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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 144

Era de noche en la Ciudad de México, en uno de tantos apartamentos lujosos de la Condesa; Efraín estacionaba su auto. Minutos después, tocaba el timbre y accedía al apartamento de Soraya Navarrete.

—Pasa, ponte cómodo… Dame unos minutos, envío un archivo que tengo y soy toda tuya. —dijo Soraya al abrir la puerta de su apartamento.

—¿Mucho trabajo?

—Algo, lo normal, ya sabes… Dame unos minutos.

—Bien, ¿puedo servirme algo?

—Adelante, estás en tu casa; además, ¿de cuándo aquí pides permiso para tomar lo que se te viene en gana? —dijo la mujer con ironía.

—Hoy no estoy aquí por aquellos tiempos, vengo por lo de la mañana.

—¡Oh! Ya… Por cierto, me gusta cómo te ves hoy, luces demasiado sexy… Supongo que eres más sexy que tu primo. —dijo Soraya entretenida en su computadora.

Efraín sirvió dos tragos y uno se lo llevó a aquella mujer, luego poso ambas manos en los hombros tensos de la joven mujer y comenzó a masajear su cuello y hombros.

—¿No que dijiste que no venías a eso?

—¿Qué? Yo no estoy haciendo nada, solo te estoy dando un masaje; que tú pienses inmediatamente en otra cosa no es mi problema. —dijo Efraín bajando sus manos hacia su espalda baja.

—Ya, ya, déjame trabajar, solo envío esto y soy tuya completita…

Efraín sonrió y dejó de masajearla, tomó su trago de un solo golpe y fue a servirse otro.

—¿Cómo te va en tu nueva vida como CEO? ¿Es lo que esperabas?

—Es aburrida, los únicos momentos que tengo algo de alegría es cuando les rechazo sus proyectos o presupuestos a mi padre o Esteban.

—¿Vas a llevar a la quiebra esa empresa? ¿verdad?

—¿Tan evidente soy?

—Hmm… Es la única razón por la que regresarías a México. Aun recuerdo que pasó hace años y no, no estabas nada bien.

—Soraya, me conoces muy bien, no sé que tan bueno o malo sea eso.

—Bueno, lo bueno es que tú y yo no estamos bajo el mismo rubro; de lo contrario, no sé, eso sería peligroso.

—Es por eso que te tengo a mi lado; siempre es bueno tener un buen abogado.

—Tan buena que mira, tu tía me pasó a dejar botada.

—Eso seguro fue obra de mi tío; mi estúpido escolta no supo ni por dónde llegó mi tío y sus trabajadores los compraron fácilmente.

—¿De verdad? ¿Lo dices tan calmado?

—¿Qué quieres que haga? No voy a poner mis planes en peligro solo porque mi tía le tiene miedo.

—Pensé que la estabas ayudando de verdad.

—Lo intenté, pero por el momento, si ella no cree en mí, ¿Qué puedo hacer yo por ella? Lo mismo sucede con mi santa madre, mi tío no la trata bien y ella sigue a la orden, como si su vida dependiera de ese idiota. —dijo Efraín con un dejo de molestia en la voz.

—¡Ya! ¡Ya! La oportunidad la tienes ahora en tus manos, puedes hacer y deshacer; ahora es cuando debes ponerte muy listo. —dijo Soraya dándole unas palmadas en el hombro. —Ahora sí, dime, ¿a qué debo el honor de tu visita? Sino es por sexo, ¿Qué es no lo que necesitas?

—Sabes que no siempre vengo a eso…

—¡Ay, cariño! Nos conocemos de años, existe confianza, ¿no lo crees?

—Sí, pero hoy no vine a eso…

—¿Entonces? Dime para qué soy buena… —dijo Soraya acariciándole suavemente el pecho.

—La demanda que iba a interponer mi tía, no la deseches…

—¡Lo sabía! No la vas a dejar que siga con ese tipejo.

—Mi tío no lo reconoce, pero sé perfectamente bien que mi tía Florencia puede mover muchas cosas en aquel hombre. Él suele hacerse el fuerte, pero se le nota que su debilidad es mi tía.

—Por el momento nada más…

—¡Perfecto! Ahora que ya hablamos de negocios, hagamos a un lado eso y vayamos al placer.

—Cariño, esta noche no será…

—¿Por?

—Tengo algo pendiente que hacer, ¿Lo podemos dejar para otro día?

—¿De verdad?

—Tengo una cita importante, no puedo faltar.

—Hmm… Está bien, promete que pronto me visitarás.

—Te lo prometo…

—Bien, solo por eso te dejo ir libre, de lo contrario, créeme no saldrías de aquí hasta el amanecer.

Efraín sonrió y movió la cabeza en negación. Definitivamente su pasado también lo perseguiría y las cosas que solía hacer con normalidad, ya no podrían seguir siendo así, no si quería seguir con sus planes de conquistar a Marina Salas.

Luego de visitar a Soraya, Efraín condujo hasta la casa de Marina, pero cuando estaba por entrar tuvo que detener de golpe su auto pues vio salir un auto conocido, aquello captó inmediatamente su atención, ya que no eran horas propias para salir de aquella casa.

—Esteban Montemayor, ¿Qué demonios buscas por aquí? —pensó en voz alta.

Al verlo, apagó las luces de su auto y esperó a que este se marchara para entrar a esa misma casa. Efraín no era ningún tonto; si Esteban estaba ahí, no era por algún tema de sus hijas.

Cuando Marina finalmente salió del estupor que le causó hablar con Esteban, el sonido del timbre la hizo girar. Estuvo a nada de no atender, pues imaginaba que se trataba nuevamente de Esteban, pero algo dentro de ella le hizo bajar las escaleras y atender la puerta ella misma. Al abrir la puerta, se llevó una enorme sorpresa al ver al hombre ahí parado.

—Efraín…

Solo eso pudo decir aquello antes de que este le robara un apasionado beso como queriendo marcar un territorio de quien fuera.

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