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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 129

Efraín debía admitir que él quería desquitar su ira y frustración en el hombre que se encontraba sentado ahí frente a él. Su arrogancia le causaba repulsión y su simple presencia le provocaba cierto fastidio, pero, ante todo, debía guardar muy bien las apariencias; si quería que su plan siguiera como hasta ahora, no podía dejarse llevar por sus emociones.

—Y bien, dejémonos de cortesías y rodeos innecesarios. ¿Cuál es el motivo de tu visita? No tenía agendada una cita contigo; sé perfecto que necesitamos tener una charla, pero entenderás que me has dejado muy clara tu postura.

Efraín hizo una pausa mientras tomaba de un solo jalón el whisky que se había servido. Aquella acción no pasó desapercibida por Esteban, quien mentalmente se decía a sí mismo que Ángel seguía siendo el mismo idiota alcohólico e irresponsable de siempre.

—Esteban, seamos honestos, quitémonos las máscaras; aquí en la oficina no hay nadie, no está tu padre, podemos hablar sin filtros. —dijo Efraín con una calma medida, pero no del todo, pues sus palabras llevaban un filo implícito. —Tú lo que de verdad esperas es que yo dimita como CEO y te voy a decir algo…

Efraín hizo otra pausa para tomarse otro trago de un solo golpe.

—Eso solo va a suceder si tu padre me lo pide; yo no puedo hacer lo que tú tanto deseas y lo sabes bien… ¿Por qué insistes en poner al personal de confianza en mi contra? Sabes bien cuál será el resultado; yo los observaré, anotaré en una lista su nombre, se la pasaré a recursos humanos y no me importará si tiene uno, dos años o incluso la vida completa laborando aquí; los voy a despedir.

Tras esos tragos, Efraín sintió que la rabia que sentía sobre lo que había sucedido con su tía poco a poco se calmaba con el calor del alcohol que había entrado en su organismo, así que, sin más, tomó asiento delante de Esteban con la misma arrogancia que este lo había hecho al irrumpir en su oficina.

—Te voy a decir algo, Esteban, y eso te lo digo como familia: tienes dos opciones. La primera es que te comportes como lo que eres y trabajemos juntos; o la segunda, tienes hasta hoy por la tarde para recoger tus cosas y entregar tu renuncia.

—Si entrego mi renuncia, no tienes quien me supla; mi padre jamás lo permitiría… —dijo Esteban muy seguro de su posición privilegiada en la compañía.

Efraín sentía que necesitaba otro trago, pero no, no debía mostrar sus debilidades delante de aquel hombre en el que en el pasado confió.

—Te equivocas, recordarás que soy el CEO de esta “gran compañía”. —dijo Efraín con ironía. —Yo decido quién se va y quién se queda. No necesito pedir permiso y sí, sí puedo suplirte muy fácilmente; de hecho, Patrik Stuart no debe tardar en llegar su vuelo a México. Tú sabes muy bien que él es tan bueno como tú, así que no tientes a la suerte.

Esteban conocía muy bien a ese hombre; se hablaban maravillas de él en Nueva York y más aún de la dupla que hacían Ángel y Patrik entre la bolsa y el mundo de las inversiones, así que sí, su primo no iba a bromear. Él en un abrir y cerrar de ojos lo podía sustituir; es más, no sabía qué venía a hacer ese hombre aquí, pero su presencia le dejaba claro que su primo no estaba jugando a hacer como que trabajaba; él, era claro que venía por algo.

—Solo quiero que te quede claro que no estoy muy a gusto con la situación. —Finalmente —dijo Esteban, haciendo como si cediera un poco ante la situación.

—Eso lo hubieras considerado antes de todos tus escándalos... —dijo Efraín no creyendo en una sola de sus palabras.

—Eso no debería ser de tu incumbencia; mi vida personal es mía y de nadie más.

—Primo, no se te olvide que, en los viejos tiempos, ¿quién decía que ante todo contaban las apariencias?

—Bien, ya te he dedicado hora y media de mi tiempo, ahora, ¿podrías dejarme trabajar? Tengo muchas cosas que hacer, ah, y no se te olvide, yo no estoy aquí porque me interese Marina Salas; eso es parte del pasado. Seamos honestos, si en el pasado te eligió a ti sin pensar, ¿qué te hace pensar que ahora me deba interesar?

Efraín hizo una pausa para decir algo como si ya hubiese anticipado lo que llevaba en la cabeza su primo.

—Si estoy aquí es como un favor a mi madre y nada más, solo estaré medio año y me regreso; tal como recordarás, no me gusta estar encerrado en este lugar, menos con mi padre laborando aquí.

Esteban se levanta de su silla y dice:

—Me da gusto que hayamos podido poner las cartas sobre la mesa. Ahora bien, solo para dejarte más tranquilo, voy a trabajar contigo este medio año; sé que cumplirás con tu palabra, sé cuánto odias la Ciudad de México y los malos recuerdos que tienes aquí, pues, aunque no lo creas, eres mi primo y en algún momento te estimé.

Te puedo asegurar que bien podría ser menos el tiempo que debas estar en México. He terminado mi relación con Lorena y busco regresar las cosas a como estaban y eso, eso incluye a mi mujer…

—Marina, hasta donde sé, ya no es tu mujer… —dijo Efraín sin levantar la vista, mientras revisaba unos documentos.

—Eso va a cambiar, ella es y siempre será mi mujer. —dijo Esteban con orgullo y sabiendo que con eso dejaba claras sus intenciones de tomar control de todo lo que ya no era suyo.

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