Capítulo 170: ¿Qué clase de hombre crees que soy?
Lina esperó a que Patrik terminara la llamada para preguntar sobre lo que había escuchado. Era claro que el tema tenía que ver con ella, así que quería saber en qué terminaría aquello y si estaba metida en más problemas.
—Patrik... ¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo Lina apenas vio que el hombre guardó el móvil.
—Sí, dime...
—¿La llamada que recibiste es por lo que sucedió?
—dijo obviando lo evidente.
—Es correcto. —Expresó aquel hombre con calma.
—¿Qué está pasando? ¿Necesito ir a la fiscalía?
—No, no será necesario. —dijo Patrik caminando hacia ella.
—¿Qué... ¿Qué va a suceder con aquel hombre?— preguntó Lina con un poco de nervios.
Patrik la miró, tomó asiento a un lado de ella.
—Bueno, ese hombre, muy a pesar de que estuvo a punto de hacer algo que es un delito a todas luces, al no consumar el hecho, no iba a pasar más de un arresto, una sanción económica y ya, tal vez si quisiera algunos meses en prisión y nada más.
Lina, al escuchar aquello, se sorprendió, se puso a pensar en lo dicho y recordó esos momentos llenos de angustia, el tiempo que le darían. ¿Cómo podía ser posible?
—Mi abogado me lo confirmó en la mañana, así que, teniendo aquello en mente, decidí demandarlo por lo sucedido con mi auto.
Lina volteó a verlo con un poco de sorpresa.
—¿Cómo? ¿Qué... ¿Qué le sucedió a tu auto? ¿Qué ocurrió?
Patrik miró a la joven y dijo:
—Ayer, ¿ya no recuerdas lo que sucedió?
Lina movió la cabeza en negación.
—Bu... Bueno, un golpe, tú y nada más... —dijo Lina con sinceridad.
—Bueno, pues lo que sucedió fue que estrellé mi auto de doce millones contra el auto de aquel hombre.
Lina se puso de pie al escuchar tal declaración.
—¡Mierda! ¡Doce millones! ¿Qué... ¿Qué clase de auto era? —tartamudeaba aquella mujer. —¿Cómo pudiste hacer eso?
—Hmm... Para ser exactos, era un Lamborghini Revuelto... ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver el auto?
—¿Cómo es que decidiste hacer aquello?
¡Prácticamente te... ¡Te debo doce millones!
Ochenta y dos millones no son cualquier cosa, ni volviéndome puta podría juntar esa cantidad; es más, ni vendiendo fotos de mis pies. ¡Mierda!
¡Mierda! ¡Mierda! Si lo veo con frialdad, prácticamente soy tuya... —Pensó en voz alta.
—¡Debes tener más cuidado en cómo dices lo que dices!
—¡Mierda! ¿Lo dije o lo pensé? —dijo Lina apenas reaccionando a lo dicho por Patrik.
—Lo dijiste... Sí, lo escuché, claramente lo escuché...
—Mira, yo... Yo en ningún momento creí que todo esto se saldría de control; yo no... yo no me gusta meterme en problemas, soy una simple mortal y se ve que, bueno, claramente tú y Efraín se manejan en otros rubros. Yo no tengo cómo pagarte la cantidad que dices; como dije, ni volviéndome puta lo lograría. Debo serte honesta, no era mi intención provocar tantos problermas. —dijo como si de verdad todo aquello fuera una piedra que cargaba en su espalda.
El hombre miró cómo aquella mujer daba vueltas en círculos dentro de aquella habitación. Al verla, le quedaba claro que aquella mujer estaba en pánico absoluto; aquello bien podría ser una prueba, aunque no era el plan, pero al ver la reacción de la joven mujer, le dejó claro que aquella mujer no era una casa fortunas; de ser así, ella hubiera buscado alguna manera de deslindarse del asunto y no estaría al borde del colapso como veía ahora.
—Adelina Salas, por Dios, ya deja de moverte en círculos, vas a terminar colapsando y voy a tener que llevarte al hospital.
—¿Có... ¿Cómo demonios quieres que me calme?
¿Acaso no es claro? ¡Te debo mi vida entera! ¿Sabes cuánto gano a la quincena? ¡Apenas y me alcanza para medio comer! ¿Cómo demonios voy a hacer para pagarte? ¡Demonios! ¡Mierda! ¿Por qué siempre termino metida en tantos problemas? Yo solo quiero una vida normal y mira nada más en qué putos problemas estoy metida.
Patrik, cansado de aquella cantaleta, la tomó de los hombros e hizo que lo mirara.
—A ver, ya, ¡basta! Deja de preocuparte... En ningún momento te he pedido que me pagues; no debí mencionar temas de dinero. ¿Crees que sería capaz de cobrarte? ¿Qué clase de hombre crees que soy?
—Ese es el problema, no sé qué clase de hombre eres.

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