Capítulo 185: No era la única aparentando ser fuerte.
Tan pronto como Patrik llegó a la habitación, colocó con cuidado a Lina en la cama. Tras aquello, el hombre se metió al tocador; de ahí Adelina solo escuchó cómo comenzaba a caer agua de la regadera. No necesitaba ser experta para darse cuenta de lo que sucedía, por lo que, simplemente tomando un lado de la cama al azar, se metió y se dispuso a dormir.
Para cuando Patrik salió del tocador, Adelina ya estaba completamente dormida. El hombre entró al vestidor, se puso su pijama y salió dispuesto a caer rendido en su lado favorito de la cama, topándose con que ahí ya estaba ocupado.
Patrik solo puso los ojos en blanco y no dijo más; resignado, tomó el lugar libre y se perdió en los brazos de Morfeo.
Las dos horas que este hombre dormía pasaron en un abrir y cerrar de ojos; para cuando sonó la primera alarma, curiosamente no tuvo deseos de levantarse, se sentía calientito y cómodamente sujeto, algo que hacía mucho tiempo no sentía, por lo que tomó su alarma y la apagó.
Cuando sonó su siguiente alarma, a regañadientes se despertó, miró su reloj y se percató de que ya eran las tres de la mañana; aquello lo hizo abrir los ojos rápidamente; al hacerlo, notó algo muy singular: su pecho estaba rodeado por un delgado brazo ya conocido.
Patrik tomó aquel brazo con cuidado y lo colocó sobre una almohada, provocando que Lina se estirara como gato y luego se volviera a enroscar en su lado de la cama; aquella acción, en definitiva, le recordó a la minina de Efraín.
Ya sin ponerle más atención a aquella curiosa acción, Patrik se fue al vestidor, saliendo con ropa deportiva y bajando las escaleras para revisar cómo habían abierto los mercados; luego de ello, puso café y se fue al gimnasio.
Adelina comenzó a sentir un poco de frío; se dio cuenta de que algo le faltaba, lo cual la llevó a despertarse. Al principio se llevó un susto de muerte, pues no reconocía el lugar; antes de entrar en pánico, se obligó a calmarse, lo que la llevó a recordar todo lo que estaba viviendo.
Tras hacer aquello, recorrió la habitación con la mirada y se percató de que su actual compañero de cama ya no estaba. Tomó su móvil y lo miró; ahí se dio cuenta de que eran las cuatro de la mañana.
Este hombre sí que madrugaba, pensó. Luego de ello, se dio cuenta de que todo el apartamento ya se encontraba impregnado con un delicioso aroma a café, lo cual indicaba que este hombre debía llevar tiempo despierto.
Lina no quiso parecer una floja, aunque sí lo era; estaba en casa ajena y no quería dar una mala impresión, así que a regañadientes se obligó a levantarse también. Tras aquello, se dirigió al tocador, se quitó el pijama y se metió a la regadera para darse un baño que la ayudara a despertar.
En su cabeza giraba la idea de que no quería seguir causando molestias; si este hombre le estaba dando asilo, ella mínimo bajaría a buscar qué tenía para cocinar el desayuno.
Patrik, por su lado, luego de una hora regresó del gimnasio. El hombre venía perdido en sus pensamientos, así que no notó nada extraño.
Rápidamente subió a su habitación con los auriculares puestos; no miró a ningún lado, solo se fue directo al tocador; al hacerlo, se topó con una escena que no esperaba ni en sus mejores sueños.
—¡Mierda! —dijo Patrik, volteándose rápidamente al escuchar el grito de Adelina.
Adelina, al verlo entrar, había pegado tremendo grito de la impresión, todo ello mientras trataba inútilmente de cubrirse lo mejor que podía, lo cual era imposible. ¿Cómo podría?
—¡Dios! ¡Dios! ¡Sal de aquí! —dijo Adelina totalmente avergonzada.
—¡Perdón! ¡Perdón! Yo... —dijo Patrik avergonzado y saliendo rápidamente del bañо.
—¡Que salgas de aquí! —ordenó Adelina tratando de cubrir las partes más evidentes.
El hombre solo salió de aquel lugar y bajó inmediatamente las escaleras; se maldecía por dentro mil y un veces el no haber aceptado esa maldita comida, pues de haberlo hecho, no estaría metido en todo este maldito embrollo.
Adelina, por su parte, rápidamente enjugó el jabón de su cuerpo y salió de ahí, totalmente avergonzada. Ella acababa de pasar por un lamentable momento con aquel taxista que, el solo hecho de que en este momento sucediera aquello, solo provocó cierta incomodidad de su parte.
Al salir del tocador, se envolvió con una toalla y se fue directo al vestidor, se puso ropa holgada y se volvió a meter a la cama. Extrañamente, no podía quitarse ese maldito dolor del pecho; era como una terrible sensación de incomodidad, era un dolor como si ella hubiera hecho algo malo, era una sensación que odiaba tener que afrontar.
Poco tiempo pasó cuando ella comenzó a llorar; ella odiaba sentirse así, odiaba sentirse vulnerable, odiaba sentirse expuesta, observada. Adelina se considera una mujer fuerte, guerrera, luchadora, no este remiendo de miedos. ¿Cómo era que pudo haberle sucedido aquello? ¿Cómo? ¿Cómo se quitaba esa terrible sensación de nudo en la garganta?
Tras ver que aquella mujer no pensaba bajar de la habitación, Patrik decidió subir. Se armó de valor y mucha paciencia, pues sabía que de acosadoro de algo impropio no lo bajaría; sin embargo, grande fue su sorpresa al llegar a la recámara al escuchar sollozos provenir de la cama.
—¿Adelina? —dijo Patrik acercándose lentamente a la cama.
Adelina, al escuchar su voz, cubrió su boca con una mano y luego, con la otra, limpió sus lágrimas.
—¿Adelina? —dijo Patrik aclarándose la voz.

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