Capítulo 15: Deber...
En la penumbra del amanecer, Esteban finalmente, había decidido marcarle a Lorena. Tras pensarlo detenidamente, llegó a la conclusión de que necesitaba hablar con ella, avisarle que Marina había despertado y que todo volvería a la normalidad, aunque, por cómo se estaba dando la conversación, pareciera que nada iba bien.
—¡Ella es la madre de mis hijas, por favor!
¡Entiéndelo! ¡Es mi deber estar aquí! ¿Sabes lo que habría sucedido si ella hubiese muerto?
Lorena, por favor, ¡claro que te amo! ¡Te amo y de eso no te debe quedar duda! Pero... Por el momento necesito permanecer aquí, ¡entiéndelo!
Tan pronto como pueda, iré a casa, no puedo dejarla sola. —expuso Esteban tratando de calmar a la mujer que se encontraba del otro lado de la línea.
El hombre, simplemente no podía quitarse la terrible sensación que lo embargó desde el momento en que, le avisaron que su esposa estaba gravemente herida tras un accidente automovilístico.
Lorena, por otro lado, durante todos estos días había deseado con todo el corazón que Marina muriera. Ella sabía que, si eso sucedía, la vida tal y como la conocía hace 9 años, regresaría y todo a lo que en algún momento había renunciado, sería suyo.
Al no cumplirse su oscuro deseo, sentía que Marina le podía arrebatar lo que con tanto esfuerzo le había costado recuperar.
Razón por la que, decididaa poner fin a esa situación, decidió ponerle un ultimátum a Esteban, el cual consistía en: regresara casa y dejar que enfermeras, médicos o familiares cuidaran de Marina o poner fin a lo que sea que se suponía que comenzaba entre ellos dos.
Lorena sabía que Esteban estaba vuelto loco por ella, no había duda, pero era más su calidad moral la que pesaba que lo que realmente deseaba.
—¡Lore, cariño! ¡Mi vida! ¡Por favor, no me hagas esto! ¡No me pongas entre la espada y la pared!
Entiende, jes la madre de mis hijas! ¿Qué crees que vana pensar si la dejo sola?
Honestamente, no es que quiera estar aquí... Es solo que, no quiero más problemas, ya de por sí tengo a mi madre encima, como para que... Ahora toda la familia de ella se le vaya la boca y se filtra a todo el mundo que no estoy a su lado. —explicó Esteban usando las palabras que sabía que Lorena necesitaba escuchar.
Lo que el hombre desconocía o no se había dado cuenta, era que aquella discusión y subidas de tono, habían provocado que Marina despertara y escuchara lo que realmente pensaba su aún marido de estar ahí.
Tras finalizar la llamada, el hombre se giró hacia la camilla y se percató de que su esposa lo miraba con un semblante que no supo cómo descifrar.
—Marina... —susurró Esteban, esperando que acabara de despertar.
—¡Vete! —dijo Marina aguantando el profundo dolor de pronunciar esa simple palabra.
—Marina, espera... —replicó con duda. —No es lo que parece, por favor, somos adultos... Ambos sabemos que ya no...
—¿Acaso... ¿No he sido clara? ¡Vete! —espetó Marina sintiendo como cuchillos se le clavaban en la garganta.
—Por favor, ¡Marina! No estás en condiciones de pelear, sabes que no he dicho nada que no sea verdad... Si estoy aquí, es porque es mi responsabilidad cuidar de ti, eres la madre de mis hijas, no puedo hacer como si nada ocurriera.
—Ya no hables más... —dijo Marina sintiendo como la poca voz que salía se quebraba. —¡VETEEE!
¡LARGOOO! ¡LARGATEEE! ¡NO NECESITO QUE ESTÉS AQUÍ!
Aquellos gritos y el cambio en los monitores alertaron a las enfermeras que estaban cerca, por lo que, fuerona ver qué sucedía. Al llegar ahí, quedaron sorprendidas al ver a la paciente evidentemente alterada.
—¡LARGO00O! ¡VETEEE! ¡VETEEEE! —gritaba Marina sintiendo que algo en su garganta se desgarraba.
—¡Señor! ¡Salga de aquí! —dijo una de las enfermeras al ver que el estado de la paciente era producto de su presencia.
—Tuvimos una discusión y creo que no es conveniente que siga aquí... —respondió el hombre sabiendo lo que venía.
—¡Lo sabía! Sabía que tu presencia no era buena.
¿Tiene que ver con que le están haciendo estudios?
¿Verdad? —reprochó Lina molesta.
—Lina... Por favor... Para...
—¿Hasta cuándo, Esteban? ¿Hasta cuándo te darás cuenta? La estás jodiendo, espero que de verdad estés seguro de lo que haces, porque de verdad mi hermana no merece nada de esto...
Me das pena, y pensar que ustedes eran... ¡Dios!
¡Ya no quiero no verte! Por favor, si no vas a ayudar, será mejor que te retires antes de que mis padres lleguen. —replicó Lina sintiendo una gran sensación de frustración.
Esteban se sentía terriblemente mal, no lo pensó en el momento, pero cuando Marina le pidió que se marchara, él solo atinó a decir lo primero que se le vino a la cabeza, claramente no había medido sus palabras, ni la situación en la que se encontraban.
—¡Cuidala!
—No necesitas decirme qué hacer, sé lo que debo hacer, ¿tú lo sabes? Ahora vete, de verdad, ¡vete!
No tengo ánimos de seguir viendo tu cara... —dijo Lina molesta.
Rigoberto y Eugenia Salas Ilegaron minutos después, topándose con la desagradable noticia de que el estado de su hija era reservado y que debían practicarle varios estudios.

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