Un par de horas antes
Tal pareciera ser que hoy pintaba para ser un día lleno de emociones fuertes para varias personas; uno de ellos era Esteban, quien apenas había dormido un par de horas, las cuales, honestamente, no le habían servido de nada.
Con dolor de cabeza, tuvo que obligar a su cuerpo a levantarse, darse un baño y alistarse para ir a recoger a su hija a casa de sus padres, puesto que ya tenía suficiente con la discusión de ayer con Lorena como para ahora tener una con su padre por llevar a su hija sin avisar.
Tan pronto como llegó a casa de los Montemayor, se topó con Dante, quien fumaba tranquilamente un puro mientras, irónicamente, respiraba el aire puro que despedía el jardín cuidado por su madre.
Esteban esperaba una reprimenda, pues era claro que a estas horas ya debía haberse dado cuenta de que su hija estaba en casa.
—Hueles a destilería, ¿piensas llevar en ese estado a mi nieta?
—Estoy bien, solo tomé unos tragos anoche; ya sabes cómo es el whisky.
—Procura no repetir esta escena nuevamente. —dijo Dante seriamente, mientras le daba una calada a su puro.
—¿Está mamá dentro?
—Por ahí debe andar… —dijo Dante observando a su hijo como si midiera cada uno de sus movimientos.
—¿Qué sucede?
—¿Qué hace Renata en casa?
—Tuve unos contratiempos en casa y pensé en traerla aquí para que mi madre la cuidara; solo será una semana en lo que arreglo todo.
—¿Problemas con la mujerzuela con la que vives?
—Eso ya se resolvió. —respondió Esteban secamente.
—¿Crees que eso se resuelve tan fácilmente?
—Sí.
—Bien, no quiero escándalos, Renata puede quedarse en casa todo el tiempo que quieras, por mí no hay ningún problema, ella necesita un hogar de verdad. ¿Me entiendes?
—Voy a trabajar en ello, padre. —respondió Esteban sabiendo a qué se refería Dante con claridad.
—Bien. Le pediré a Carlos o Emilio que lleven a Renata al colegio todos los días para que no tengas que desviarte tanto para ir a la oficina y llegar en tiempo.
—Ya lo he resuelto, padre. Vendrá por ella Paco; luego de eso me irá a alcanzar al grupo.
—Bien, no quiero que descuides tus ocupaciones.
—No debes preocuparte por eso, no pretendo darte más preocupaciones. Créeme, lo de Lorena se ha resuelto y busco resarcir todo el caos que he generado.
—Esa voz me agrada, tus hijas necesitan crecer en familia, tal como debe ser, ¿acaso no es lo que aprendieron en esta familia?
—Sí, padre…
—Te he dejado ver el resultado de tus decisiones; sabía que aquello solo era una calentura, así que será mejor que arregles el desastre que hiciste. Si lo haces con propiedad, creo que las cosas poco a poco podrían regresar a su sitio. ¿Entiendes bien a lo que me refiero? ¿Verdad?
—Renata… Por la tarde, vendrá Paco a recogerte; él te llevará a casa de los abuelos. Esta semana vivirás ahí, ¿entendido?
Aquí fue donde a Renata le brincó algo, pues se suponía que Lorena era quien de ahora en adelante vendría por ella; además, se suponía que vivirían con ella. ¿Por qué Paco la vendría a recoger? ¿Por qué debía vivir con sus abuelos? ¿Qué estaba sucediendo?
—¿Por qué no viene por mí la señorita Huesca? ¿Está molesta conmigo? —finalmente habló Renata, volteando a ver a su padre consternada.
—Esteban se acercó a ella, se puso en cuclillas para verla mejor y dijo:
—Lorena Huesca ya no vendrá a recogerte; ella y yo hemos terminado, lo nuestro no funcionó. Ella se mudará de mi casa en unos días, así que ya no la verás más, ¿entendido?
Renata abrió los ojos de sobremanera. ¿Cómo podía ser? Ella quería ser como Lorena. En la mente de la niña, estaba que era importante para esa mujer; ella misma se lo había dicho en otras ocasiones. ¿Por qué su padre le negaba esa oportunidad? ¿Qué rayos había hecho su mamá?
—¡NOOO! ¡Tú no puedes dejarla! ¡Ella es mi nueva mamá! ¡No! Tú no puedes… —dijo Renata consternada.
—¡Renata! —¿Qué te sucede? —dijo Esteban un tanto sorprendido.
—¿Es por mi mamá? ¿Verdad? ¿Te amenazó? ¿Verdad? ¿Qué te dijo? ¿Te quiere alejar de nosotras? Tú amas a la señorita Lorena; tú no puedes hacerla sufrir, tú dijiste que la amabas, no amas a mamá. ¿Por qué… —¿Por qué no haces esto? —dijo la niña, perdiendo el control y comenzando a golpearlo en el pecho como berrinche.
Esteban se quedó sorprendido ante aquella reacción; las madres que iban a dejar a los niños al colegio se lo quedaron viendo sorprendidas ante la actitud de la niña. Él no sabía cómo controlarla; es más, no sabía que ella se podía poner así.
—¡Eres malo! ¡Eres malo! ¡Eres tonto! ¡Eres tonto! Si regresas con mamá, no te lo voy a perdonar… —dijo la niña soltándole una fuerte bofetada al tiempo que corría para no ver la reacción de su padre.
Esteban se quedó ahí, pasmado, no sabía cómo reaccionar, no sabía qué hacer, no sabía qué se hacía en esos casos, ¿qué se decía? ¿Qué se hacía? ¿Cómo se controlaban esos arranques? Pero algo era seguro: Renata sentía una ira y rencor muy profundos por su madre y eso solo una persona podría habérselo infundido; no tenía que ser muy listo para saber quién fue.

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