Entrar Via

La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 109

Marina lo miró, dudó un poco, pero sabía que si quería su ayuda debía ser completamente honesta con él; además, no era como si no se conocieran; él ya le conocía hasta la sombra.

—Hmm… La verdad es que no necesito dinero, bueno, sí, pero sé que voy a sonar absurda, pero, bueno, vamos por el principio. Esteban, al separarnos, me dejó una buena pensión; él paga las cuentas de la casa, paga todo, me dejó esta casa y hay personal para todo, y ese es el gran problema.

—No entiendo.

—¿Recuerdas que me dejaste en Holbox?

—Sí.

—Él llegó a buscarme con el pretexto de las niñas y de que yo acababa de salir del hospital; por un momento, de verdad, agradecí su gesto, pero algo de lo que dijo ahí, me dejó claro que, mientras él esté pagando las cuentas, yo no seré totalmente libre.

Efraín, estoy separada de él, pero, él sigue ahí, él sigue creyendo que puede venir y dictar cómo será mi vida porque paga todo lo que ves aquí. Incluso los ingredientes de este café y pastel son pagados con su dinero.

Honestamente, ya no quiero eso, quiero mi libertad financiera y seamos sinceros y no lo digas a nadie; he buscado trabajo en internet, al solo tener preparatoria, hay opciones y muchas, pero la paga no es algo que me dé para pagar las cuentas de todo esto.

En otras circunstancias, creo que no sería problema; tomaría lo que fuese, pero tengo dos hijas; con lo poco que pagan, no podría darles la vida a la que están acostumbradas.

Sé que por parte de Diana no tendría problema, pero Renata, ella pegaría el grito en el cielo. Ahora, he pensado en regresar a estudiar, pero es prácticamente lo mismo; cualquier cosa que haga, la seguirá pagando el dinero de Esteban y cualquier esfuerzo que haga se lo adjudicará él y no, no quiero eso, ya me cansé de eso.

Debo admitir que hasta hace algunos meses sentía que me moría, sentía que cada día era un infierno, que me rompía, que mi espalda no podía cargar más esa maldita lápida que parecía que había caído sobre mí. Cada día, me levantaba y me miraba al espejo; ahí solo veía pedazos de alguien que nunca he sido.

Efraín, tú me lo has dicho, tú me conociste de niña; esta no soy yo, la niña que era intrépida no era miedosa, no estaba a la espera de lo que le dieran. Era la que siempre se metía en problemas de los que ella misma salía; sé bien que eran cosas de niños, pero en el presente es lo mismo, solo que ya con cosas de adultos.

Quiero probar mi libertad, mi verdadera libertad y de verdad, de verdad, agradecería mucho que me ayudes. Sé que tú tienes toda la buena intención de solucionarme la vida, pero no quiero que alguien venga y me saque de esta vida y me ponga en otra.

Quiero que me ayudes, eso es lo que quiero, tu ayuda, necesito de tu ayuda para ser la mujer que nunca fui… Porque sí, nunca fui una mujer; porque llamémosle, tontería, idiotez, estupidez o como sea que se le pueda decir, me casé siendo una chamaca, me casé a los 18, ¿qué idea tenía yo de lo que iba a ser?

Tal vez no lo he hecho tan mal, pero seamos honestos, ¿qué idea iba a tener yo de todo lo que era casarse y ni qué decir de qué idea tenía de los verdaderos motivos que llevaron a Esteban a casarse conmigo, ¿no lo crees?

—Bien, mi querida Marina Salas, entiendo todo tu punto, entonces, ¿por dónde quieres comenzar para ser la mujer que quieres ser?

—¿Me ayudarás?

—Ya te estoy ayudando…

—¿Cuánto piensas cobrarme? Antes que nada…

—Hmm… Bien, seamos honestos, ¿te parece si te cobro mis honorarios cuando veas resultados?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)