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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 124

Doña Eugenia sentía que el alma se le iba, sentía que el corazón se le rompía; su niña, su pequeña, su viva imagen se le iba. Sus otras dos desconsideradas hijas siempre la hacían a un lado y la hacían pasar cada disgusto, pero su Paulina no, ella no.

Ella, tal como cuando llegó a este mundo, ella llegó a completarlo, llegó para que no se sintiera sola, pero hoy que se volvía a ir, le rompía el corazón.

Ella no lo decía abiertamente, pero de sus tres hijas, consideraba que Paulina era la mejor; su Paulina era su favorita. ¡Cómo no iba a serlo! Sí, Paulina era su viva imagen y la que mejor había seguido sus consejos.

Paulina era su mayor orgullo; no como Marina, que se casó muy jovencita, había dejado su vida estudiantil a medias y todo, ¿para qué? Para que ahora mismo, sin importarle nada, ni sus hijas, mandara todo al carajo aceptando el maldito divorcio.

Tampoco podía decir mucho de su Adelina, quien no se tomaba la vida en serio y solo vivía de sueños locos.

Para Eugenia, Paulina era su mundo; ella estaba viviendo lo que ella no vivió, ella estaba viviendo lo que ella no se permitió.

Muchas veces se maldecía por dentro, pues de no haber sido tan aferrada y tonta en su debido momento, ella podría haber tenido una vida mejor y, no es que Rigoberto le hubiera dado mala vida, no, pero si tuviese que hablar con honestidad, ella podría haber tenido una vida mejor, merecía una vida mejor.

Fernando era amor, era pasión medida, claro, hasta donde se podía; eran locuras, eran aventuras y con Rigoberto era amor, amistad, cariño, comprensión y, claro, estabilidad, tranquilidad y un techo, uno que él mismo construyó y que hasta hoy, ahí seguía, pero aun con todo ello, ese amor no la llenaba.

Cuando nació Paulina, la vio tan bonita, tan chiquita, tan parecida a ella; al instante supo que la guardaría para ella. Conforme creció, se dio cuenta de que esa niña era su vida, era la vida que ella no vivió, así que sin darse cuenta, poco a poco la fue moldeando para una vida que ella no vivió.

Esta, como todas las ocasiones, se le partía el corazón y solo se aferraba a la idea de que iría a verla tan pronto como pudiera, tan pronto como encontrara el pretexto para hacer un viaje tan largo, aunque claro, hoy día, las cosas no estaban para esos viajes largos, no cuando tus otras dos hijas no hacían otra cosa que darte dolores de cabeza.

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