Capítulo 16: Sueños de chamacas
Tras una semana más de recuperación, Marina se sentía aturdida, sus padres no paraban de insistir en que, tan pronto fuese dada de alta, se fuera al pueblo. Su madre no quería que siguiera viviendo en la ciudad, menos con todo lo ocurrido.
—Hija, mira, sé que siempre has podido sola, pero esto es diferente, mírate, vas a necesitar que alguien cuide de ti.
—Mamá, gracias por tus buenas intenciones. De verdad, agradezco lo mucho que se han preocupado por mí, pero sí me voy al pueblo, pero no puedo cambiar de escuela a mis hijas de un día para otro, ellas tienen su vida aquí. —expuso Marina, sabiendo que esto solo serviría para calmar a sus padres un poco. —Muero de ganas por salir de aquí y pasar tiempo con mis niñas.
Eugenia, Rigoberto y Lina se dirigieron una mirada conflictuada, Marina solo les sonrió y dijo:
—¡Vamos! No puedo simplemente agarrar mis cosas e irme; además, saben bien que estoy en el proceso de divorcio, en poco tiempo seré citada para la firma.
—Mari, ¿De verdad estas segura de eso?— preguntó su madre un tanto sorprendida. —El matrimonio es para toda la vida, Esteban, y tú no pueden tirar 9 años de matrimonio, así como así...
Aquella declaración por parte de Eugenia sorprendió a Rigoberto y Lina, pues Eugenia siempre había sido enemiga de aquel matrimonio.
¿Por qué ahora venía a querer convencer a su hija de no separarse?
—Mamá, papá, ya, por favor, ya no la estén aturdiendo con cosas que no tiene caso hablar por el momento, denle un espacio, recuerden que Marina tuvo un serio accidente y debe permanecer tranquila. —replicó Lina al ver que sus padres podían cometer una indiscreción.
—Lina, solo digo que Esteban y tu hermana deberían hablar para encontrar la manera de solucionar lo de su matrimonio. —dijo Eugenia pensando en que aún podía convencer a su hija de no separarse. —Hija, yo fui muy enfática cuando te ibas a casar, te pregunté si estabas segura y dijiste que sí. ¿Qué cambió?
Marina al escuchar aquella pregunta y ver que su madre no entendía que ya había tomado la decisión, dijo:
—Madre... Ya no hay nada que debamos hablar; es más, ¿acaso has visto a Esteban desde que desperté? No, ¿Verdad? Pues no, no lo has visto porque él está muy ocupado reconstruyendo su vida al lado de la mujer con la que siempre se debió casar.
—¡Qué cosas dices, Mari! Esteban es un hombre integro, ha estado al pendiente de tu recuperación.
¿Cómo puedes lanzar esa acusación así de fácil?
—¡Madre, basta! —replicó Lina al ver la insistencia de su madre. —Por favor, padre, vayan a comer, déjenos un momento a solas, como lo dije, Marina no debe sobresaltarse, aún tiene que guardar reposo y lo único que están haciendo es alterarla con algo que no debería ser importante ahora... Ella ha tomado una decisión y debemos respetarla.
—¡Lina! No puedes opinar, tú nunca has estado casada, tu hermana no puede echar por la borda tanto tiempo al lado de Esteban, yo estoy segura de que...
—Genia, por favor, vamos a comer algo, deja a las chicas tranquilas. Lina tiene razón, Marina debe guardar reposo y esta es una conversación que no ayuda en nada. —Aseguró Rigoberto al ver cómo su hija solo había mirado hacia la ventana mientras su esposa lanzaba aquellas duras palabras.
Cupitula 16 Suenes de chamacas Eugenia desconocía la verdad, Rigoberto no era tonto y había investigado por su parte lo que realmente había sucedido. Él esperaba que su hija saliera de todo esto para hablar con ella, pero no esperaba que su esposa saliera con aquellos comentarios, menos cuando ella había sido la que principalmente se había opuesto.
—Rigoberto, pero... —replicó Eugenia tratando de permanecer ahí.
—¡Pero nada, mujer! ¡Anda, vamos! Dejemos descansar a Marina y tú, Lina, quédate a cuidarla por si necesita algo, voy a llevar a tu madre a comer.
—Sí, padre...
Marina no quiso voltear aver a sus padres, sabía que dijera lo que dijera su madre, la decisión ya estaba tomada y nada la haría cambiar de opinión.
—¡Tranquila! Papá y mamá ya salieron de la habitación. —afirmó Lina posando una mano en el hombro de su hermana.
—Papás aún no lo saben, ¿verdad?
Lina movió la cabeza en negación.
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