—No, no la defiendo, solo pongo los hechos como son. Mira, amigo, sé que no estás ebrio, sé que aún razonas bien y solo quería que vinieras conmigo a platicar. Lorena siempre ha sido así, solo que te has negado a verla como es realmente; para ti, Lorena es la perfección andante, la de la cara bonita, pechos perfectos, operados, pero perfectos, culo bastante bonito…
—¡Armando! —dijo Esteban en tono de advertencia.
—¿Qué? ¿Acaso digo mentiras? Ella no se inmuta en eso y lo sabe, sabe lo que tiene y dónde lo tiene… Es una mujer interesante, puede platicar contigo de millones de cosas, puede desenvolverse con facilidad; te sentías orgulloso de llevarla del brazo y no me mires así, que solo estoy repitiendo lo que tú me decías.
Ni lo niegues, que hace meses se te ponía bien dura nada más de pensar en las noches que pasabas con ella; hasta yo me daba cuenta. Eso no te pasaba con la flácida y frígida mujer, bueno, ahora exmujer.
Ahora bien, hablemos en serio y comparémosla un poco con Marina… Marina, Marina, Marina, ¿qué tenía Marina?
Ella es una simple chica de pueblo, no tiene chiste. ¿Es bonita? Hmm, sí, sí es bonita. Estaba gordita; el embarazo gemelar la dejó bastante gordita, pechos caídos. ¿Cómo no iba a suceder? Tus hijas crecieron gorditas y bonitas.
Tu ahora exmujer se puso terrible: ojeras, cabello muerto, pálida, mal peinada, ropa holgada y la mayor parte del tiempo con manchas. Nunca usaba tacones y ni digamos del vientre abultado; seamos honestos, una mujer así no se antojaba para coger y deja de ponerme esa cara, tú una vez lo dijiste.
Pero bueno, ahora que bajó de peso, se ve, digamos, atractiva, sí, honestamente, te entendía cuando decías que te daba pena que te vieran con ella.
Digo, aún recuerdo que cuando mandabas a tu asistente a comprarle algún vestido para algún coctel o cena, debías pedirle buscar en talla L o XL y debía ser holgado; no podía ser pegado o se vería como chica de esquina de “La Merced”, pero, dejando de lado el físico, hablemos de lo intelectual, de eso, pues se quedaba muy corta.
Supongo que diste por sentado que ella era mamá, esposa y llevaba la casa de manera magistral, así que no necesitaba nada de eso, ¿verdad? Era claro que te fue cómodo; no me cae bien, la verdad, Marina no me agrada, se me hace una mujer estúpida, bastante estúpida, pero no por eso le voy a venir a tirar m****a; digo, soy adulto y debo reconocer que ella al menos es buena en varias cosas que Lorena nunca podría serlo.
Lorena es una mujer preparada; es obvio que no le va a gustar una vida como ama de casa. —dijo Armando sabiendo que todo lo que decía lo echaría a la basura la moral de su amigo, pero que tenía que escucharlo.
—Lorena quiere riqueza y poder, eso es lo que quiere; todo estuvo bien mientras yo era el CEO en el grupo Montemayor, pero ahora que ya no lo soy, ella me ve todos los defectos, ella ya no me mira de igual manera.
Armando, yo he perdido y mucho; ella no lo ve, pero yo perdí mucho y sabía que algo así sucedería, pero ¿crees que me importó ¡Claro que no! Yo solo quería regresar al punto donde ella y yo nos quedamos; ahora, ahora mi maldita vida es un mierdero, debo tolerar la presencia de Ángel, el cual ya nada más estoy viendo a qué hora se le ocurre meterse con Marina. —dijo Esteban con dolor y resignación ante lo que era más que obvio.

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