Entrar Via

La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 107

Marina y Ofelia todo el tiempo mantuvieron la calma mientras estuvieron en el interior de Berger Joyeros Masaryk; siempre trataron de verse como dos mujeres fuertes y firmes en ese momento.

Al salir, Marina dio algunos pasos, buscó una banca o algo donde sentarse, pues sentía que las piernas le temblaban; necesitaba, de verdad, necesitaba sentarse.

—¿Sucede algo, señora? ¿Se siente mal? ¿Qué sucedió? ¿Cuánto le ofrecieron? Ya no pude ver, ya no entendí qué sucedió.

Marina simplemente sacó su móvil y le enseñó la cantidad. Ofelia tuvo que acercarse al móvil para poder ver bien la cantidad de ceros. Aquello era un dineral; eso la hizo abrir sus ojotes.

—¡Wow! ¡Señora! ¡Esto! ¡Esto!

—Sí, sí, Ofe… Esto es… Es incluso un poco más de lo que valía al inicio… —Apenas pudo pronunciar Marina.

—¡Señora! ¡Ahí está! ¡Esto es maravilloso! ¡Con esto podemos comenzar! ¡Esto es lo más maravilloso que le pudo pasar! ¡Tan solo imagínelo! ¡Ahora sí, va a poder comenzar el negocio de los pasteles! ¡Incluso hasta le alcanza para abrir una pastelería formal! —dijo Ofelia toda llena de emoción.

—¿Tú crees? -preguntó Marina sin poder creer nada de lo que pasaba en ese momento.

—Sí, yo no sé mucho de negocios, ¿sabe una cosa?

- ¿Qué, Ofe? ¿Qué?

- Sé quién sí.

- ¿Quién? —preguntó Marina, intrigada.

- El señor Forcelledo, él se ve que sabe mucho de eso, ¿por qué no le pregunta qué puede hacer con esa cantidad? —soltó Ofelia con lo poco que había visto de aquel caballero.

Marina se quedó un momento callada, pues nunca había pensado en preguntarle a él. Esa pregunta la hizo pensar en lo que habían platicado una noche antes y sí, no sonaba tan descabellado sobre qué podía hacer con pasteles y un millón de pesos.

No queriendo darle más vueltas al asunto, Marina tomó su móvil y, basándose en ese momento de felicidad, decidió buscar el número de Efraín para llamarlo.

Efraín, por otro lado, se encontraba en una reunión muy importante con las cabezas del grupo Montemayor. Directores, gerentes y jefes de las diferentes sedes se habían reunido junto con Dante Montemayor; la idea era exponerlo, ya que desde el momento en que había llegado el nuevo CEO, el ambiente era pesado y con exigencias extremas, sin mencionar que las metas eran un sueño que nadie podría cumplir. La mayoría exigía el regreso de Esteban Montemayor a la silla que había dejado.

Efraín ya estaba cansado de ver cómo un montón de incompetentes se excusaba para no cumplir las metas solicitadas. Él sabía por qué estaba ahí y era claro que no iba a tolerar ese tipo de situaciones; sabía qué haría y cómo lo haría, solo escuchaba y callaba.

El CFO estaba exponiendo varios puntos que los hacía parecer como cruciales o de suma importancia, cuando su atención se dispersó al ver que la pantalla de su móvil se encendió y él vio el contacto de Marina, el cual lo tenía registrado como número privado importante. Sin importar quién estaba hablando, tomó la llamada y se levantó de su lugar.

—Me disculpo, pero debo tomar esta llamada; si gustan continuar sin mi presencia, revisen los temas con mi tío. —dijo Efráin saliendo de aquella aburrida reunión.

Marina escuchó aquello y por un momento sintió que había cometido un gran error.

—Efraín, ¿te interrumpí?

—No, ¿por qué?

—Es que… Escuché que estabas en algo…

—Es una reunión sin importancia… —dijo el joven aflojándose la corbata mientras caminaba hacia el bar de su oficina para servirse un trago. —¿Qué sucede?

—¿No interrumpo nada?

—De verdad, prácticamente me rescataste, necesitaba salir de ahí…

—¿Por? ¿Todo bien?

