Capítulo 151: La esposa de Esteban Montemayor
Al día siguiente, cuando Marina abrió los ojos, la luz del sol ya se colaba por la ventana, la cual ya estaba abierta, y en la pequeña terraza ya se encontraba Efraín tomando café y trabajando.
Aquella acción no pasó desapercibida, por lo que rápidamente tomó su móvil y miró la hora, llevándose la sorpresa de que eran las diez de la mañana.
Sin pensarlo más, Marina se envolvió en la sábana, se levantó y lo fue a ver.
—Ho... Hola... —dijo la joven mujer con timidez.
—¡Hola, cariño! —¡Qué bueno que ya despertaste!
—dijo Efraín mirándola con atención.
—¿Por qué no me despertaste?
—Lucías muy tranquila, así que no vi razón para interrumpir tu sueño.
Marina sintió que sus mejillas se le ponían rojas y se sentían calientes; se sintió avergonzada por aquello, pero no dijo nada más.
—¿Desde qué hora estás despierto? —preguntó la joven mujer.
—Hmm... Desde las cuatro, ¿por?
Efraín respondía mientras miraba la pantalla de su computadora con atención.
—¿Acaso no dormiste? —preguntó Marina con asombro.
—Sí, un poco, solo que necesito revisar cómo abre la bolsa en los diferentes puntos del mundo, así que, suelo dormir poсо.
—¿De verdad?
—Sí, cariño... —¿Por qué te sorprende? —dijo Efraín levantando la vista y mirando a la mujer que lo miraba con total atención.
—Es que... Bueno, te ves tan fresco como si hubieses dormido bien.
—Hmm... Supongo que así fue... ¿Acaso tú no dormiste bien?
Marina sintió una punzada en la panza e inmediatamente los colores se le subieron a la cabeza.
—¿Ya desayunaste algo? —preguntó ella mirando su taza de café.
—Pedí café, estaba esperando a que despertaras para que pudiéramos desayunar o fuéramos abajo; recuerda que, luego de aquí, nos vamos al spa.
—¡Oh! ¡Ya veo! Solo déjame darme un baño, dame diez minutos y estoy lista.
—Perfecto, tú tranquila, yo puedo esperar; mientras seguiré revisando algunas cosas aquí.
Marina sonrió y se fue a dar un baño, mientras estaba ahí encerrada, miró su cuerpo en el espejo, el cual, se encontraba un poco adolorido y cubierto de marcas que mostraban que eran furto de lo que había sucedido hace algunas horas, aquello le provocó una punzada en el estómago y en otras zonas de su cuerpo.
Marina no pudo evitar recordar lo que Efraín le había dicho anoche; pensar en aquello, se le clavaba en el corazón. Ella trataba de no pensar en lo que él sintió al saber que ella había elegido a su primo.
Aquello la llevaba a otra idea; todo podía haber sido muy diferente si, en lugar de aferrarse a un amor platónico, hubiese puesto más atención a quien estaba a su lado. Estaba claro que las cosas que hoy día estaba viviendo, bien podrían haber sido muy diferentes.
Marina no estaba segura de sí en ese entonces ella hubiera volteado a ver a Efraín, pues para ella, él en ese entonces era su amigo, su confidente y su compañero de aventuras, mientras que Esteban era el hombre de sus sueños, era su ideal de caballero, era todo lo que una chica podía pedir, según sus propias palabras en ese momento.
Hoy día, dejando de lado el dolor de la separación, había tenido tiempo suficiente para analizar su relación y, honestamente, en ningún momento lo podía comparar con lo que veía en Efraín.
—Esteban, son las flores que yo compré Yo le pedí que las pusiera...
—Marina, ¿por qué los pisos no están pulidos y encerados? Se ven opacos, ¿Acaso no los ves tu misma? Para eso estas y te sigue fallando, ¿acaso quieres que esta casa parezca un basurero?
—Perdona, Esteban, hoy mismo les digo a las chicas que pongan más cuidado en aquello, pero recuerda que apenas tuvimos una reunión en casa.
—Marina, necesito que alguien recoja mi smoking, hoy tengo una cena importante y lo necesito en la oficina inmediatamente.
—¿Vas a ir solo? ¿Por qué no me habías dicho nada?
—Marina, voy a ir a Nueva York por una semana, debo revisar algunas cosas con el inútil de Ángel.
Mándame una maleta con ropa para toda la semana; saldré de la oficina y me iré desde aquí, regreso en unos días.
—Pe... Pero, ¿acaso no recuerdas que teníamos una reunión en la escuela?
Marina, al recordar aquellas frases, no pudo evitar dejar salir un sollozo; ella quisiera evitar que esos recuerdos fuesen y viniesen, más en este tipo de momentos, pero, era imposible, más cuando las comparaciones eran inevitables.
Aquella joven mujer no sabía cómo era posible que hubiese sido tan ciega, cómo pudo tolerar tantas críticas. Ella era la esposa de Esteban Montemayor, pero parecía ser una parte más de la decoración de
la casa. Estaba más que claro que ella no tenía voz, ni voto en aquel lugar, ¿Cómo algún día podría haber considerado que era la mujer más feliz del mundo con esa vida? ¿De verdad era feliz o solo se hacía a la idea de que era así porque era lo que ella había elegido vivir? Pensaba mientras seguía ahí bajo la regadera.
—¿Cariño? ¿Todo bien? —dijo Efraín llamando a la puerta.
Marina llevaba varios minutos dentro del chorro de agua; su mente se había perdido en el vaivén de recuerdos que pertenecían a su matrimonio con Esteban. ¿Por qué hoy pensaba en ello? ¿Por qué dejaba que llegaran e irrumpieran con lo que vivía ahora?
—¿Marina? —preguntó Efraín entrando al tocador al no obtener respuesta.

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