Capítulo 148: Diles que me fui a un retiro...
Luego de que Marina ve cómo su hija sube al auto con su padre, siente que el aire comienza a llegarle; en definitiva, tener a Esteban cerca aún le causa estragos y no es porque ella quisiera, es porque era difícil pensar que unos cuantos meses borran todo lo vivido en poco más de 9 años.
—Marina, ya deja ese pasado atrás, tú estás mejor así; él jamás sintió algo por ti. —Se regañó en voz alta.
Tras aquello, entró a casa y se dispuso a preparar sus cosas para salir con Efraín, quien había quedado que pasaría por ella después de la oficina; el destino, ni ella lo sabía; aquel joven solo le había dicho que se preparara para un fin de semana de relajación.
Mientras se preparaba, en su cabeza no paraban de cruzarle ideas como: el que era una mala mujer, estaba yendo demasiado rápido con Efraín, no debía hacer aquello, debía esperar.
Frustrada, tomó asiento en la orilla de su cama y se quedó pensando en lo que actualmente estaba ocurriendo. Fue inevitable recordar los días que C: 10lts Dwquemela duntro siguieron después de que Esteban la abandonó y, para ser honesta consigo misma, no habían sido nada buenos.
Medio año atrás —Señora, debe levantarse, no puede seguir así, debe comer algo. —dijo Ofelia entrando cuidadosamente en su habitación.
—¡Vete, por favor! Solo déjame dormir... — respondió apenas aquella joven mujer.
—Señora, no puede seguir así, debe entender que sus hijas la necesitan. ¿Qué va a suceder si el señor se da cuenta de que las está descuidando?
—¿Descuidando? ¡YO NO FUI QUIEN SE LARGO DE LA CASA! ¿POR QUÉ DEMONIOS DEBO YO DE CARGAR CON TODO? —gritó Marina al verse acorralada entre la verdad y lo que dolía.
—Señora, sé que usted me entiende, no se haga la tonta conmigo. Usted es su madre y las niñas la aman.
—¿Acaso no lo has visto? Renata me odia, le doy vergüenza, ¡mírame! Soy un desastre de madre; le da tanta pena que la vean conmigo que prefiere que el chofer las lleve a la escuela... —dijo Marina finalmente saliendo de las sábanas de su cama.
—Señora, esto solo es algo pasajero; ya verá que si sale de la cama, se da un buen baño y se pone esa ropa bonita que suele usar, se sentirá mejor.
—¿Para qué demonios querría sentirme mejor?
Dime, ¿a quién demonios le importa mi vida? ¿Tú has visto que a alguien le importe mi puta vida?
Todo el maldito mundo me dice que debo ser fuerte, que esto solo es una mala racha. ¿CÓMо DEMONIOS EXPLICAS QUE TU MARIDO TE DEJE POR SU PRIMER AMOR? ¿Cómo? —dijo Marina, quebrándose al final.
Ofelia vio cómo la mujer se soltó a llorar; su garganta se escuchaba ya ronca de tantas lágrimas, sus ojos ya estaban tan inflamados que parecía un sapo. Aquella mujer no tuvo corazón para dejarla así, por lo que con mucha tranquilidad agarró y se sentó muy cerca de ella y con cuidado, poco a poco la envolvió entre sus brazos.
—Se fue, Ofelia, él se fue, él nos dejó, no le importó nada, solo se fue... —dijo la joven mujer mientras lloraba amargamente.
Ofelia sintió un gran nudo en la garganta. ¿Cómo demonios un hombre como él dejaba a una mujer tan buena como ella?, se preguntaba Ofelia y, por más que buscaba una posible respuesta, no encontraba alguna que le satisficiera.
—Señora, esto no es su culpa. Primero que nada, debe entender que no es su culpa; debe entender que si el señor falló, no fue porque usted hiciera algo mal. Dígame, ¿qué es lo que pudo haber hecho mal? Usted es una mujer de casa, se la pasa dando su vida por su marido y sus hijas, está al pendiente de todo y todos, lleva esta casa de manera magistral, ¿en qué pudo fallar?
Marina no para de escuchar aquello y creer que eso era solo para hacerla sentir mejor.
—¡Mírame, Ofelia! —dijo la joven mujer saliendo de los brazos de Ofelia y levantándose de su cama.— ¿Qué ves?
—¿Cómo?
—Mirame, ¡Soy una vaca! ¡Tengo los pechos caídos!
¡Estoy fea! ¡Estoy gorda! ¡Tengo la piel llena de celulitis! Mira mi cabello. —dijo ella jalándose el cabello hacia un lado.
—Señora, lo que usted dice son puras cosas superficiales... Lo que yo veo es una mujer que no se ha bañado en días y que necesita un buen הירם .ב.
descanso, pero que no se lo permite, porque toрo el mundo sabe que se la pasa llorando todas y cada una de las noches.
Señora, usted no puede quedarse toda la vida lamentando que el señor se haya ido; usted no falló, él sí lo hizo. Usted lo único que hizo fue quitarie la pesada carga que significa llevar un hogar. ¿De qué le sirve al señor irse a vivir con una modelo? Dígame, ¿usted cree que esa mujer lo va a tener como usted?
—Él se fue con el amor de su vida, ella simplemente volvió de donde se metió, le trono los dedos y Esteban se largó.
—Señora, deje de pensar en él, piense un poquito en usted, piense en sus hijas; ellas la necesitan, ellas están atravesando por este proceso solas y, aunque digamos que son niñas y no se dan cuenta, claro que sí se dan cuenta y la necesitan, así que le sugiero que se levante de esta cama, se dé un buen baño y acompañe al chofer por ellas.
—¡No! No, ¿Cómo crees que voy a hacer eso?
¿Acaso no ves lo terrible que estoy?
—¡Claro que lo veo! Y por eso mismo le pido que deje de autocompadecerse, que para eso, para eso Captulo qed hay un montón de personas a su alrededor, exceptuando, claro, a su hermana Lina.
—Buen intento, pero no me has convencido; solo déjame dormir y, por favor, ve que las niñas coman y hagan su tarea.

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