Capítulo 187: Ir juntos a dejar a las niñas.
Marina tuvo problemas para despertar; cuando lo hizo, ya era hora de ir a dejar a Diana, quien ya estaba lista y desayunando.
—Ofelia, ¿por qué no me despertaste? —preguntó Marina apresurada y nerviosa.
Ofelia la miró sorprendida; ella no había tenido oportunidad de verla un día antes; la imagen que tenía ante sus ojos era totalmente nueva. En definitiva, la mujer concordaba con Diana y compañía en que lucía bellísima.
—Señora, buenos días... Hoy luce encantadora.
Marina sonrió y se tocó el rostro.
—¡Claro que sí, señora! Luce maravillosamente bien.
Tras aquellas palabras, la mujer tomó una taza de café y caminó hacia fuera de la cocina. Aquello Ilamó la atención de Marina, puesto que se preguntaba: "¿Para quién era ese café?" Al no poderle preguntar al instante, la siguió, ya que hasta donde sabía no tenía visitas, ¿o sí? Al imaginar quién podría estar en la sala, se imaginó que se trataba de Efraín; bien podría quererle dar una sorpresa. No obstante, grande fue su sorpresa al ver al hombre que se encontraba ahí, recibiendo amablemente la taza de café.
—Esteban?
El hombre, al escuchar su nombre, posó sus ojos en la mujer que iba saliendo y no pudo evitar quedar maravillado con la presencia de esta.
—Ofelia, ¿verdad que Marina luce preciosa?
Ofelia no sabía cómo reaccionar a ese comentario; ella estaba al tanto de que la señora de la casa ya estaba viéndose con alguien más, entonces, ¿qué buscaba este hombre?
—Sí, señor... yo misma se lo dije hace un momento.
—Respondió algo apenada.
Marina miró la situación y quedó sorprendida por la presencia de este hombre; miró por todos lados y no encontró a su hija Renata.
—¿Dónde está Renata?
—¡Oh! Ella está en su habitación, vino a buscar algo que necesitaba para el colegio y, aprovechando que estamos aquí, me quedé pensando en que podíamos ir juntos a dejar a las niñas.
Aquella simple y sencilla declaración la llenó de cierta incomodidad; ella ya no quería tener roces con Lorena, ya no estaba interesada en lo que este hombre hiciera o dejara de hacer. ¿Por qué hacía lo que hacía? ¿Acaso Lorena no lo cuestionaba? Y si lo hacía, ¿acaso no le importaba?
—Esteban, no me lo tomes a mal, pero no quiero tener problemas con tu pareja.
Esteban entendió perfectamente bien lo que sucedía, así que rápidamente no dudó en responder.
—Marina... Lorena ya no está conmigo.
Aquella declaración le provocó una punzada en el estómago; ella no sabía si era porque una parte de su corazón aún albergaba sentimientos con quien estuvo casada o por el hecho de que se daba cuenta de que algo se traía entre manos este hombre.
Marina pensó en lo que acababa de suceder entre ella y Efraín y supo que debía pintar su raya con Esteban antes de que se hiciera una idea equivocada, pues ya una vez le había visto la cara y ahora no vendría a querer hacer lo mismo. Ahora entendía por qué el cambio en su trato, el cambio en su forma de mirarla y las actitudes que tomaba con ella.
—Esteban, no sé qué decirte, la verdad es que...
—No tienes nada que decirme, es un tema que tengo desde hace días y no; tú no tienes nada que decirme. Solo pensar en las niñas, podemos llevar una relación cordial; es lo mejor para ellas.
Marina puso especial atención a todas y cada una de las palabras que decía Esteban; ella no podía creer aquel cambio de actitud y sobre todo lo que dijo sobre "lo mejor para ellas".
—¿Qué es lo mejor para ellas?

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