Capítulo 181: Marina, eres mía...
Efraín observaba a la mujer que dormía apaciblemente a su lado; entre más la veía, no podía negar la atracción que sentía por ella. Por un lado, se odiaba a sí mismo por haber revelado sus sentimientos hace muchos años; si se hubiera quedado callado, nada de lo que ocurrió hubiese sucedido.
Aquel hombre pensaba que posiblemente él y Marina ahora mismo estarían casados y que las hijas que ahora eran de su primo serían de él. No lo decía abiertamente, pero sabía que una de ellas era una niña problema; no se imaginaba cómo iba a ser una vez que ambas se enteraran de que ella salía con alguien más, y que ese alguien no era otro que el primo de su padre.
—¿En qué piensas? —dijo Marina al despertar y verlo perdido en sus pensamientos.
—En nada en particular. —dijo Efraín antes de aceptar sus miedos.
—Buenos días...
Marina tenía algo que la hacía ver estupendamente bien; sus ojos mostraban un brillo que antes no tenía, sus mejillas estaban sonrojadas y le daba un toque sensual a su apariencia.
—Buenos días, cariño... No sabes cuánto me gustaría despertar así todos los días contigo.
Marina sonrió; sabía que era cierto, ella también deseaba lo mismo. No sabía si era la emoción del momento, si eran los buenos momentos que le regalaba en la cama o sabrá Dios qué era, pero sí, ella compartía la misma idea.
—¿Quieres desayunar aquí o quieres ir al jardín?
—¿El mismo jardín de anoche? —preguntó Efraín con picardía.
Marina, al escuchar aquello, se sonrojó aún más de lo que ya estaba, se puso nerviosa y por inercia mordió su labio inferior. Acto seguido, Efraín se colocó sobre ella y dijo:
—No sabes cuánto loco me vuelve verte hacer eso.
Marina sonrió y decidió retarlo.
—¿Hacer qué? —preguntó fingiendo no saber a qué se refería y repitiendo la acción.

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