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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 198

Capítulo 198: ¿Qué rayos sucede aquí?

Tan pronto como los primeros rayos de sol se cuelan por la ventana de Marina, esta se levanta. Le duele la cabeza; no había tenido una buena noche hasta que Efraín le llamó y, queriendo o no, con sus comentarios subidos de tono, de repente hacía que sus problemas desaparecieran, al menos por unos instantes.

Marina se alista para llevar al colegio a Diana y prepararle desayuno a Renata y dárselo, pues en la mente de aquella mujer está que seguro Esteban, al no tener a Lorena, él seguro no debe ser muy diestro con la cocina, puesto que jamás ha tocado un utensilio de ahí.

Al bajar a la cocina, Marian se topa con su Diana; ella ya está desayunando y platicando animadamente. Ofelia le lanza una mirada cómplice, lo cual hace que Marina observe mejor a su nena.

Una vez que pone mejor atención, la observa y se da cuenta de que se ha hecho una coleta y se ha puesto un listón rosa en la parte alta de esta.

—¡Hola, mi cielo! —dice Marina, saludando cariñosamente a su hija.

—¡Hola, mami!

Cuando la niña levanta la vista, se da cuenta de que la niña se ha puesto brillo de labios; no es nada exagerado, pero sí notorio; sus ojitos se han iluminado con un poco de brillitos mágicos.

—¿Hoy hay un evento especial en el colegio? —

preguntó Marina, tratando sutilmente de indagar qué sucede con su niña.

—¿Por? —preguntó Diana al no entender nada.

—¡Hoy luces preciosa!

Acto seguido, la niña acaricia los cabellos sujetos en su coleta alta y se apena un poсо.

—¡Mami! ¿Se nota? ¿Me veo diferente?

—¡Claro que sí, cariño! Se nota mucho. ¡Luces encantadoramente!

En el rostro de la menor se dibuja una bella sonrisa; aquel cumplido de su madre era lo único que la niña necesitaba para levantar el pecho y sentirse como un bello pavorreal.

—¿Entonces, cariño? ¿Qué sucede?

—Nada, mami, solo quería verme diferente... —dice la niña sin decir cuál era la verdadera intención de ese cambio.

Marina hace mucho tuvo la misma edad de su hija y no puede evitar recordar que ese tipo de cosas las llegó a hacer para verse más mayor y que Esteban volteara a verla; por un momento sintió un fuerte dolor en el pecho, pues recordar el pasado solo le provocaba dolor.

Ella era una niña inocente que se la vivía pensando que cuando por fin se casara con Esteban, tal como en los cuentos de niños, ella viviría feliz por el resto de su vida.

Al volver a su realidad, se calma y trata de no presionar más con ese tema; confía en que su hija le platicará cuando considere conveniente. Ella muchas veces hubiera querido hacer eso con su madre, pero, para su desfortuna, su madre siempre había estado muy ocupada con su hermana Paulina.

Tras organizar todo, toman un taxi de aplicación y llegan al colegio; ya estando ahí, ella se despide de su preciosa hija y se queda esperando la llegada de Renata.

Cuando lo hace, nota muchas diferencias entre su Diana y ella, pues, a diferencia de su Diana, Renata lleva el cabello suelto, apenas peinado; su uniforme no se ve tan desarrugado como el de Diana.

Le duele un poco ver cómo Renata no luce tan impecable como Diana; espera que de ella misma nazca la idea de un día regresar a casa; por el momento solo se consuela con entregarle una lonchera con el desayuno caliente del día de hoy.

Inevitablemente, al ver a Renata, Marina se topa con Esteban, quien la saluda cordialmente y no hace mención de nada de lo ocurrido ayer. Ella solo lo saluda amablemente porque está delante de su hija, pero de ser por ella, no le dirigiría ni la palabra.

—¡Hola, mi niña! —dice Marina amablemente.

—Hola, madre... —dice Renata observándola con algo de recelo.

—Ten cariño, Ofelia, te mando algo para que desayunes; espero que te guste.

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