Capítulo 173: ¿Ya no quieres a papá?
Luego de ver cómo Esteban y Renata se marchaban, esta fue con su hija a su habitación; Diana le contó con puntos y comas todo lo que habían hecho con su padre.
Marina quedó sorprendida al ver la serie de actividades que habían hecho; ella no se hubiera imaginado que Esteban les tuviera paciencia para llevarlas de paseo al cine o por un helado. Esas eran cosas que comúnmente hacía ella y no él.
—Mami...
—¿Sí, cariño? ¿Qué sucede?
—¿Puedes creer que papá ya no está con Lorena?
Aquella pregunta provocó cierta curiosidad en aquella mujer.
—¿Por qué dices eso?
—La rana me lo dijo... No sé qué sucedió, pero papá ya no está con esa mujer llamada Lorena. Es más, ahora que fui a casa de papá, ella no estaba por ningún lado.
—Cariño, seguro debió salir de viaje por trabajo, ¿no lo crees?
—No, mami, la rana me dijo que papá y ella habían peleado.
—Hmm... Todas las parejas tienen problemas. — dijo Marina lo primero que se le vino a la mente.
—¿Crees que, si papá se separa de ella, tú y él podrían regresar? —preguntó la menor sin imaginar la serie de conflictos que desencadenaría aquella pregunta.
Marina sintió una punzada en el pecho; precisamente ahora que se sentía en las nubes, venía una pregunta incómoda que le recordaba que debía hablar con sus hijas sobre su vida personal.
—Cariño, en ocasiones, el amor entre papás se acaba y simplemente no podemos forzar las cosas.
—Mami, ¿ya no quieres a papá?
Marina sintió que todo le daba vueltas. ¿Por qué su hija insistía tanto con el tema de su padre? ¿Desde cuándo aquí se portaba así?
—Cariño, mira la hora, es momento de que tomes tu leche y comas tu galleta. Mañana tenemos escuela y no quiero que vayas con ojeras de panda.
Anda, cariño, recuéstate. ¿Te parece si continuamos con la plática posteriormente?
—Está bien, mami, pero recuerda, seguramente papi te va a buscar, lo sé, lo presiento. Hoy te ves muy hermosa, mami, seguro que papi piensa lo mismo que yo. Estoy segura de que papi te va a regalar un bello ramo de flores y eso te pondrá muy feliz, ¿verdad?
Marina apretó los labios, no sonrió, no dijo sí, no dijo no. ¿Qué podía decir? ¿Cómo iba a explicarle a su hija, a la que consideraba la más madura, que su padre y ella jamás volverían a estar juntos?
Luego de arroparla, salió de aquella habitación; por alguna razón, estar en la habitación de su hija le estaba robando la tranquilidad con la que había llegado.

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