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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 153

Capítulo 153: Madre solo hay una Marina sintió una mezcla extraña entre rabia e iluminación. ¿Cómo demonios había llegado a eso?

¿Cómo nunca se había dado cuenta de todo? ¿Por qué había estado tan ciega?

Aquella joven mujer sollozaba cuando una de las masajistas entró, esto debido a que escuchó un llanto provenir de la habitación.

—Señora, ¿se encuentra usted bien? —preguntó la mujer de manera apacible.

Marina solo logró asentir con la cabeza; su garganta la sentía con un nudo, pues darse cuenta de que su vida jamás había sido perfecta le dolía y le dolía más por aquella jovencita que se casó llena de ilusiones, de sueños, de ideas erróneas sobre lo que debía ser un matrimonio.

—A muchas personas les sucede lo mismo; llore, desahóguese. En ocasiones, el cuerpo lo que necesita es un buen apapacho para dejar ir lo que ya no debe estar en el corazón. —dijo aquella mujer de ya más edad que Marina.

—¡Fui una tonta! Dejé pasar la oportunidad de ser feliz desde hace mucho tiempо...

—¿Está usted muerta? ——preguntó la masajista con seriedad.

—¿Cómo? —preguntó Marina sin entender por qué le hacía aquella pregunta.

—Sí, yo le pregunto si está usted muerta; mírese, está viva, está entera. Todas las personas podemos comenzar de nuevo una y otra vez. Recuerde una cosa: los únicos que ya no pueden son los muertos.

—Me divorcié hace poco más de un mes; mi marido se fue con el amor de su vida hace más de medio año... —dijo Marina como si se tratase de algo que ya tenía escrito y ensayado.

—¡Ay, hija! Entonces, el hombre con el que vienes...

¿No es tu marido?

—Él pudo haber sido mi esposo... Si yo no hubiese sido tan ciega y tonta... —dijo Marina entre lágrimas.

—Bueno, pues yo no lo veo tan a disgusto contigo...

Marina sonrió y movió su cabeza en negación.

—Él no debería ser así conmigo, él debería buscarse a una mujer libre, una mujer soltera, no una mujer como yo...

—¿Qué es una mujer como tú? —preguntó aquella mujer al no entender qué decía.

—Divorciada... Con hijas... Con una vida rota.

—¿Quién le dijo a usted que eso nos vuelve una condición especial o diferente? —preguntó la masajista con seriedad.

—¿Cómo? ¿A qué se refiere?

—Si, ¿por qué un hombre puede irse con el amor de su vida y usted debe cargar con toda la herida?

Imagínese nada más, aparte de que su marido la deja, rompe con las promesas hechas, rompe con todos los juramentos hechos incluso ante Dios, ¿usted debe cargar con el estigma de ser divorciada?

Las hijas son de los dos, ambos las hicieron, ¿me va a decir que su marido no da dinero?

—No, él, él sí da dinero, me dejó una pensión muy buena, pero eso en ocasiones le da a mi exmarido el derecho de decidir mi vida.

—Él dará dinero, pero la vida de usted es suya y de nadie más; las hijas son de ambos y el dinero seguro es para ellas, pero debe pensar en una cosa... Su exmarido ya está haciendo su vida; usted está en pleno derecho de hacerla también. Si se diera la oportunidad de que pueda conocer a alguien más, como claramente es su caso, ¿por qué siente remordimiento?

Es usted una mujer soltera, joven y hermosa, tiene toda una vida por delante; seguro que debe haber más personas que le dicen que la vida no se acaba ahí. Créame, es totalmente cierto. Un divorcio sí, bueno, es un fracaso, pero no solo de una persona, es de los dos. ¿Por qué? Por el simple hecho de que ambos se dieron por vencidos, aquí la diferencia entre uno y otro es quién lo hizo primero.

—Mi exmarido me pidió el divorcio el día de nuestro aniversario...

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