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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 114

Ante aquella escena, Esteban camina rápidamente hacia la mujer, la toma del brazo, la saca de la cama, la lleva a la bañera, ahí la deja tirada en el suelo bajo el chorro de agua fría y sale de ahí antes de cometer una locura.

Esteban tiene claro que este tipo de escenas jamás las hubiera vivido con Marina; ella jamás; más bien dicho, nunca. Nunca hubiera permitido que alguna de sus hijas estuviera en peligro.

Marina jamás se habría olvidado de alguna de sus hijas; ella, estuviera como estuviera, hubiese visto cómo hacerle para ir por ella, inclusive, si ella no podía ir a recogerla, hubiese visto quién fuese por ella. No es como si nunca se hubiese presentado la situación, pero Marina sabía manejar este tipo de cosas.

Ahora, lo que más le estaba molestando a Esteban, era que Lorena no estaba trabajando, no estaba haciendo nada, solo estaba ahí, en el apartamento. ¿Qué podía ser más importante que ir por su hija? ¿Es que acaso todo lo que mostraba en los meses anteriores era fingido?

Por un momento se pone a pensar en si esto es lo que de verdad quiere para su futuro. Su vida está hecha un maldito caos; lleva menos de dos semanas divorciado y su vida presenta más problemas que cuando estaba casado. Ahora le debe agregar que se acaba de dar cuenta de que Marina siempre tuvo razón: Renata es una niña caprichosa e inconsciente; si no le comienzan a poner reglas, en la adolescencia se convertirá en un problema mayor.

¿De verdad esta es la vida que quiere para él y su familia? ¿Esto es lo que quiere de ahora en adelante? ¿Ya es demasiado tarde para cambiar de opinión?

Mientras este hombre permanece sentado en la orilla de la cama, dentro de la bañera, Lorena comienza a despertar al sentir cómo el frío cala en su cuerpo. Aún mareada, abre de a poco los ojos; al hacerlo, el piso se le mueve y se topa con el frío del mármol con el que está tapizada la bañera. No sabe bien qué sucede, pero todo ahí se mueve e inmediatamente el estómago se revuelve; corre al escusado y saca lo que su cuerpo rechaza.

Luego de aquello, se enjuga la boca, mientras que toda ella está temblando. Torpemente se retira su ropa mojada y, como puede, se envuelve en una cálida y seca toalla. No sabe bien cómo llegó ahí; lo único que recuerda es el fuerte dolor al estrellarse contra el piso, al salir del baño en búsqueda de ropa para cubrirse, aun con las manos temblorosas. Claro efecto del alcohol. Se topa con la mirada furiosa de Esteban.

Ella, al verlo, en primera instancia, no capta nada de por qué se encuentra así, pero al escuchar la pregunta que este le lanza, siente un escalofrío recorrerla y no precisamente es por la borrachera que se ha puesto.

—¿Dónde demonios está mi hija?

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