Capítulo 195: ¿Por qué me retas?
—Actualmente —— Florencia despertó y se vio sola en aquel camastro; no había rastro de Dante. Por un momento se vio tentada a levantarse del lugar y huir; ella bien podía hacerlo, pero su parte racional la hizo volver a la realidad.
¿Qué tan lejos podría llegar en una isla? Para llegar a ese lugar, ellos habían tenido que tomar un helicóptero; si huía, con el dinero y poder de Dante, la encontraría en cuestión de horas.
Florencia, resignada, tomó su pequeño y elegante bolso y comenzó a caminar hacia la habitación.
Cuando estaba por llegar a la entrada del hotel, un atractivo hombre se le acercó y le preguntó la hora.
—Disculpe, disculpe, ¿puede darme la hora? —dijo en griego.
—Lo, lo siento, yo no hablo su...
—¿Americana? —preguntó nuevamente el hombre con un acento algo extraño.
—No, no... Mexicana... —dijo Florencia con la misma seguridad de hace muchísimos años.
—¡Oh! Yo hablo español... ¿Puede darme la hora?
Florencia sonrió, pues pensó que debía haberse visto muy tonta ante su primera respuesta.
—¡Oh, disculpe! Sí, mire, son las 5:15 pm.
—¡Muchas gracias!
—De nada... —respondió tímidamente.
—Se ve muy bonita cuando sonríe. —dijo el hombre con amabilidad. —Debería hacerlo más seguido.
—Gra... Gracias.
—¡FLORENCIA! —se escuchó el grito de Dante proviniendo del lobby.
Florencia, al escuchar aquello, se puso nerviosa y no supo qué hacer.
—¡Mujer! ¿Dónde carajos te habías metido? Te fui a buscar fuera, ¿por qué no te quedaste donde estabas? —dijo el hombre sin importarle con quién estaba su mujer.
—Yo... Yo... —dijo Florencia, temiendo por su seguridad.
—¿Quién es este hombre? —dijo el hombre en un evidente arranque de celos.
—No, no, no lo conozco, so... solo me pregunto la hora.
—¿Quién carajos te crees para acercarte a mi mujer? —cuestionó Dante molesto.
—Perdone, señor, no sabía que era de su propiedad, solo le pregunté la hora. —dijo aquel atractivo griego de manera irónica.
—Pues pregúntasela a alguien más, deja a mi esposa en paz. —dijo el hombre casi al borde de perder el control.
Acto seguido, el hombre que había abordado a la pobre Florencia se retiró y solo vio cómo Dante la tomaba del brazo y se la llevaba casi a rastras hacia el elevador. Luego de ver cómo se cerraban las puertas, el hombre inmediatamente marcó el número de Efraín.
—Efraín...
—Ya mordió el anzuelo, es cuestión de tiempo. El hombre hará lo que sabe hacer mejor...
—Debes estar atento a su reacción.
—No te preocupes, a la primera reacción lo detendremos; coloque cámaras en su habitación.
—Bien, tú debes ser cauteloso con lo que viene después.
—No te preocupes, estaré ahí para lo que sigue.
—Muy bien, seguro que debe estar que explota; a mí me acaba de colgar el teléfono y me gritó una variedad de insultos que, Dios, me hizo recordar las épocas en las que era un chamaco, pero en fin, él está allá y yo aquí; si quiere regresar y quitarme, primero deberá solucionar el caos que está por desencadenar.
——¿Te pregunto la hora? Y tú, ¿cómo carajos sabes que te pregunto la hora? ¿Ahora ya hablas griego?
—No, no... Por favor, Dan... Dante, me lastimas... — dijo Florencia tratando de zafarse de su agarre.
—¡Eres una puta que solo se anda ofreciendo a los desconocidos! ¿Verdad? ¡Maldita sea! Yo esforzándome por traerte a conocer el mundo y tú lo único que sabes es sacar lo puta que eres.
Florencia se quedó muda; no podía creer que lo que tanto temía había comenzado a suceder mucho antes de que ella pudiera darse cuenta.
—Po... Por favor, so... solo cálmate... Po... Por favor, no me pegues... —Suplica aterrada.
Dante estaba hecho una furia; la llamada que le había hecho Jonas Brook con el tema de Jimena y Lorena no le había dejado nada tranquilo. Ahora, le sumaba a lo que Román Forcelledo le había dicho.
En definitiva, no estaba del mejor humor para ver cómo su mujer le sonreía a aquel idiota griego.
—¡Eres una puta! Siempre lo fuiste, pero con esa pinche cara de mosca muerta que te cargas, te conquistas a los hombres, ¿verdad? —dijo Dante empujándola a caminar más rápido y haciendo que entraran a su habitación.
Florencia trató de poner resistencia, pero no podía.
Ese hombre estaba perdiendo el control y no había fuerza que lo pudiera controlar o, al menos, su fuerza no sería suficiente.
—He sido muy bueno contigo, ¿Por qué me retas?
¿Por qué me llevas al límite, maldita perra? —¡Tú eres de mi propiedad! —dijo lanzándole una bofetada y tirándola al suelo del impacto.
Florencia solo pudo sentir el calor en su mejilla, el golpe seco al caer en el piso; el sabor a metal de la sangre la invadió. Esta, como todas las veces, no sabía qué había hecho para hacerlo perder la cabeza de ese modo.
Dante miró a la mujer que estaba tirada en el suelo; él ya había tenido suficiente ese día, sabía que no podía más. Eso de fingir ser buena persona no era algo que fácilmente pudiera controlar, así que se preparó para desquitarse con Florencia de todo lo que su insolente sobrino acababa de hacerle.
Florencia se preparó para lo peor cuando.
—Señor, abra la puerta... —Se escuchó tras dos golpes detrás de la puerta.

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