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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 122

Lina se despertó a regañadientes. Cuando recién comenzó ese trabajo, le encantaban ese tipo de eventos, pues podía codearse con personas de la farándula, uno que otro artista, uno que otro galán de novela y cosas así, pero, una vez que supo que aquellos hermosos especímenes estaban restringidos bajo contrato, aquellos eventos le dejaron de ser tan interesantes.

Como pudo, la mujer se deslizó a la bañera, dejó que el agua se llevara su somnolencia y cansancio, su desvelo y pocas ganas de existir hoy; los pies aún le punzaban, más bien, los talones. Eso de caminar: “punta, talón, punta, talón” era cosa de admirar, pero también de pensarse más de una vez.

Con pesar terminó de arreglarse lo mejor que pudo, salió para la oficina y, al llegar, se topó con algo que no hubiese imaginado.

—¿De… ¿De quién es esto? —preguntó Lina a su joven asistente.

—Es para usted, señorita Salas… Lo trajo, déjeme ver, déjeme ver… ¡Ah! ¡Sí! Lo trajo un tal Alessandro Vélez… —dijo la chica con orgullo, pues nunca había recibido un arreglo tan bonito como ese por alguien que no fuese del trabajo.

Lina se quedó mirando el arreglo y no solo eso, también el café que olía delicioso y un croissant que olía a manjar de dioses, lo cual su estómago no pudo evitar pasar desapercibido.

—Dalia, si te gustan las flores, puedes llevártelas a tu escritorio; yo solo me quedaré con el café y el croissant… —dijo Lina, poniendo un gesto serio que no admitía negativas.

—Sí, señorita… —dijo Delia entrando y retirando rápidamente las flores.

Delia no entendía por qué rechazaba aquel hermoso detalle, pues el hombre que las había traído era tan atractivo que ni ella misma podría haberle dicho no en persona.

Toda esa escena no pasa desapercibida por sus compañeros de trabajo, quienes la miran con asombro, pero no dicen nada. Muchos compañeros han deseado invitarla a salir, pero tal vez es el carácter de Lina o el espíritu guerrero con el que cuenta que siempre terminan desistiendo antes siquiera de intentarlo. Ver que alguien la anda cortejando deja claro que hay algún valiente que, si se ha atrevido, todos se preguntan: "¿Quién será?".

Por otro lado, ya dentro de su lugar de trabajo, Adelina debe admitir que se siente confundida; ella ha dejado de escribirle a Alessandro, ya no envía textos, ya no le llama, no hay notas de voz, ya no hay nada; para ella es mucho mejor así, no quiere meterse en algo que sabe bien que no terminará nada bien, al menos no para ella.

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