Capítulo 199: ¿De verdad estás segura?
Lejos de aquel drama infantil, Efraín se había levantado y le había mandado un mensaje a Marina para que se vieran después de que esta dejase a sus niñas en el colegio. Razón por la que, tan pronto como Marina vio que Renata entró al colegio, pidió un taxi que iba pasando y se fue, no permitiéndole a Esteban acercarse a ella por la rapidez con la que se marchó.
Marina llega al punto donde Efraín ya la esperaba con un café y un postre como desayuno.
—¡Hmm! ¡Huele delicioso! ¿Tú lo cocinaste?
preguntó Marina viendo lo que había dentro de la bolsa.
—No, cariño. Me hubiera encantado, pero ayer estuve ocupado en la noche, ¿recuerdas que te lo dije?
—¡Oh, sí! De veras, perdón, es que estoy un poco distraída.
Efraín no pudo evitar imaginarse qué era lo que la tenía así, por lo que trató de controlar lo que su mente comenzaba a revolotear.
—¿A dónde vamos a ir?
—Es una sorpresa, tú solo relájate y verás... —dijo Efraín tomando camino al que sería el nuevo hogar de Marina.
Estaba claro que Esteban seguiría insistiendo, por lo que Efraín sabía que mientras ella continuara viviendo en esa casa, Esteban podría entrar como perro por su casa.
En cuestión de algunos minutos, llegaron a la que Marina reconoció; era la casa que estaba en trámite.
Efraín descendió del auto y fue a abrirle para ayudarla a bajar.
—¿Qué hacemos aquí, Efrain? Aún no la hermos comprado.
—¡Anda! Solo venimos a verla...
—¿Cómo es que tienes llaves?
—Me las prestó el vendedor... —soltó Efraín como si de nada se tratase.
—Efraín, ¿Cómo le hiciste?
—Tuve que ofrecer mis servicios sexuales para convencerlo.
—¡Efraín! —dijo Marina, sorprendida ante sus palabras.
—¡No, cariño! Tú confía, ven, vamos dentro. En un momento te explico todo, ¿ok?
Marina dudó un poco; ella sabía que la casa estaba en trámite.
—Está bien, pero debe haber una buena explicación, ¿verdad?
—¡Claro! —dijo Efráin tomándola de la mano y abriendo la puerta de la calle para acceder al jardín frontal.
Una vez que cruzaron este jardin, Efraín, sin previo aviso, la cargó y, como pudo, abrió la puerta principal de la casa.
—¡Bienvenida a su nueva morada! —dijo Efraín bajándola.
Marina miró la casa y quedó sorprendida; esta sí era una casa como la que ella había soñado en su infancia. Era pequeña, pero bien ubicada; no había grandes salones de recibimiento, pero los detalles eran los que importaban.
—Si no paramos, creo que esto se puede subir de tono, cariño... —dijo Efraín, soltando a regañadientes los carnosos labios de esa bella mujer.
—¿Y?—¿Que no acaso es usted el jefe y puede llegar a su oficina a la hora que le plazca? —dijo Marina descaradamente.
—¡Marina! ¿De verdad estás segura?
Ella no respondió la pregunta, solo se dejó llevar por lo que sentía en ese momento y posó sus labios sobre los de Efraín, al tiempo que sus manos comenzaron a desamarrar el nudo de la corbata y desabrochar los botones de la camisa de aquel hombre.
Efrapin no necesitaba que le dijeran dos veces lo que esta mujer pedía; aquella casa no tiene ningún mueble, por lo que simplemente le arranca lo que lleva puesto y le dice:
—¡Cariño! Yo te lo advertí... Me voy a meter en ti tan profundo que me vas a recordar hasta el viernes...
Marina mordió su labio al pensar en lo que acababa de decir aquel descarado y fogoso hombre. Ella en su vida había experimentado este tipo de situaciones. Esteban jamás le había dicho cosas como esa; la intimidad se reducía a noches en las que él la tomaba, se saciaba y punto.
Ahora que lo veía bien, ella nunca había llegado a un orgasmo; ella no había vivido esa deliciosa y reconfortante sensación de placer. Incluso cuando su descarada hermana le decía que el sexo le devolvía la vitalidad, ella no entendía a qué se refería. Ella sabía que era sexo y todo eso, pero, para Marina, la intimidad con su marido era como una tarea más; tal como cocinar, cuidar o llevar la casa, el sexo era una tarea más del matrimonio y nada más.
Con Efraín estaba descubriendo que no, el sexo eran sensaciones que la llevabana gritar, a sentirse incluso mareada, agotada; aquel dolorcito en el cuerpo después de una alocada noche llena de intimidad lo disfrutaba.
Los momentos íntimos al lado de Efraín solo le mostraban lo patética que había sido su vida sexual con Esteban.
Marina solo podía retorcerse entre los brazos de Efraín al sentir cómo él tomaba su zona íntima y la saboreaba. Aquella mujer bien podría llamarse virgen en los temas sexuales; ella estaba conociendo todo lo que la intimidad podía regalarle al lado de la persona correcta, sí, la persona que la deseaba, la persona que de verdad albergaba verdaderos sentimientos hacia ella.
—jAhhh...! —solo pudo pronunciar Marina al sentir cómo se corría en la cara de aquel fascinado hombre.
—¡Eso es, cariño! ¡Quiero que disfrutes! Adoro ver cómo lo haces, cariño... —dijo Efraín al ver el resultado de un pequeño estímulo en la zona correcta.

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