—Bien, entonces, compraremos esa casa, pero, Efraín, necesito que hagamos un contrato; yo te voy a pagar hasta el último peso que me prestes. Como te dije, no quiero que me regales nada; de ahora en adelante, quiero que lo que tenga o en lo que me convierta sea por mérito propio.
—Siempre ha sido así… ¿Por qué crees lo contrario?
—¿Cómo?
—Pues tú quisiste casarte y esa fue tu decisión, ¿o me vas a decir lo contrario?
—Bueno, ya si lo pones de ese modo, tienes razón, yo misma quise ser la mensa que se metió en todo este lío y…
—Nunca dije eso…
—No es necesario que lo digas, el cambio comienza desde que aceptas tus errores, ¿no? Yo acepto que cometí el error más grande de mi vida, pero… solo hay algo de lo que no me voy a arrepentir, aunque eso me pone en conflicto.
—¿Qué?
—Mis hijas… Amo con todo mi corazón a mis hijas… Las amo, las adoro, no concibo mi vida sin ellas, pero me duele darme cuenta de que su padre, mmm, bueno, no tiene caso sacarlo a colación; mejor pensemos que por mensa estoy donde estoy, pero que voy a salir de aquí. ¿No crees?
—Creo que mejor nos debemos enfocar en todo lo que debemos hacer; creo que le pediré a Patrik que venga unos días a México. —dijo Efraín pensando en voz alta.
—¿Patrik? ¿Quién es Patrik?
—Es un viejo amigo, él es quien se encarga de todos mis temas contables, él maneja mi dinero y compra todo lo que le pido. ¿Por qué la pregunta?
—Pues no me sonó el nombre.
—Como sabrás, soy un importante CEO de una gran compañía y, bueno, tú sabes, en ocasiones estoy atareado…
—Algo vanidoso el joven…
—Solo un poco, no, no es eso, pero pensándolo bien, Patrik es quien te podrá ayudar con todo el tema de la compra de la casa; además, creo que te podrá asesorar con el tema del café.
—No quiero ser una molestia…
—Nunca lo serías, cariño, solo que yo no puedo estar en todo el proceso, pero conozco quién sí; además, él trabaja para mí, solo debo decirle qué es lo que necesito y listo, ¿qué opinas?
—Pues tú sabes más del tema que yo; prácticamente estoy en tus manos. —dijo Marina sintiendo que podría estarle ocasionando problemas innecesarios.
—Permíteme, ahora mismo llamaré a Patrik y le pediré que mañana tome el primer vuelo a México y se programe una visita de al menos 15 días aquí, para que te ayude con todo lo de la casa y el papeleo del café. —dijo Efraín sacando su móvil y buscando un contacto.
Marina solo observó cómo aquel joven, sin pena, rápidamente llamó a alguien y tuvo una conversación en inglés, de la cual no entendió ni una sola palabra, pero, por la cara y la sonrisa de este, supo que no debía tratarse de nada malo.
—¡Listo, cariño! Patrik llegará a México mañana; él cree que estará aquí como a las 2:00 o 3:00 pm, así que pueden verse para comer o algo así. Trataré de despejar mi agenda y salir con ustedes; en todo caso, quedé de compartirle tu dirección para que él pueda llegar a tu casa. ¿Te parece?
Marina mordió su labio inferior, se sentía una total tonta; ella podía decir que sí, pero aja, ¿y cómo se comunicaría con Patrik si no hablaba ni una gota de inglés?
—¿Qué sucede, cariño? —preguntó Efraín al ver la contradicción de aquella bella mujer.
—Efraín, creo que… Bueno… —dijo Marina mirando hacia el suelo.
—¿Es por eso que no quieres? —preguntó el hombre levantándole el rostro por el mentón.
—Sí, soy una mensa, nunca puse bien atención a esa clase y luego… Nunca fui buena, ahora mírame, nunca… ¡Ay, Dios! —¡Soy una reverenda idiota! ¿Verdad? —dijo Marina dejando caer lágrimas que se le brotaban al sentirse humillada por sí misma.
—Cariño, yo no te estoy juzgando por eso, pero qué bueno que salió el tema a colación; hoy día no es necesario que te sepas un montón de idiomas. Ya hay un montón de cosas para esa parte, pero es emocionante no depender de la IA.
Aprender inglés u otro idioma, si quisieras, bien podría entrar en esa lista de deseos, ¿no lo crees? —dijo Efraín como si se tratase de cualquier cosa.
Marina lo observó con sorpresa, puesto que esa no era la respuesta que esperaba de él. Ella se sentía minúscula, pues recordaba que cuando solía acompañar a Esteban a reuniones, solo iba con personas que hablaban español, pero si se trataba de personas extranjeras, él prefería ir solo, pues ella no era buena en eso y no le solía ser de utilidad; al contrario, se sentía atado a ella y se distraía de sus verdaderas ocupaciones.
—No sé cómo podría comunicarme con Patrik…
—Cariño, Patrik habla español y muy bien. Él es el hombre de toda mi confianza, es mi mano derecha; sé que, si no estoy, él es quien puede resolver mi vida y lo voy a poner a tu disposición. Le voy a contar los pormenores y tú serás quien decida todo; él solo te guiará sobre lo que será lo mejor que podrás hacer con tu dinero. ¿Qué opinas?
Marina lo vio y, en lugar de dejar de llorar, el llanto aumentó mucho más. Ella no sabía qué había hecho en la vida para merecer a alguien así en su vida, pero definitivamente lo necesitaba, de verdad que lo necesitaba.
Por primera vez en el poco tiempo que llevaban juntos, ella fue quien lo atrajo hacia sus labios y lo besó. Sintió la necesidad de probar sus labios, de sentir su aliento, de sentir su respiración, de oler su colonia, de sentirlo cerca, muy cerca de ella.
Tras aquel apasionado beso, él tuvo que detenerla, pues de no hacerlo, se le iba a olvidar que estaban en casa de ella y no, simplemente ahí no podían hacer nada. No por él; a él le importaba un bledo que esa fuese la casa que compartió con Esteban; es más, le resultaría bastante interesante hasta como venganza personal dormir en la misma cama que él, pero no se trataba de eso.
Él era un niño cuando sus padres se separaron; él vivió el divorcio muy mediático de sus padres, más porque su abuelo, don Evaristo Montemayor, jamás estuvo de acuerdo con eso y su madre terminó siendo la que más perdió.
Efraín más que nadie sabía lo que un niño sufre con una separación y no quería que las hijas de Marina vieran cómo su madre recién divorciada comenzaba una nueva vida y creyeran que las estaba desplazando u olvidando.

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