Luego de aquella fructífera y larguísima reunión, Lina fue a dejar a su hermana en casa, se despidió rápidamente, pues ya estaba agotada y al día siguiente debía ir a la oficina.
Lina se percató de que Efraín iba muy en serio con el tema de su hermana. Ella no podía dar crédito a lo que Marina le había contado; le resultaba increíble pensar que Marina estuviera en algo con Efráin, no porque fuese imposible, más bien era porque hasta hace unos meses, Marina sentía que la vida se le iba de solo pensar que Esteban la había dejado por su “verdadero amor”.
Aquí fue donde se le vino a la mente la plática que había tenido por teléfono con Efráin; aquello había ocurrido mucho antes de que Marina y él se encontraran.
---Semanas atrás ---
Lina se arreglaba para por fin ir a dormir, cuando de pronto un número desconocido apareció en la pantalla de su móvil.
—¿Hola?
—¿Adelina Salas?
—¿Quién la busca?
—Ángel Forcelledo…
—¿Angelito? —preguntó Lina sorprendida.
—Hace mucho tiempo que no escuchaba que alguien me llamara así. —Se escuchó una voz con algo de nostalgia.
—¡Wow! La verdad es que no esperaba una llamada tuya…
—¡Lo sé! Me lo imaginé. Me ha costado un poco conseguir tu número telefónico. ¿Cómo estás?
—Bien, cariño, bien. ¿Y tú?
—Bien… Bien, la verdad es que te llamé porque me enteré de que Marina tuvo un accidente; la verdad es que no sabía si era correcto llamarte o no.
—Bueno, pues ya lo hiciste y eso es un gran paso. ¿Cómo has estado, cariño? Han sido años, estuviste en silencio mucho tiempo…
—El mismo tiempo que Marina se casó…
—Ya ni me digas, sabes bien lo que siempre pensé de eso.
—Adelina, creo que te debes imaginar por qué te llamo, ¿verdad?
—Sí, ¿crees que no podría imaginarme?
—Adelina… ¿Cómo está ella?
—¿Ahora? Ya está mejor, está fuera de peligro, por fin despertó. Te diría que sería bueno que la vieras, pero para mi desgracia, Esteban no se aparta para nada de ella.
—¡Lo sé! He estado al pendiente, pero pareciera ser que la culpa le pesa más que su nuevo amor, ¿verdad?
—¿Cuándo crees que podría verla?
—Te soy honesta, si no quieres toparte con Esteban aquí, será mejor que la visites tan pronto salga del hospital. Yo sabía que no te olvidarías de mi hermana, ¿verdad?
—Tan evidente era…
—Era una chamaca mocosa, pero solo un ciego no se daría cuenta de lo que sentías por ella.
—Hmm… Creo que tu fuiste la única que vio aquello.
—Lo que tú necesitas es visitar a Marina y retomar las cosas donde se quedaron en el pasado.
—¿Siendo amigos?
—¿Quién dice que una cosa no lleva a otra?
—Adelina, sí que eres malvada…
—Solo digo que deberías buscarla; ahora ella está sola y, bueno, si aún te interesa, tal vez tú y ella, bueno, tú me entiendes…
—¡Ay, Adelina! Tú siempre con tus frases a medias…
—Anda, anímate, deberías venir a México a visitarla.
—¡Perfecto!
---Actualmente ---
—Definitivamente, Efraín Forcelledo, venías por todo. Solo espero que lo que dices sea verdaderamente cierto.
Lina deseaba de verdad que este par por fin se dieran una oportunidad, pues solo un ciego no podría ver lo que de verdad sucedió en el pasado.
Adelina Salas era una adolescente en la época en la que su hermana decidió casarse de la noche a la mañana, pero no era tonta; bien que se daba cuenta de que su hermana en realidad sí, sí estaba enamorada de Esteban, pero no del real, no el que todo el mundo conocía.
Ella sabía que su hermana vivía enamorada de un espejismo que solita se había creado. Lina nunca lo dijo directamente, pero cada que escuchaba a su hermana describir a Esteban, la descripción no encajaba con aquel joven; más bien, aquella descripción encajaba perfectamente bien con Efraín.
Aquel joven que por varios veranos venía desde Nueva York y les hacía pasar las mejores vacaciones de verano que podían imaginar.
Lina no podía imaginar lo difícil que resultó para Efraín ver que, la chica que por años idolatraba elegía al supuesto “hombre de su vida” y no era él. Eso debió haber sido un duro golpe para aquel joven, puesto que nunca se había atrevido a sincerarse con ella.
Lina no era ninguna tonta ni ciega, mucho menos le encantaba romantizar los amores imposibles; ahora solo pedía que, si esta relación finalmente se daba, todo el pasado quedara atrás, pues también tenía sus temores, los cuales estaban fundamentados en la vida que Efraín llevaba luego de que su hermana se casara con el primo de este.
Para nadie era secreto después de que Marina se casó con Esteban, este se la vivió de mujer en mujer; las usaba y desechaba a su gusto. Un santo no era, pero era evidente que todo radicaba en el dolor de haber visto cómo la chica que le gustaba se casaba con otro.
Lina se encontraba por un lado, feliz de que se estuvieran dando una oportunidad y por otro, le daba miedo, pues no sabía si este hombre de verdad buscaba algo serio con ella o también solo era como un desquite por lo sucedido en el pasado.
De repente, los pensamientos de Adelina se vieron interrumpidos por una llamada, la cual, al ver el contacto, la sorprendió.
—¡Hola, preciosa! ¡Hoy te veías hermosa! Honestamente, estuve a nada de irte a saludar, pero no lo consideré apropiado.
—¿Alessandro? ¿Qué rayos…?
Alessandro había ido a comer a lado de su novia cuando casualmente vio pasar a Marina y Adelina Salas hacia el bar. El hombre quiso pasar desapercibido, pero era claro que ella lo había visto, aunque, siendo honesto, el hombre tenía el pretexto perfecto para acercarse, pues estaba con su hermana.
Cuando finalmente se iba a acercar, su novia cambió de opinión y ya no quiso comer ahí; el menú no le agradó y tuvieron que abandonar el lugar.
Alessandro tenía claro que Adelina lo había visto, por lo que una sensación de culpa o sabrá Dios de qué, el hombre decidió llamarla. ¿Cuál era la intención? Solo aquel hombre la sabía.

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