por qué no agarras tu auto? Papá compró uno nuevo para ti.

—Bueno, no es que no quiera, pero aún no me siento lista.

—¿Lista?

—¿Cómo?

—Sí, la verdad, ¿te puedo contar un secreto? Pero no se lo digas a nadie. —dijo Marina al oído de la niña.

—Sí, dime… —dijo la niña en voz bajita.

—Me da miedo conducir, así que, mejor nos vamos en taxi.

—Pero están los choferes…

Diana no lo sabía, pero desde que su padre se había marchado de la mansión, la cantidad de personal en casa poco a poco había ido disminuyendo.

Capítulo 103: No fuerces a mi hija 1

Capítulo 103: No fuerces a mi hija 2

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