Florencia miraba hacia la puerta de aquel apartamento; aún conservaba la esperanza de que Soraya o alguno de sus escoltas aparecieran, pero nada, nadie llegó en ese momento en su ayuda.
Finalmente tuvo que resignarse a su realidad; el hombre frente a ella tenía los ojos bien puestos en cada movimiento que pudiera dar en falso. Ella supo que no valía la pena poner resistencia; el resultado podría ser mucho peor, incluso, el resultado podría alcanzar a su nieta, quien sabía Dios por qué había llegado a manos de Dante Montemayor.
—¿Entonces, Florencia? ¿Cuál es tu decisión?
Florencia cerró los ojos por un segundo; sabía que no había mucho por lo que luchar. Esta era su vida, su maldita vida; este era el resultado de sus acciones en el pasado. Ella era una escuincla tonta e inmadura. Esta visa solo era el resultado de algo que ella misma se había provocado años atrás; jamás debió poner sus ojos en aquel apuesto caballero de ciudad. Bien se lo había dicho su abuela: los Montemayor no eran gente de fiar y bien lo sabía esa mujer con solo mirar.
—Vamos a casa… —dijo Florencia con una voz cargada de pesar y resignación.
Tras aquellas palabras, ella esperaba en cualquier momento el primer golpe, el primer insulto o jaloneo, pero no, nada de eso llegó. Al contrario, el hombre puso su brazo para que ella se apoyara en él al caminar.
—¿Ya ves cómo todo es más fácil así, mi querida Flor?
Florencia sintió náuseas de escuchar cómo la llamaba, pues así era como lo hacía cuando la conquistó, cuando era una maldita escuincla, boba, tonta y loca. Sí, una loca, porque solo una loca taparía con un dedo lo que no se puede tapar.
El que ese hombre se mostrara tranquilo y servicial en ese momento, Florencia lo sabía muy bien, solo era puro teatro; eso ya lo conocía. Su intención en la calle era mostrarse como una pareja enamorada, tranquila y apacible; la intención de aquello era generar buenos comentarios y no llamar la atención, pues de obtener un resultado contrario, conocía muy bien las consecuencias.
Con esta escena nada fuera de lo común, quedaba claro que no había nadie que pudiera ir en contra de los deseos de Dante Montemayor y que 35 años de matrimonio eran lo suficientemente válidos y poderosos para seguir juntos.
Florencia, con cada paso que daba hacia la salida, respiraba profundo y lo dejaba salir casi en silencio, tal como si Dante pudiera escucharla. En su mente estaba que estuvo a casi nada de probar la libertad, pero ese, ese era un lujo que una mujer como ella no se podía dar, ese era un sueño que jamás sería completamente suyo.
Por otro parte, Soraya comenzó a ver que el tiempo que estaba cerrada la calle era absurdo, los trabajadores no hacían nada por reparar lo que seguin debía ser reparado, el sonido de los múltiples cláxones sonando comenzaba a molestarle, luego una idea llegó a su cabeza. ¿Qué tal si todo esto era un truco para distraerla?
Su sospecha se hizo más fuerte cuando comenzó a llamar a Florencia para avisarle del imprevisto y esta, esta simplemente no respondía su móvil; intentó en el teléfono fijo, pero nada, nadie tomaba la llamada.

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