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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 14

Capítulo 14: ¡Despertaste!

Tras una semana más en el hospital, el sonido de un pitido constante llegó desde lejos a los oídos de Marina. Aquelio la hizo reaccionar, el primer acto inconsciente que hizo fue mover los dedos, pero lo hizo a medias.

Conforme iba tomando conciencia y abriendo los ojos, se percató de algo extraño en su cuerpo, trataba de moverse, pero le dolía al hacerlo, un extraño pinchazo se sentía al tratar de mover el brazo.

Por instinto, intentó respirar profundo, al hacerlo, el dolor que sentía se hizo más profundo. Aquello no era algo superficial, era algo más profundo, era como si le clavaran algo afilado desde dentro.

Tras aquellos intentos fallidos, miró lo que pudo en aquella incómoda pastura y lo único que pudo observar era el techo de una habitación apenas iluminada. Tragó saliva y esta acción le ardió en lo más profundo de su ser, haciendo que dejara salir un gemido de dolor.

Con un poco más de conciencia, se movió con más fuerza, el dolor no paraba y luego, como si algo en su mente hubiese hecho clic, un recuerdo llegó a su mente: la luz del auto de frente, ¡Sus hijas! ¡Sus niñas! ¡Sus gemelas!

El monitor que vigilaba su corazón se comenzó a acelerar, aquello, llamó la atención de la persona que estaba sentada en el sofá frente a la camilla.

Esteban, al escuchar aquello, rápidamente se levantó del sofá y caminó hacia ella.

Marina, al verlo, se percató de que tenía la barba crecida, la mirada agotada y unas ojeras muy marcadas. Físicamente no se veía nada bien, su ropa se notaba arrugada y el cabello lo tenía completamente desordenado.

—¡Despertaste! —dijo Esteban con la voz ronca al momento que sostenía una de sus manos con fuerza. —Permíteme, debo ir a ver al médico.

Marina lo miró con incredulidad, pues algo muy complejo se cruzaba por su mente, ahí fue donde recordó la última discusión, las últimas palabras y todo lo que sucedió.

Haciendo un enorme esfuerzo por hablar y, resistiendo el doloroso proceso, preguntó:

—¿Las... ¿Las niñas? ¿Mis hijas?

Esteban rápidamente respondió:

—¡Están bien! Mi madre las está cuidando, no tienes de qué preocuparte...

Al escuchar aquello, Marina cerró los ojos por un momento y dejó escapar las lágrimas que se le habían acumulado ante su evidente preocupación.

—¿Cuánto...? —preguntó sintiendo un enorme dolor en el pecho.

Esteban no necesitaba que ella terminara la pregunta, sabía bien qué era lo que quería saber.

—Llevas 5 semanas aquí, pero no tienes que preocuparte por nada, las niñas saben que estás bien; les dije que tuviste un pequeño accidente.

Marina pensó en el tiempo que llevaba ahí, sintió una enorme angustia al pensar en lo cerca que estuvo de morir. Aquello provocó que sus ojos nuevamente se inundaran de lágrimas.

—Mary... Déjame... Déjame ir a ver al médico para que venga, él necesita revisarte, hemos estado esperando este momento desde que todo sucedió.

—expresó Esteban preocupado.

Marina, al escuchar que la llamaba como cuanpo todo estaba bien entre ellos, aquello la hizo sentir extraña. ¿Acaso había despertado de una maldita pesadilla? ¿Acaso el hombre frentea ella nunca la había dejado? ¿Qué era lo que estaba pasando?

Esteban, al no ver resistencia, soltó su mano y salió a buscar al médico, el cual ya venía en camino.

—Doctor Velez, ¡Mi... ¡Mi esposa ha despertado! — exclamó Esteban con una extraña mezcla de emociones envolviéndole.

—¡Lo sé! Los equipos nos han alertado... Entremos, veamos y cerciorémonos de su estado inicial y de que no presenta secuelas que debamos atender inmediatamente.

—"Esteban, ¿hasta cuándo seguirás ahí?", "Esteban, Marina tiene quien la cuide, tú ya no tienes una responsabilidad con ella...", "Esteban, no sé hasta cuándo seguirás ahí por culpa, tú no tuviste la culpa, aquí la única culpable fue ella".

Al recordar aquello, Esteban se sintió incómodo; quería marcarle, pero sabía cuáles serían las palabras con las que recibiría la llamada.

Él sentía que Lorena no podía entenderlo, ella aún era su esposa, era la madre de sus hijas. ¿Qué hubiese sucedido si ella no despertaba? Sentía que era su deber estar ahí, pero Lorena no podía entenderle.

Un gemido de dolor se escuchó y Esteban guardó el móvil antes de decidirse a marcar a quien llevaba todo un día sin escribirle.

Esteban, simplemente no podía apartar la vista de aquella mujer que, hace nueve años, creyó que, había sido la mejor elección antes de vivir una terrible humillación.

Al verla cómo respiraba de manera irregular, ver cómo el monitor no se cansaba de medir cada latido de su corazón, ver su rostro lleno, marcado por el dolor que aun dormida sentía, se sentía completamente desarmado, aquella escena le estaba robando el valor que había reunido para dejarla.

Todo esto, provocó que recordara lo que lo había llevado a aparecer en la puerta de su casa.

Jamás se lo confesó, pero cuando ella apareció y abrió la puerta, apenas sabía quién era, supo que era ella, puesto que no había perdido contacto con Paulina y Lina debía ser una niña. Cuando la vio, supo que era ella por lógica no porque de verdad la recordara.

El mes que se fue al pueblo según él para conocerla mejor, en realidad ya estaba decidido, no aceptaría un no como respuesta, así como tampoco aceptaría que nada de lo que ya se tenía preparado se cancelara, todo seguiría tal como y como estaba planeado.

Esteban ya tenía una boda planeada, la ceremonia, el anillo, los invitados, incluso hasta la casa en donde ahora vivían. ¿Cómo podría simplemente cancelarla?

Recordar aquello, le incomodó, más cuando pensó en su primera cita, su primer beso, su noche de bodas y todo lo que llegó después.

Todo ello era tan real, Esteban había decidido que todo ello fuera real. ¿Qué era lo que había cambiado? ¿Por qué se sentía en pausa? ¿Por qué no era feliz? Por un momento se asustó con dos preguntas que comenzaron a rondar su mente: ¿De verdad, nunca se había logrado sentir algo por la mujer frente a él? ¿Valía la pena dejar su hogar por el amor que sentía por quien un día lo dejó?

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