—Una reunión sin importancia…

—¿Estabas en una reunión? —preguntó Marina, recordando lo importantes que solían ser todas y cada una de las reuniones que tenía Esteban y, lo molesto que podía ponerse si a ella se le ocurría molestarlo en alguna de estas.

—Sí, pero ya les había regalado una hora de mi tiempo y no me habían dado nada bueno; tu llamada solo vino a ser la mejor manera de abandonar esa reunión. Dime, ¿qué necesitas, cariño?

Marina sintió una extraña sensación; este hombre siempre tenía las palabras correctas. ¿Cómo era posible que así de la nada dejara a quien sabe quién botado por atenderla?

—Hmm… Bueno, es que…

—¿Qué sucede? Ya te dije, no era nada de importancia; cuando así sea, simplemente te enviaré un mensaje de que no puedo responderte en ese momento y te devolveré la llamada después, ¿te parece?

—¿De verdad? ¿Me lo prometes? —dijo Marina ya sintiéndose en más confianza.

—Sí, cariño, sí.

—Está bien… bueno, ahora sí, te cuento, hmm… ¡Tengo dinero!

—¿Cómo? No entiendo.

—Hmm… ¡Tengo dinero propio! Vendí un regalo que había comprado y que, bueno, no pude entregarlo… Y, hmm… bueno, quería tu asesoría…

—¿Asesoría? ¿Para?

—Sí, sí… Aquí te veo… —dijo Marina con una bella sonrisa dibujada en el rostro.

—Bien, entonces, déjame apurarme y salgo para allá tan pronto termine mis pendientes en la oficina. —dijo mirando al hombre que acaba de entrar en su oficina.

—Bien, te veo más tarde y muchas gracias.

Tras terminar la llamada, Marina apretó el móvil contra su pecho; no lo decía, pero sus acciones revelaban todo. Ofelia vio la escena y, aunque bien podría ser poco creíble, aquel hombre que había visto solo unas cuantas veces le quedaba claro que, a su jefa le sacaba más bellas sonrisas que el propio señor Montemayor, en todo el matrimonio.

Por otro lado, en la oficina de Efraín, tan pronto como la llamada terminó, Efraín miró al hombre que estaba de pie frente a su escritorio, dejó salir un suspiro de cansancio y dijo:

—¿Qué necesita?

—¿Tienes planes para la tarde? —preguntó el hombre por curiosidad.

—Cosas personales, nada que le deba quitar el sueño. ¿Qué necesita? —preguntó Efraín intentando regresar la conversación al punto original.

—Tu padre está muy molesto, se acercó a mí.

—¡Ah! Pensé que alguien más se sentía ofendido.

—No hagas de esto una cacería de brujas, no te traje aquí para eso. Te traje aquí y te puse en este lugar para que seas la cara de la empresa, no para que cobres venganza contra tu padre. Él me dijo que ha tenido que pedirle a su mujer que se vaya por indicaciones tuyas.

—Tú lo sabías, yo no iba a trabajar en el mismo lugar que ella; ahora que, si quieres, ella puede regresar, pero, yo me voy. Honestamente, no voy a permanecer en el mismo lugar que esa mujer.

—¡Ángel, no nos vayamos a los extremos!

—Esa fue una de mis condiciones y lo sabes, no vengas a querer cambiar ahora que ya estoy instalado aquí.

Dante Monetamayor vio algo que no había visto hasta ese momento: decisión.

—Sabes bien cómo soy y puedo cumplir mi palabra; lo que todos tus empleados tanto pelan, según ellos, son sus derechos, pero yo creo que solo se han dedicado a ser una bola de holgazanes que viven a tus costillas.

—¿Cómo dices?

—¡Ay, tío! ¡Por favor! ¿Acaso no te das cuenta? ¿Que no revisas los balances? Por favor, solo revisa los balances. Nadie está haciendo bien su trabajo; yo no sé si mi querido primo les estuvo cubriendo la espalda o no, pero nada aquí está bien. Te invito a que revises con lupa lo que te digo; si descubres el error, ya tú me dirás qué acciones tomarás en contra de tu hijo.

Dante se quedó helado ante aquella insinuación. ¿Acaso era posible que Esteban estuviera jugándole chueco a él, su propio padre?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)