Entrar Via

La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 184

Capítulo 184: Era toda una cebolla.

Tras terminar aquella llamada, Efraín aún necesitaba ponerse al día con Patrik, por lo que, aun viendo la hora, decidió marcarle.

—Patrik...

—¿Cómo estás?

—Bien... —dijo Patrik, volteando a ver hacia su habitación, en la que se encontraba durmiendo Adelina. —¿Tú cómo estás? ¿Cómo te fue en tu fin de semana?

—Bien, todo bien... ¿Ya tienes el terma de Marina cerrado?

Patrik se quedó por un momento en silencio, luego recargó su espalda en el sofá y dijo:

—Sí, ya solo eran detalles mínimos, pero de eso se encargará el asesor.

—Bien, eso quiere decir que Marina prácticamente se puede mudar a su nueva casa en cualquier momento.

—Sí, si ella quiere, podría hacerlo mañana mismo.

—Bien, jme parece perfecto! Sabía que podías ayudarme con ese tema en específico.

—¿Qué tienes? Te escucho algo preocupado. — preguntó Patrik, notando algo diferente en el tono de voz. —Las cosas con Marina no salieron como esperabas.

—Al contrario, salieron mucho mejor de lo que esperaba.

—¿Entonces?

—Hace un momento hablé con Harper...

—¡Dios! ¿Qué te dijo esa mujer?

—No mucho, quería venir a verme.

—Te lo advertí muchas veces, esa mujer está loca, debes tener cuidado. Yo no estoy muy convencido de que ella sea tan amigable como dice ser.

—Hoy le dejé claro que, entre ella y yo, en realidad no hubo nada serio.

—¿Crees que lo haya entendido?

—No lo sé y no me importa.

—Pues debería importarte.

—¿Por?

—Si quieres comenzar una relación con Marina Salas, te recomiendo que cortes con varias cosas de tu pasado. Incluso me atrevería a decirte que te alejes de Soraya Navarrete.  —Soraya es mi amiga...

—¿Amiga? Hasta donde recuerdo, tú y ella también han tenido temas en común; no es solo una relación de trabajo y lo sabes bien.

—¡Maldita sea! Tú sabes muy bien que mi vida no es un ejemplo de pulcritud.

—¡Lo sé! Y aunque no converjo con ello, trato de entenderte, pero, si debo serte honesto, si tu plan es estar con la mujer de la que tanto me hablabas, una, será bueno que hables honestamente con ella y le cuentes lo que hiciste en el pasado, y dos, cierres todas aquellas puertas que tenías entreabiertas.

—Patrik, ¿sabes que tengo una larga lista de ellas?

—Si, por eso mismo, te digo que no converjo con tu manera de llevar tu vida, pero es el mejor consejo que te puedo dar.

—Bueno, bueno, ya pensaré en algo; por cierto, ¿cómo te fue con Lina?

—¿Cómo? ¿A qué te refieres? —preguntó Patrik, fingiendo no saber a qué se refería.

—¡Vamos! Conozco muy bien a Lina y sé de qué pie cojea. ¿La llevaste a comer?

—¿Por qué haría eso?

—Pensé que la chica te lo había pedido, simple curiosidad.

Tomando en consideración la situación, estaba contemplando viable comprar un apartamento aún más grande, pues este resultaba demasiado pequeño para dos personas que eran como el agua y el aceite.

—¿Aún no vas a dormir? —Patrik escuchó una suave voz detrás de él que lo hizo saltar.

—¡Dios, Adelina! ¿Acaso no estabas dormida? — preguntó el hombre mirando a la joven detrás de él.

—Estaba dormida, pero escuché tu voz y me desperté.

—¡Oh! Lo lamento, no era mi intención.

—No, no te preocupes, esta es tu casa; yo de verdad no quiero que te tomes tantas molestias y estuve pensando las cosas; creo que podemos compartir tu enorme cama. Al final, tú no has hecho otra cosa más que ayudarme y, de verdad, créeme, aunque no lo parezca, te lo agradezco. —dijo Adelina con sinceridad.

Patrik podría rechazar la oferta, pero, en definitiva, dormir dos o tres horas en un sofá donde le colgaban los pies no era una opción.

—Acepto tu propuesta, solo porque lo has pedido bien y bonito. —dijo Patrik en un tono algo suave, pero irónico.

Adelina se lo quedó viendo algo adormilada y desconcertada. Esto era, en definitiva, algo nuevo en aquel hombre frío y serio que había conocido hacía pocos días.

—Bien, pues creo que es hora de ir a dormir; en dos horas debo comenzar mi día y de verdad estoy muerto. —dijo Patrik cerrando su computadora.

El hombre, sin pensarlo dos veces y tomándola por sorpresa, la cargó y se dispuso a subirla de ese modo a la habitación.

—¿Qué... ¿Qué estás haciendo?

—Llevándote a la habitación... Digo, a menos que ya estuvieras de pie para comenzar tu día.

—¡Eh! No, no, pero yo puedo caminar, pude bajar sola las escaleras, así que, como verás, yo pnedo hacer muchas cosas sola.

—Sí, pero con tu suerte y descalza, capaz de que rompes un dedo, el pie o algo por el estilo, así que, si puedo prevenir algún posible accidente, mejor lo hago.

Adelina se sonrojó; este hombre en definitiva era un cofre de sorpresas, pues hasta hace un día se mostraba serio y callado; ahora mismo hacía uso del sarcasmo y se mostraba más parlanchín. En definitiva, ese tal Patrik Stuart era toda una cebolla.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)