Luego de escuchar lo que dijo su amigo, Armando reaccionó y dijo:
—¿Crees que aún tenga en la cabeza a Marina? Digo, conocemos a Ángel, no es un tipo que ande con una sola mujer… Todo el mundo sabe que no es alguien de fiar; Marina sería una tonta si cae en sus garras.
—Marina no lo conoce tan bien como nosotros, ¿recuerdas que llevaba años sin venir a México? El maldito tiene labia, ¿tú crees que no sería capaz de meterse con ella solo por joderme?
—Bueno, Esteban, amigo, tú fuiste el primero que se metió con ella y bien sabías que a tu primo le gustaba tu exmujer.
—Sí, pero ¿sabes cuál hubiera sido el resultado de aquello? ¿Verdad?
—¿Qué? ¿La hubiera usado y desechado?
—Aunque suene mal, sí, él no era alguien que se quedara con alguien como Marina.
—Hmm, la verdad, ya viendo las cosas con frialdad, a pesar de que no soy partidario de tu exmujer y que la considero una mujer estúpida, pobre, de los dos, no hay ni a quién irle, de verdad, no hay ni a quién irle. —Armando hizo énfasis en esas pocas palabras.
—¿Qué cosas dices? ¡Yo siempre la cuidé ¡Yo no soy un monstruo como Ángel!
—¿Estás seguro de lo que dices?
—Estoy completamente seguro de que, de ser por Ángel, él hubiese enamorado a Marina, la hubiera usado hasta aburrirse y luego se hubiera ido del pueblo sin volver nunca más. ¿Cuántas mujeres no han pasado por él? Tú lo sabes bien…
—Tal vez con Marina era diferente…
—No, no lo creo, Ángel no sería buena persona por nadie, créeme, ese nunca sería bueno por nadie; quedó traumado con el divorcio de sus padres.
—Bueno, pero nos estamos desviando del tema, ¿qué vas a hacer ahora?
—¿Con qué? —preguntó Esteban con duda.
—Con Lorena, claro.
—Le di una semana para irse de la casa. —dijo Esteban sin pensarlo más.
—¿Y luego? ¿Estás seguro?
—Sí, créeme, eso lo supe desde que estuvimos en Hawái, pero no dije nada. Ahora lo tengo claro: ella nunca, nunca, créeme, nunca será exclusiva para mí; ella solo quiere lo que yo le pueda dar.
El día que no pueda darle una buena vida, o la vida que ella cree que se merece, me va a cambiar. ¿Sabes qué me dijo? Que ella no fue criada para ser criada.
—Sí me lo dijiste hace un momento… —dijo Armando tomando un trago de su bebida.
—¡Por Dios! No sabes lo ridícula que me sonó. Ella nació en una familia humilde; yo me enamoré de ella porque la veía inocente, soñadora; en ese entonces, no estaba hambrienta de dinero o posición.
—Bueno, seguro que lo que vio cuando eran estudiantes le gustó y no quiere volver a lo que era antes; no puedes culparla por eso. Tú, mientras estuvieron en la universidad, le mostraste una vida llena de lujos y dinero; tú pagabas todos sus gastos como si ya fueran esposos.
—¡Es que prácticamente ya lo éramos!
—No lo sé, he pensado que lo mejor será regresar con Marina…
—¿Marina? ¡Diablos, Esteban! ¿Crees que ella te va a perdonar?
—Sé que lo hará… —dijo Esteban muy tranquilo.
—¿Por qué estás tan seguro?
—Porque ella me ama, siempre lo ha hecho. Yo tenía todo estando con ella; podríamos volver, todo volvería a la normalidad, las niñas tendrían un hogar y todo esto sería como si nada hubiera ocurrido; esto solo sería un bache.
—Esteban, amigo, yo no estaría muy seguro de que eso sea lo correcto. Por si no recuerdas, pasaron muchas cosas, le hiciste muchas cosas.
—Por el bien de las niñas, lo mejor será que Marina y yo regresemos. Sé que si hablo con ella y le explico que ya terminó lo que sea que hubo con Lorena, ella lo entenderá; sé que no será fácil, pero no es nada que no podamos enfrentar.
Con ello, pienso que Carlos Casseres podrá ver mi compromiso y mi padre podría regresarme al puesto de CEO en la compañía. Ángel no tendría de otra que regresar a su trabajo de m****a como corredor de bolsa.
—Yo no estaría tan seguro de que Marina esté dispuesta a aceptar.
—Yo creo que sí, es más, podríamos volvernos a casar, una segunda luna de miel; esta vez podría llevarla a las Maldivas, Santorini, Hawái, algo así. Ella es una romántica empedernida; ella, créeme, sé cómo hacerla volver.
El amigo movió la cabeza en negación; sabía que su amigo se estaba aferrando a algo que sonaba bien, pero que no era la solución. Era como ver y oír al mismo joven de 25 años que estaba por cometer la misma estupidez.
La cosa aquí era: ¿Marina sería la misma jovencita, ahora mujer estúpida, que fue hace poco más de 9 años atrás?

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