Lorena frente a Marina se mostró victoriosa; sin embargo, una vez que vio cómo aquella mujer se alejó y subió a un taxi, dejó que su propia realidad regresara y la golpeara.
Tras subir a su elegante camioneta, se percató de que necesitaba cargar gasolina; aquello la hizo suspirar. Aquella simple acción hoy día le causaba cierto conflicto; ahora que no tenía empleo, debía cuidar cada centavo que tenía, eso al menos hasta que tuviera un nuevo empleo, pero como no estaba muy bien con Esteban, no había hablado con él por el tema de los gastos de su hija.
Todo aquello la llevaba a recordar que debía llegar a casa y aprovechar el tiempo que tendría libre para trabajar en actualizar su hoja de vida y enviarla a cuantos más lugares pudiera.
Luego de cargar gasolina, notó en el asiento del copiloto una hoja con la larga lista de cosas que Renata le había solicitado para su desayuno. Al menos hoy, no había discutido con Esteban, pues este había salido muy temprano para la oficina, pero sabía que si su hija le decía que no había los alimentos que ella quería, las cosas se podían poner más tensas de lo que ya estaban.
Con aquello en mente, descartó la idea de ir a casa y se dirigió al súper a hacer las compras, topándose con una realidad a la que nunca le había puesto atención.
En aquel lugar a esa hora, había mujeres de servicio con sus uniformes, madres con sus niños haciendo malabares entre sus bolsos y pañaleras, mujeres con niños más grandes que les jalaban las ropas, o niños que gritaban y corrían por los pasillos.
Aquellas imágenes le causaron cierta incomodidad y hasta terror, por decir poco, pues ella jamás, y sí, estaba completamente segura de que jamás se había visualizado así. Jamás se había visto como una mujer mal peinada, sin una gota de maquillaje, sacrificando su dignidad y belleza por un hombre y una familia.
Aquí fue donde se preguntó: "¿En qué demonios estaba pensando cuando decidió involucrarse nuevamente con Esteban?"
Esta definitivamente no era la vida que ella quería o creía que merecía; ella, cuando salió de aquel pueblo, había jurado no volver. Cuando subió a aquel avión privado y vio el lujo y la clase con la que Esteban vivía fuera de ese espantoso pueblo, deseó esa vida; de verdad que la deseó con todas sus fuerzas.
Lo que no deseo, obviamente, fue estar atenida a un hombre toda la vida, por lo que se esmeró por ser alguien en la vida y no depender de alguien. ¿Por qué ahora debía estar ahí? ¿En qué momento había caído tan bajo?
En este momento, su cabeza solo pensaba en ¿qué haría de comer para Renata? ¿Qué haría de cenar para que Esteban no se molestara? No sabía si le daría tiempo, no sabía si le alcanzaría el día y, apenas eran las 9 de la mañana, ni siquiera había tomado su primera taza de café caliente. ¿En qué momento se daría tiempo para ella?
¿Cómo podía ser? ¿Qué acaso no era que estaban posteado que había vacantes? ¡Dios! Ya molesta, decidió marcar a uno de sus conocidos y, aunque no contestó al primer timbre, lo hizo al segundo. Aquel joven con duda respondió y con toda honestidad vino a hacer que sus ideas de que todo será fácil se vinieran abajo.
—Lore, querida, sé que tienes capacidades, pero, desafortunadamente, te debo ser honesto. El escándalo que se hizo al salir a la luz pública tu relación con el CEO del grupo Montemayor al momento en que su esposa estaba en el hospital ha dejado una mala perspectiva de ti y, aunque hable muy bien de tu trabajo, mi jefe decidió que no podía contratarte.
De verdad, lo lamento, sé que eres muy buena y tal vez otra compañía no se deje llevar por lo que dicen los medios. —dijo el joven apenado por aquella bella e inteligente mujer.
Tras terminar la llamada, Lorena se derrumbó en el sofá. Cuando ella junto a Karina planearon aquellas fotografías, jamás imaginaron la magnitud del escándalo mediático que se desataría o de las consecuencias a largo plazo a las que se enfrentaría.
Para comenzar, jamás imaginó que Esteban sería destituido, menos por Ángel Forcelledo, quien era seguro que no tenía ninguna buena intención estando en México. Por muy buena persona que pareciera, ese hombre solo quería ver arder el mundo y lo haría; se tomaría su tiempo, pero lo haría, pasara por quien pasara, usara a quien usara. Ese hombre solo venía a una cosa y no, no era sentarse en la silla del CEO.

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