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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 112

Capítulo 112: De patitas en la calle

Tras la amenaza de Dante, Mercedes se encaminaba hacia su habitación cuando escuchó cómo alguien abría la puerta principal. Aquello le provocó un susto de muerte, pues solo se imaginó que se podría tratar de la señora Florencia regresando a esas horas.

La mujer, sintiendo que el corazón se le salía del pecho, caminó hacia el recibidor, rogando a Dios que no se tratase de ella. Respiró cuando se topó con que no, pero sorprendiéndose con la persona que acababa de llegar.

- Señor Esteban, ¿qué... ¿Qué sucede? ¡La niña...!

¡Dios! Pasé, pasé, ¿está todo bien? -¿Necesita algo? -dijo la mujer al ver cómo el hombre llevaba cargando a su hija en brazos.

- ¡No, Mercedes! Bueno, si, por favor, avísale a mi madre que Renata se quedará unos días aquí.

Avísale, para que me ayude a cuidarla.

Mercedes se percató de que, en efecto, el joven Esteban no estaba enterado de la situación complicada que atravesaban sus padres. A punto estuvo de decirle lo que sucedía, pero al poner uu poco más de atención, notó la mandíbula tensa y el ceño fruncido; aquello era una señal inequívoca de que estaba molesto, que decía ella molesto, furioso; algo había sucedido y no era nada bueno.

Ese tipo de cosas ya las habia visto en el propio señor Montemayor; padre e hijo, para desgracia de la señora Florencia y Marina, tenían la misma manía de demostrar así su molestia.

- Mercedes, voy a llevar a mi hija a mi habitación, ¿está habilitada? -preguntó el hombre con evidente cansancio y molestia a la vez.

- Este... Sí, joven, esa siempre está limpia y ordenada, tal como si usted estuviera.

- Bien, por favor, avísale a mi madre que le eche un ojo a mi hija; yo debo salir, pero tan pronto como resuelva algunas cosas, regreso por ella. Mañana vendré temprano por ella para llevarla al colegio; por favor, ayúdame a alistarla. ¿Podrás lavar su uniforme?

- ¡Ay, Dios! Sí, ahora mismo busco algo que ponerle, no se preocupe... -dijo Mercedes ya en la habitación de este hombre.

La pobre Renata se había quedado dormida luego de llorar por largo rato; la pobre no podía creer que2/6 Lorena la hubiera dejado abandonada en el colegio, le costaba entender que una mujer tan bella como ella y que se había portado tan buena en otras ocasiones, hoy la hubiese olvidado.

La niña había visto cómo su madre había ido a recoger a su hermana Diana; încluso desde lejos, Marina le había saludado, pero ella, pensando que, si Lorena la veía saludar a su mamá, no le gustaría o se sentiría mal, la ignoró y se metió al colegio.

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