Capítulo 197: Es lo mejor por nuestras niñas...
Mientras la vida en Grecia se le complica a Dante Montemayor, en México, Marina, por más que intenta conciliar el sueño, no puede; en definitiva, ha llegado a la conclusión de que esta no es una buena noche.
Su cabeza no puede sacar lo dicho, Esteban:
—"Debemos hacerlo por las niñas".
Marina simplemente no puede creer el descaro con el que dejó salir esa frase. Hace tan solo siete meses, el hombre simplemente destruyó su matrimonio porque, según él, no era feliz y no la amaba; ahora venía a salir con el descaro de decirle que veía sufrir a las niñas y que las necesitaban juntos.
¿Cómo demonios le cabía en la cabeza que decir aquello mejoraría las cosas? ¿Cómo demonios podía pensar que diciéndole que ya había terminado con Lorena la pondría feliz? No cabía duda de que Esteban era alguien que solo pensaba en sí mismo; no le importaba lo que los demás sintieran.
Marina se sentía molesta con él e incómoda por toda la situación; ella estaba comenzando una relación con Efraín, por lo que Esteban no podía venir y decir:
—"Ya terminé lo que tenía con Lorena".
¿Qué esperaba? ¿Qué demonios esperaba este hombre? Tal vez pensaba que Marina se le abalanzaría a sus brazos y le perdonaría todo. La verdad era que ella ya no estaba interesada en aquel hombre; si lo miraba bien, ese hombre no tenía nada bueno y mucho menos interesante. No supo ni en qué momento el bello rostro que por años la cautivó ahora le daba náuseas.
Trata de ya no pensar en lo sucedido ese día, trata de calmarse, trata de borrar los terribles pensamientos, pues no quiere mostrarse molesta delante de su hija, no quiere que ella la vea así, pues, ante todo, debe recordar que ya no solo es ella; ahora también están sus hijas, las cuales no la están pasando nada bien.
La vida había sido dura; ningún niño debería ver cómo los padres dividen a los hijos. Los niños no habían pedido venir al mundo y, mucho menos, habían pedido que los padres cometieran estupideces de las que no se hacían responsables, pensó Marina molesta.
Marina debía reconocer algo: aunque toda su vida había sido la hija olvidada, ella debía reconocer que sus padres habían hecho todo lo posible por darle un buen hogar. Sus padres siempre se mostraban unidos, jamás observó problemas de esta índole, lo cual le generaba cierta culpa.
Luego de dar muchas vueltas en su cama, estaba por quedarse dormida cuando su móvil se iluminó y comenzó a sonar; ella lo levantó y vio que se trataba de una llamada de Efraín.
—Efraín...
—¡Hola, cariño! —dijo Efraín al escuchar que ella pronunciaba su nombre.
—Hola... —dijo Marina un tanto inquieta y a la vez distante.
—¿Qué sucede? ¿Cómo estuvo tu día? —preguntó el hombre, queriendo ver cómo iba todo en la vida de aquella mujer.
—Tranquilo, estaba por quedarme dormida y ¿tú?
¿Cómo estás?
—Bien, terminando de revisar unos pendientes, ya estoy en el apartamento, pero, aun así, me tocó revisar algunos datos desde aquí.
—¡Oh! Tuviste un largo día, ¿verdad?
—Un poco, tuve una mañana interesante. —dijo Efraín queriendo tocar un tema algo escabroso con Marina. —¿Cómo estuvo tu mañiana?
—Hmm...Un tanto complicada, pero todo bien... — dijo Marina evadiendo el asunto de Esteban.
Marina sabía que el tema de Esteban era algo escabroso y no quería hablarlo por teléfono; es más, no veía el caso de hablarlo con Efraín. Ella estaba consciente de su decisión, así que lo que hiciera y dijera Esteban no iba a afectarle o no debería afectarle.
—Me da mucho gusto escucharte, cariño, no sabes qué ganas tengo de tenerte aquí, a mi lado. —dijo Efraín tratando de abstenerse de emitir algún comentario sobre lo que Esteban le había dicho.
Porque sí, Esteban no había desaprovechado la oportunidad para dejar claro que pretendía recuperar a Marina.
—Efraín, hemos quedado en que buscaremos el mejor momento.
—¿Qué dirías si en este momento subo a mi auto y voya verte?
—Digo que ya es más de medianoche y que debes descansar; dices que has tenido un día entretenido, deberías descansar.
—¡Mujer! ¡Me matas!
—¿Por?
—Me gustaría que dijeras: —¡Sí, ven y hazme tuya!
—dijo Efraín con descaro.
Aquella declaración hizo que las mejillas de Marina se tiñeran de rosa. Este hombre era así, descarado y libre de decir lo que se le venía en gana y como se le venía en gana.
—Efraín... Nos vamos a ver el viernes; me tendrás para ti solito todo el fin de semana.
—¿De verdad te tendré completita? —dijo Efraín de un modo que Marina no supo cómo responder.
—Sí, ¿por qué me preguntas eso?
—Por nada, cariño, mira, creo que ya no quiero desvelarte, voy a dormir... —dijo Efraín despidiéndose.
—Descansa, sueña bonito... —dijo Marina sin sospechar la serie de demonios que Efraín tenía en su cabeza.
Tras una larga despedida, Efraín finalmente terminó la llamada; al hacerlo, no pudo evitar lanzar el vaso de whisky contra la pared. Él se consideraba un hombre racional, se consideraba un hombre inteligente y de carácter fuerte; no sabía por qué demonios lo que Esteban le había dicho se le había clavado tanto en la mente.
——— Horas antes ——— —¿Me llamaste? —preguntó Esteban al momento de entrar a la oficina de Efraín.
—¡Eh! Sí, sí te llamé...

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