Dante Montemayor no sabía bien lo que había sucedido, pero el tener a Florencia por fin en casa, lo hizo reaccionar de una manera diferente a la que normalmente lo hubiese hecho.
En los días que ella no estuvo, varios recuerdos del pasado fueron y vinieron. Era evidente que no reconocería que había entrado en pánico ante la idea de que su mujer, la misma con la que había planeado pasar toda la vida, estuviese por irse de su lado; eso no, simplemente no podría suceder.
Por esa razón, tan pronto como obtuvo su ubicación, sin dudar ni un momento, el hombre se lanzó a buscarla.
El mismo Dante fue quien eligió él mismo ir por ella; no quería intermediarios, bien podría haber enviado a sus escoltas, pero no, él quería asegurarse de que ella regresara a casa y sí, no podía negarlo, tan pronto como la vio, algo dentro de él regresó.
Bien podría describirlo como tranquilidad, bien podía decir que se trataba de algo más, pero una vez en casa, no quería perder ni un momento más para tener a su mujer a su lado. El hombre necesitaba recostarse en la cama con ella a su lado; buscaba sentir nuevamente su calor, su aroma.
Dante no podía describir las extrañas emociones que esa mujer le provocaba y más pensando en que esta vez ella sí estuvo a punto de irse de su lado.
Aquel momento de tranquilidad se vio abruptamente interrumpido, debido a la molesta llamada de Jimena Sánchez, pues ya le había escrito múltiples mensajes y este, los había ignorado en todas las ocasiones. Al hacer aquello, lo único que había provocado era que ella lo llamase sin saber que Florencia ya se encontraba de regreso en casa, lo cual venía a cambiar muchas cosas más.
Jimena, bien a bien, no sabía en qué punto se encontraba con Dante; todo era confuso, pues cuando la esposa de aquel hombre los vio, este la había despedido, pero al final, ese mismo día la había buscado y había pasado la noche con ella. Aquello, evidentemente, le daba esperanzas de que posiblemente dejaría a su mujer y se iría con ella.
En la mente de aquella joven mujer estaba que sí, en efecto, Dante Montemayor quería estar con ella, pues la buscaba, incluso ahora, no la dejaba buscar un trabajo, le había dado dinero suficiente para cubrir todos sus gastos.
Lo que desconocía aquella mujer era que, Dante Montemayor era así; a él le gustaba el control, el poder y más, el poder que ejercía sobre las personas como ella al darles algo a cambio.
Jimena se había atrevido a llamar a Dante al ver que ignoraba sus mensajes, pues en estos últimos días, el hombre solía atender estos sin problema, lo cual le dio el valor para llamarle. Al hacerlo, notó cierta molestia, pero la ignoró, pues lo que sucedía en ese momento con ella, lo hacía buscarlo con gran ímpetu y urgencia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)