Capítulo 139: Necesito uno de tus servicios...
Jimena esperaba con el estómago revuelto a que Dante llegase; sabía perfectamente bien que ese hombre no tomaría nada bien lo que sucedía. No esperaba que diera brincos de alegría, ¿cómo podría? Él siempre había sido claro con ella. ¿Cómo demonios fue que se había descuidado?
Tan pronto como sonó el timbre del apartamento, ella fue a abrir; sabía bien que Dante normalmente Ilegaba y tocaba, aun teniendo llaves. Para ella, ese hombre era un caballero, aunque probablemente hoy se desengañaría un tanto de aquella imagen.
Al abrir la puerta, se topó con la imponente figura del hombre, el cual le lanzó una fría mirada.
—¿Acaso no te dije que no quería que me llamases?
—dijo Dante sin antes saludar.
Aquella actitud lo sorprendió a la joven, pero no dijo nada.
—Señor Montemayor, es solo que... Te... Tengo algo importante que decirle; esto no podía esperar más.
—¿Algo importante? ¿Algo que ameritaba que me llamaras? ¿Qué demonios es eso tan importante CUOtodo tus cet según tú ¿Acaso se te acabó el dinero? ¿Qué demonios te hizo pensar que puedes llamarme con facilidad?
—Se... Señor, ¿qué? ¿Qué sucede? —¿Por qué me habla de ese modo?—preguntó Jimena algo consternada por la actitud de aquel hombre.
—¿Por qué eres muy estúpida? Te he dicho montones de veces que no quiero que me llames cuando esté en casa.
—Se... Señor, supuse que estaba en la oficina, no creí que estuviera en su casa; además, esto es muy importante y no podia esperar.
—Bueno, ya, ¿no? Suéltalo... —¿Qué demonios es según tú muy importante? —dijo el hombre caminando hacia dentro del apartamento.
—Se... Señor, no sé cómo decirle esto, pero...
—Pero ¿qué? ¡Con un demonio! ¿Qué? —dijo Dante perdiendo la poca paciencia que llevaba ese día.
—Se... Señor, yo no quería; debe saber que aceptaré la opción que usted me dé, pero debe saber que yo no quería que esto se me saliera de las manos.
Can tulo 130 areate uno de tus servicos —¿De qué demonios estás hablando?
Jimena, que ya había estado practicando cómo darle la noticia, en ese momento y, ante aquella figura que imponía, dijo:
—Es... Estoy embarazada.
El rostro serio de Dante y la mirada fría se tornaron tan transparentes que daban miedo, pues bien podía decir que, si las miradas matasen, este ya lo habría logrado.
—¿Qué demonios acabas de decir? ¿Es un chiste?
¿Verdad?
Jimena, con lágrimas en los ojos, movió la cabeza en negación; ella misma no deseaba ese embarazo Ella no se veía siendo madre a tan corta edad y mucho menos siendo novia de un hombre que le doblaba la edad. ¿Cómo explicaría aquello a sus padres?
—Deshazte de él... Obviamente, no lo vas a tener, así que ni te hagas ilusiones, ¿entendiste?
—Sí, bueno, lo que sucede es que no tengo dinero para hacer el procedimiento.
—¿Cuánto necesitas?
—No, no lo sé, voy a revisar... —dijo Jimena sabiendo que este hombre pagaría lo que fuera por desaparecer aquel desliz.

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